Pocas personas entendieron la reacción de la guerrilla cuando se supo que un avión estadounidense, con tripulación de ese país, se había estrellado contra un cerro en la frontera entre Nariño y Putumayo. A través de un lacónico comunicado los subversivos se limitaron a decir que esa era la clase de suerte que le esperaba a Estados Unidos si decidía llevar a cabo una invasión en Colombia. No hubo reacciones airadas. Cuando todo el mundo esperaba que a raíz del hecho los guerrilleros suspendieran inmediatamente los acercamientos de paz con el gobierno, o protestaran públicamente por la presencia militar norteamericana en territorio colombiano, no pasó nada. Para muchos observadores este es un hecho muy diciente. Porque es evidente que de todas las cosas que han pasado desde que se inició el proceso de paz ningún otro episodio le ha dado a la guerrilla más 'papaya' para abortar el proceso que éste. Y si las Farc no reaccionaron puede ser por tres motivos: o Marulanda y sus compañeros están tan felices con la zona de distensión que les pareció un riesgo armar un escándalo y exponerse a perderla, o piensan guardarse el incidente del avión como una carta para jugar más adelante en el proceso de negociación, o están dando muestras de su voluntad de paz. Pero más allá de las consecuencias políticas del episodio, lo cierto es que la caída del avión tiene implicaciones militares no despreciables. Porque no se trataba, como se ha insinuado hasta ahora, de un aparato dedicado a 'chuzar' las comunicaciones guerrilleras. Para eso existen métodos basados en tierra que manejan el Comando Sur y las demás agencias de inteligencia norteamericanas. Y hay otros aviones que cumplen esa labor, además de las capacidades satelitales. El Ejército, también, sigue recibiendo información a pesar del desafortunado accidente aéreo. La verdad es que ese avión tenía otras capacidades. Era un RC-7B Canada _una adaptación militar muy sofisticada de una nave civil para pasajeros_ construido por la firma De Havilland, de los cuales sólo exis-tían seis en el mundo (aunque el ejército norteamericano ya hizo un pedido de nueve más). Además de tener los más sofisticados sistemas de detección electrónica infrarroja, de detección por calor, comunicación satelital y sensores de movimiento, hay dos factores que lo hacen especialmente útil en un terreno como el colombiano. Primero, pasa totalmente inadvertido debido a que parece un avión de pasajeros corriente. Y segundo, tiene una gran versatilidad para aterrizar y despegar en pistas pequeñas y en mal estado. El RC-7B es una máquina formidable para la detección del enemigo en una situación de guerra. Incluso es capaz de transmitirle a las tropas en tierra, en tiempo real, una señal de grabación de ocho milímetros de los movimientos del enemigo. De tal manera que el comandante en tierra puede ver lo que están haciendo sus adversarios, aun en la oscuridad o cubiertos por la más espesa neblina. En otras palabras, esta aeronave hace el papel de ojos y oídos en la guerra aérea. Y a su colaboración se atribuye buena parte de la exitosa reacción de las Fuerzas Militares de Colombia a los ataques guerrilleros de las últimas semanas.La pregunta ahora es qué sucederá con la lucha antiguerrillera sin el famoso RC-7B Canada. La respuesta muy probablemente sea que muy poco. Si bien era el único avión de ese tipo que pertenecía al centro de inteligencia de El Paso no es el único al que tiene acceso el Comando Sur. Con toda seguridad será reemplazado por otro, que continuará prestando sus servicios de manera formal en la lucha antinarcóticos, concepto en el que, cada vez más y por extensión, se puede incluir la lucha contra las organizaciones guerrilleras. nEl ojo de los cielosA. Debajo de la ventana dice USARMY B. Torreta de cámara infrarroja delantera C. Sistema DIS, sensor de imágenes diurnas en movimientoD. Antena RWR para comunicación satelitalE. Sistema MTI, radar para visión nocturna F. Sistema de cámara multiespectral