Hace 30 años SEMANA dedicó su portada al que era, hasta ese momento, el accidente más trágico en la historia de la aviación colombiana. En la madrugada del 27 de noviembre de 1983, los pasajeros y la tripulación del vuelo 011 de Avianca se preparaban para aterrizar en Madrid después de un corto y tranquilo viaje de hora y media que empezó en París. Era la una de la mañana y el Boeing 747 de Avianca se aproximaba al aeropuerto de Barajas en medio de una noche clara de luna llena. Súbitamente una de las alas del avión tocó el suelo, los pilotos perdieron el control y la aeronave se estrelló boca arriba, a pocos minutos de la pista, en la localidad de Mejorada del Campo. Murieron 181 personas, entre ellas varios intelectuales, como la crítica de arte Marta Traba y el escritor Ángel Rama, y milagrosamente sobrevivieron 11 pasajeros. El siniestro se atribuyó a una falla humana por exceso de confianza y porque supuestamente el primer oficial era disléxico y confundió la altura de aproximación de 3.282 pies, con la de 2.382.