Hace 50 años, un joven llamado Arturo Calle invirtió lo que había ahorrado mientras trabajaba en una fábrica de medias en Medellín, para abrir su propio almacén de ropa: un local de 8 metros cuadrados en San Victorino en Bogotá. Ese día sembró la semilla de lo que con los años sería la firma bandera de la industria colombiana de la confección. Calle, hoy de 77 años, es un ejemplo de seriedad, transparencia y audacia para el empresariado.