En la Semana Santa de 1983 Colombia se vistió de luto. El 31 de marzo, un terremoto de 5,6 grados en la escala de Richter sacudió a Popayán y dejó 283 muertos, 1.500 de heridos y 2.500 viviendas destruidas. En escasos 18 segundos, una de las reliquias coloniales de América quedó reducida a escombros. El 5 de abril de ese año, SEMANA le dedicó a esta tragedia un informe titulado ‘Y no quedó piedra sobre piedra’. En este, un enviado especial de la revista daba fe de la situación: pese a las proporciones de la tragedia, los habitantes de Popayán no habían caído en la histeria ni protagonizado desmanes o saqueos. Y sin embargo, la destrucción generalizada había hundido a la gente en la tristeza. En la semana que siguió al temblor, el presidente Belisario Betancur recorrió la zona y tomó medidas extraordinarias para conjurar la crisis. En los años que siguieron, el país volvió a vivir desastres naturales que ensombrecieron una y otra vez los ánimos de los colombianos. Pocos meses después del terremoto de Popayán, la erupción del nevado del Ruiz sepultó la ciudad de Armero y acabó con la vida de 25.000 personas. Catorce años después, la tierra volvió a temblar en el occidente del país y dejó a la ciudad de Armenia en la ruina.