El alcalde Gustavo Petro decidió reemplazar la tradicional pintura de Gonzalo Jiménez de Quesada que había en el Palacio de Liévano por un cuadro de Simón Bolívar. SEMANA consultó al historiador Fabio Zambrano.¿Qué piensa del nuevo cuadro?Es un intento de cambiar los símbolos de la ciudad. Pero hay que respetarlos y tener cuidado al manipularlos.¿Quién fue Bolívar para Bogotá?La ciudad lo despreciaba, y él despreciaba a la ciudad. Luego, en el siglo XX, hubo un esfuerzo inútil del Partido Conservador para ‘bolivarizar’ la capital, que luego la centro-izquierda quiso retomar.¿Era necesario descolgar a Jiménez de Quesada? Representaba el mito fundacional de la ciudad. No solo se trata de cambiar un cuadro por otro. La historia no empieza con Petro, que irrespetó la memoria de la ciudad.¿A cuál de los dos dejaría usted?El que estaba antes es un emblema histórico. Bolívar no lo es. Yo no habría puesto a ninguno de los dos. En términos políticos, Nariño es el bogotano predilecto: construyó el camino a la modernidad, pero la ciudad lo trató a las patadas. No hay un museo dedicado a él, y solo existe una estatua con su imagen. En términos urbanos, la aldea muisca sería ideal para representar nuestro origen.