SEMANA: ¿No es un poco absurdo celebrar los 75 años de la facultad más antigua de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) con un foro sobre el aborto? María Cristina Gómez: Eso no es cierto. Estaba organizando un encuentro en el que íbamos a hablar de conflicto y jueces, justicia restaurativa, desplazamiento, cultura constitucional y el papel de las universidades en la formación en derecho. SEMANA: ¿Y del aborto? M.C.G.: No. Todo eran temas relacionados con la justicia. SEMANA: ¿Por qué los religiosos que dirigen la universidad pensaron que se iba a hablar de ese tema? M.C.G.: Inicialmente, porque teníamos como invitado especial para darle el honoris causa al profesor Robert Alexy, el filósofo del derecho más importante hoy en el mundo occidental. SEMANA: ¿Qué tiene que ver él con el aborto? M.C.G.: La Corte Constitucional citó argumentos suyos en la sentencia que lo despenalizó. Yo le aclaré a la Universidad que en esa misma sentencia se había citado a Kant, a Santo Tomás y que, si fuera por eso, también habría que tacharlos de abortistas. SEMANA: ¿Y cancelaron el evento pese a sus explicaciones? M.C.G.: Es que, además de cuestionar a Alexy, un grupo de profesores envió a la rectoría artículos en los que otros invitados defendían el aborto. Fue entonces cuando recibí una carta del rector diciéndome que el encuentro quedaba cancelado. SEMANA: Pero no iban a hablar de los temas que trataron en esos artículos... M.C.G.: El comité académico de la Universidad ya había revisado el contenido temático. También estaban invitados los mejores teóricos del país como Rodrigo Uprimny, Mauricio García Villegas, Isabel Cristina Jaramillo y Carlos Bernal, pero algunos de ellos fueron considerados, por sus ideologías, adversarios al magisterio de la Iglesia. SEMANA: ¿Entonces para invitar a un foro en la UPB hay que llevar antecedentes ideológicos? M.C.G.: Que quede claro que en la Universidad jamás había pasado esto. Yo me gradué de esta misma facultad y era decana desde febrero de 2008. SEMANA: ¿Por qué cree que pasó esta vez? M.C.G.: No sé. Para mí, es un momento de oscuridad por el que está pasando la institución. SEMANA: ¿Se siente censurada? M.C.G.: Sí. Para mí es un ataque a la libertad de cátedra y a la libertad de expresión, algo que nunca había pasado en la Bolivariana. Por eso renuncié, porque no puedo permitir que en el lugar donde me enseñaron a ser demócrata haya censura.