Por Lina Martínez*
La Navidad es un tiempo feliz. Culturalmente hemos creado estructuras para vivir la Navidad con todas las cosas que nos hacen sentir bien: comida, compañía, consumo, promesas de nuevos tiempos. Diciembre y todas sus formas sociales son el momento donde experimentamos dominios y emociones en los que la felicidad es magnificada. ¿Por qué? Por varias razones, y me voy a concentrar en dos.
El Black Friday y todas las promociones que arrancan con el Día de Acción de Gracias, dan inicio a la temporada de consumo más extensa en Occidente. Según datos de Fenalco, el año pasado más de la mitad de los colombianos tenían destinado un presupuesto para los regalos navideños que estaba entre los 200.000 y los 800.000 pesos. Mal contados, es entre el 20 y el 60 por ciento de un salario mínimo, que se gastan entre ropa, calzado, accesorios y una categoría miscelánea y colorida como “anchetas”. Pero más allá de las consideraciones financieras de regalar algo que la gente ya tiene, comprar nos hace felices.
En cada compra hay una promesa de felicidad. Si es una compra personal, viene aderezada con una idea de vernos mejores. Piense en las ocasiones en que ha comprado una camisa nueva. Esa compra se hace pensando en el momento que la usará, lo bien y seguro que se va a sentir. Es un cheque para un dominio afectivo feliz que reside en un tiempo muy corto.
Cuando la compra es para otro, la felicidad se multiplica, porque uno no compra para otros, uno compra y regala para mejorar la autopercepción de ser generosos, mostrar que nos importa la gente que queremos tener un gesto con otra persona que encapsula nuestros afectos. Y si hay que escoger entre cuál de las dos compras nos hace más felices, sin espacio a dudas científicas, la compra para otros da más réditos y nos hace sentir mejor.
América Latina es la región del mundo donde vive la gente más feliz. Los dominios afectivos de un latino son positivos y muy frecuentes. En este pedazo de tierra, es donde vive la gente que reporta sonreír más el día anterior o sentirse feliz con las vivencias cotidianas de un día cualquiera. Y el factor más importante para tanta felicidad es la fortaleza de las relaciones afectivas.
La familia, los amigos, la vida en pareja, son atributos altamente valorados y cultivados en nuestra cultura, y la Navidad es justamente el tiempo donde los afectos para los más cercanos están a la orden del día. Una costumbre tan única y colombiana como los alumbrados y las novenas, son oportunidades para ver a los amigos y estar cerca de la familia. Si lo contamos por días, las festividades dan al menos 12 días (velitas, novenas, 24 y 31), para estar con la gente que uno quiere. Esto es casi la mitad de un mes que, con la inercia de las estructuras sociales, nos lleva a espacios donde nos sentimos más felices.
*Autora del libro Felicidad y directora de Polis, el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Icesi.