Una empresa tiene poder de mercado, cuando tiene la capacidad de fijar el precio y además, de establecer su nivel por encima de lo que sería el precio de equilibrio, es decir, el que resulta de la interacción entre la oferta de las empresas y la demanda de los consumidores. Pero en realidad, además de contar con esta ventaja, la mayoría de empresas lleva a cabo una estrategia conocida como discriminación de precios, la cual consiste en cobrar precios diferentes a clientes distintos, en momentos del tiempo distintos o dependiendo de las condiciones de la demanda. Es por esta razón, que en varias ocasiones comprar un producto cualquiera y de la misma marca (producto homogéneo), tiene un valor diferente en varios establecimientos, en ciudades diferentes o en diversos momentos del tiempo. Existen varias modalidades de discriminación de precios. Algunas de ellas consisten en querer aprovecharse al máximo de la disposición por parte de los consumidores para comprar un bien, lo que implica en cobrarles su precio de reserva, lo que se traduce en tener conocimiento del precio máximo que una persona está dispuesta a pagar para adquirir un bien o servicio y por tanto, cobrarle este. Otras empresas por su parte, prefieren adoptar la estrategia de cobrar precios menores a medida que los consumidores compran mayores cantidades del bien, lo que se refleja en las compras al por mayor, que buscan incentivar el consumo en mayor escala. Sin embargo, lo que a veces desconocemos o en lo que no reflexionamos a menudo, es en la forma en que algunas empresas clasifican a sus clientes, dividiéndolos en grupos de ingresos más altos e ingresos más bajos y buscando como es lógico, cobrarle precios mayores por un bien similar o idéntico, a quienes están en la capacidad de pagar más y un precio menor al grupo contrario. Esto en parte se realiza con el fin de buscar que quienes tienen mayores ingresos subsidien a quienes no los tienen en el mismo grado, como es el caso de algunos servicios públicos. El inconveniente se genera cuando el precio que se le cobra a cada grupo no está acorde con su verdadera capacidad de pago o cuando ambos precios distan de manera exagerada y los consumidores sienten que están pagando un precio demasiado elevado. Me cuesta más pero no quiero esperar para comprarlo… Las empresas saben que siempre existe un grupo de consumidores que no pueden o no quieren esperar para comprar un producto y que aún sabiendo que pagarán un precio más alto en cuanto este es lanzado al mercado, están haciendo largas filas para comprarlo o lo encargan con antelación por Internet, como es el caso de algunos aparatos de tecnología. En este contexto, las empresas venden el producto a un mayor precio y una vez observan que el incremento en las ventas se reduce o no aumenta, bajan el precio con el fin de lograr atraer más clientes, aumentar las ventas y así los beneficios, lo que se denomina discriminación intertemporal de precios. Otro caso bastante particular es el de cobrar precios más altos en épocas de mayor demanda (temporada alta o periodos pico) y precios más bajos en épocas en donde la demanda es menor (temporada baja o periodos valle), situación a la que muchos nos hemos enfrentado por ejemplo, a la hora de planear nuestras vacaciones. Otra práctica común en el tema de la discriminación de precios, es la de cobrar una tarifa de entrada (como por ejemplo el cover en un bar) y otra de uso (relacionada con el precio que se cobra por el consumo que se ofrece de manera adicional, una vez cancelada la tarifa de entrada). Y es allí, donde muchas empresas pueden ofrecer una tarifa de entrada a menor precio y cobrar precios mayores en el consumo, una vez el consumidor se encuentra dentro de un establecimiento o cobrar una tarifa de entrada más costosa, ofreciéndole al consumidor descuentos en el consumo o precios más bajos. El problema para el consumidor, es que a veces puede tener desconocimiento de los precios por los que deberá pagar por los consumos adicionales y debido a que ya realizó una inversión por ejemplo en el pago de una boleta para entrar a una feria o parque de diversiones, debe asumir precios muy altos si quiere realizar consumos extra en dicho lugar. ¿Qué hago para pagar el precio correcto? Las recomendaciones para sentir que estamos pagando lo justo por un producto son varias: en lo posible averiguar los precios de un mismo bien en varios establecimientos (antes de comprarlo), saber que generalmente algunos productos bajan de precio con el tiempo, por lo que es mejor esperar, aprovechar las promociones en ciertas temporadas del año, en donde la demanda es más baja y tratar de encontrar aquellos bienes en donde su compra conjunta es más económica que comprarlos de manera separada. En conclusión, darse un tiempo prudente al momento de comprar y contar con una mejor información, lo hará sentir más convencido de su decisión y decir que “el precio es correcto”.