Así como hace unos años hablar del edificio inteligente causaba cierto escepticismo y un poco de risa, hoy cualquiera suelta la carcajada cuando alguien menciona el tema del edificio enfermo. Pero no se trata de un chiste.Los edificios se enferman, y lo que resulta peor es que quienes sufren los síntomas y caen en cama por culpa de ello son los empleados, que en promedio pasan jornadas de ocho o más horas diarias allí, en sus puestos de trabajo. Hace unos meses un empleado del Ministerio de Trabajo en Bogotá fue víctima de un edificio enfermo. Esto sucedió cuando el funcionario, después de una ardua jornada de trabajo, se lavó la cara en el baño de su oficina para refrescarse. Al día siguiente tenía una infección que con el tiempo fue empeorando. Más tarde se supo que la infección había sido causada porque a que el tanque de almacenamiento de agua de dicho edificio estaba completamente sucio. Un hongo en ese estanque ocasionó el problema dermatológico del trabajador.Pero hay casos más alarmantes. De hecho, el tema empezó a cobrar notoriedad en 1976 durante una reunión de la American Legion en el Hotel Bellevue-Stratford de Filadelfia, cuando cuatro personas murieron y 99 resultaron infectadas al respirar aire contaminado con una variedad de hongo que se había desarrollado en una torre de enfriamiento y que luego se diseminó por el sistema de ventilación. Desde entonces se han hecho estudios en Estados Unidos y Europa para medir la calidad del aire y mirar el efecto de la ventilación y otros agentes químicos y físicos en la salud de los trabajadores. Los análisis han demostrado que el problema afecta a las oficinas de todo el mundo. Un estudio realizado en Suecia en 1989 en 26 edificios encontró problemas de aire interior en donde había crecimiento de hongos y moho a medida que los edificios eran más herméticos (ver recuadro).El tema se ha convertido en un asunto tan serio que en 1983 la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el síndrome del edificio enfermo como el conjunto de reacciones que presentan los trabajadores frente a la acumulación de polvo, vapores, gases, bacterias, hongos y otros contaminantes que se encuentran atrapados dentro de una oficina. Esta organización estima que uno de cada tres trabajadores puede estar sufriendo las consecuencias del edificio enfermo, ya sea con frecuentes dolores de cabeza, fatiga, vértigo, irritación en los ojos, nariz y garganta o infecciones. Los médicos también creen que el edifico enfermo es culpable del aumento de los casos de asma. Como si fuera poco, este síndrome se asocia con enfermedades tan raras como la llamada sensibilidad múltiple a químicos, también conocida como MCS por sus siglas en inglés.En Colombia el tema es nuevo, confuso y complejo pero real. “Si a alguien le da dolor de cabeza o gripa recurrente difícilmente lo asocian al síndrome de edificio enfermo. Simplemente se trata como un caso aislado”, dice René Montenegro, director de prevención de riesgos de Suratep.Tal vez la única investigación que confirma que el país no se escapa al síndrome del edificio enfermo es la realizada por el neumólogo Carlos Orduz García, médico titular de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. García hizo un estudio de prevalencia en un ambiente cerrado, utilizando un cuestionario estándar, y encontró una prevalencia muy alta de síntomas en los trabajadores expuestos y un alto ausentismo laboral por ese motivo. Según el especialista, este síndrome afecta del 20 al 40 por ciento de las personas que laboran en los edificios y produce una pérdida del rendimiento. “Se calcula que la productividad global disminuye en un 10 por ciento cada año y que esa pérdida equivale al 10 por ciento del costo del edificio”, dice.Cuidados intensivosLas fuentes de contaminación interior que se han encontrado son muy variadas. El principal problema de los edificios enfermos es el bajo nivel de ventilación. Según el National Institute for Occupational Safety, entidad que vela por la salud ocupacional de los trabajadores en Estados Unidos, 50 por ciento de los edificios enfermos sufre de inadecuada ventilación. Esto puede significar una escasa filtración, es decir que el aire que entra hacia el edificio no se purifica antes para mantenerlo libre de partículas contaminantes; o contaminación en los sistemas de ventilación cuando los ductos se llenan de bacterias, hongos, moho y luego se esparcen por el mismo sistema a través del aire. “En esos casos es menos dañino el aire contaminado de la ciudad que el que se respira en las oficinas”, afirma Armando Velasco, director de la oficina de riesgo del Ministerio de Trabajo. Esto se debe a que los niveles de polución en el aire interior de una oficina pueden ser 10 veces más concentrados que en el exterior. Pero en el espectro de factores dañinos de los edificios también se encuentran los materiales sintéticos y plásticos que emiten gases y vapores perjudiciales para el hombre cuando se calientan; la falta de buena iluminación; el hacinamiento y el ruido excesivo; las emisiones de radiación de aparatos electrónicos y celulares; las condiciones térmicas poco favorables para el trabajo, los malos olores y hasta las sillas poco ergonómicas que pueden generar problemas de cadera y espalda.Mientras más viejas sus estructuras más enfermos los edificios. Pero la OMS encontró que un 30 por ciento de los edificios nuevos y remodelados también estarían afectados. El costo de tener un edificio enfermo es muy alto. Un estudio en Holanda realizado en 1990 mostró que 24 por ciento de los empleados tuvieron problemas de salud a causa de las condiciones de sus oficinas y estuvieron ausentes en promedio dos días al año. El estudio estimó que el total de días perdidos había sido de un millón, a un costo de 500 millones de dólares por año. Los investigadores piensan que la sociedad se ahorraría 58.000 millones de dólares anuales si se previenen las enfermedades del edificio enfermo. A esto hay que sumarle 200.000 millones más que corresponden a la mejora en el desempeño de los trabajadores en ambientes más saludables.El aspecto positivo del asunto es que los edificios, al igual que las personas, pueden recibir tratamiento y mejorar si se diagnostica bien su problema. También es posible la prevención y por eso en Europa, Asia, Escandinavia, Australia y Estados Unidos ya existen normas claras sobre ventilación, mantenimiento higiénico, materiales tóxicos y ruido para evitar problemas de salud en los trabajadores. Pero en Colombia, donde se desconoce aún el tema, es preciso que las ARP, eempleadores, arquitectos e ingenieros se pongan de acuerdo para hacer estudios que muestren el panorama local del edificio enfermo. Sólo así se podrán poner en práctica normas que ayuden a mantener los edificios y a sus ocupantes en buen estado de salud.