Alejandra Villeta, reconocida influenciadora colombiana que ha alcanzado gran popularidad gracias a sus videos en los que se muestra totalmente espontánea y les cuenta a sus seguidores anécdotas de su vida en diversos contextos, publicó esta semana a través de su cuenta de TikTok una serie de videos en la que reveló a sus más de 200 mil seguidores que años atrás sufrió de un intento de abuso durante una actividad del colegio que se desarrolló fuera de las instalaciones.
Según relató, desde hace mucho tiempo no hablaba del tema porque en el momento en que sucedió se sintió culpable, avergonzada y tenía mucho miedo.
“Yo tenía 16 años, estudiaba en un colegio femenino de monjas y al colegio se le ocurrió la idea de llevarnos a visitar un ancianato (...) Llegó el día y todas estábamos muy emocionadas. Obviamente llevaron a unas profesoras para que nos cuidaran y estaba la monja que nos daba la clase de religión y que estaba encargada de la actividad. Antes de bajarnos del bus, la hermana encargada nos dijo que fuéramos muy amables con los viejitos porque la mayoría de ellos había sido abandonado por sus familias y que, si ellos se acercaban para darnos un beso, un abrazo o cualquier manifestación de afecto, nosotras teníamos que aceptarlo y no hacerles el feo”, mencionó la joven al inicio de la publicación.
Villeta dijo que, sumado a lo anterior, la monja encargada les dijo que los adultos mayores disfrutaban decorar sus cuartos y que, por lo tanto, si alguno les pedía que subieran a sus habitaciones a verlos debían ir con ellos y que, en caso de negarse, les iba a poner uno en la materia.
En la historia que relató en cinco partes por la duración permitida de los videos en la red social, Villeta señaló que sus compañeras bajaron apresuradas a buscar a “un viejito” con quien compartir la tarde. Sin embargo, ella, a quien se le dificulta expresar sus emociones, se quedó atrás y empezó a caminar para ver en qué podía ayudar.
De repente, un adulto mayor la tomó del brazo y le dijo que lo acompañara a buscar una silla porque él ya no podía caminar, pero empezó a tener actitudes extrañas con ella.
“Claramente lo ayudé, lo llevé hasta una silla y ya me iba a ir cuando me dijo que me sentara con él y empezó a hacer eso que la hermana dijo que nos iban a hacer. Me empezó a coger la mano, pero de una manera demasiado extraña, me daba besos en la mejilla constantemente y cada vez más cerca a la boca. Me ponía la mano encima de mi pierna y me ponía mi mano sobre su muslo (...) Yo sentía que me estaba tocando”, relató.
Ante el hecho, que ella no sabía si era normal, empezó a buscar con la mirada a sus amigas o profesoras para que la ayudaran. Como esto no sucedió, se levantó, pero el hombre la tomó del brazo, la sentó en sus piernas y le dijo al oído que la quería mostrar su cuarto.
“Yo estaba muerta del susto y, sin embargo, seguí normalizando la situación recordando que la monja nos había dicho en el bus que eso era perfectamente normal y que nosotras no podíamos negarnos”, indicó.
por fortuna, cuando el adulto mayor la estaba llevando para su habitación, fue abordada por una de las enfermeras del lugar, que la tomó de la mano y la llevó a otro cuarto, donde se disculpó con ella porque “ese señor no tenía que andar suelto y mucho menos ese día. Resulta que ese tipo antes de llegar al ancianato había tenido numerosas denuncias por abuso a menores”, explicó.
Después del episodio, la influencer señaló que sintió miedo y pena porque tal vez sus compañeras iban a pensar que ella había propiciado lo sucedido. Además, aseguró que nadie hizo nada, ni las monjas, ni las enfermeras, y que, por el contrario, fue manipulada para que no denunciara.
“Cuando llegamos al colegio se me acercó la coordinadora de bienestar y me dijo que sentía mucho lo que me había sucedido, pero quería dejar claro que el colegio no era responsable de lo que pasó” y que sabía que ella era una niña muy fuerte y no iba a hacer un escándalo por eso.
La joven concluyó diciendo que esperaba que con esa historia las mujeres víctimas del abuso no normalizaran este tipo de actos, que no se sintieran culpables por ser víctimas y que no estaban solas.