biografÍa

Testimonio de un amigo

Tony Bramwell acompañó a los Beatles desde antes de que llegaran a la fama. Ahora revela detalles sobre sus líos de faldas, problemas de drogas y los ardides de una trepadora llamada Yoko Ono.

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12 de junio de 2005, 12:00 a. m.

Quizás inspirado por los efectos de una noche sazonada con generosas dosis de LSD, John decidió citar a los demás integrantes de la banda a una reunión de carácter urgente a la mañana siguiente. "Tengo algo muy importante que decirles", fueron las palabras con las que recibió a Paul, Ringo y George, "Yo soy Jesucristo. He vuelto nuevamente". Ninguno de los tres se sorprendió, después de todo ya estaban acostumbrados a sus comentarios irreverentes.Anécdotas como esta hacen parte de un nuevo libro sobre el cuarteto de Liverpool titulado Gira mágica y misteriosa: mi vida con los Beatles. El autor es Tony Bramwell, un hombre que no sólo fue amigo de infancia de los integrantes de la agrupación sino que los acompañó durante su ascenso a la fama. De empezar ayudando a cargar equipos pasó a ser la mano derecha del mánager del grupo Brian Epstein y llegó a trabajar en la administración de Apple, la empresa musical y cinematográfica de los Beatles. "Si quieren saber algo nuevo sobre nosotros pregúntenle a Tony Bramwell. Él recuerda más que yo", fueron las palabras de Paul McCartney en una entrevista realizada en 2002, el aval para que este testigo privilegiado se decidiera a revelar sus intimidades.Bramwell, Harrison y McCartney fueron vecinos durante su niñez. "Éramos parte de la misma pandilla para montar bicicleta y escuchar música", cuenta. Y aunque también vivía cerca y había estudiado en la misma escuela primaria que Harrison, sólo conoció a Lennon cuando éste tenía 15 años y fama de ser "el delincuente juvenil local. Era un poco loco. Hablaba solo, escuchaba voces y decía que cuando se miraba en el espejo veía rostros que le decían cosas como 'vas a ser rico y famoso, John". Para Bramwell la rebeldía de aquel fue producto de una infancia dura pues siendo pequeño lo abandonaron sus padres y lo crió su tía Mimi. Años más tarde se enteró de que su madre vivía a pocos minutos de distancia. Ambos trataron de reponer el tiempo perdido y ella, quien era una gran pianista, le inculcó el amor por la música. Pero no acababan de conocerse cuando murió en un accidente, lo que provocó en el joven un gran impacto. Su comportamiento cambió: "Sus novias se quejaban de que él les gritaba y les pegaba en la cara sin razón", escribe Bramwell.No solo la música sino la desolación por la pérdida de sus madres unió a Paul y a John. En 1957, a los 16 años, este último había formado la banda los Quarrymen y Paul quería ser parte de ella, por lo que asistió a una de sus presentaciones durante una feria dominical. Aprovechando unos minutos de receso del show, Paul tomó la guitarra de John, tocó unos cuantos acordes y empezó a cantar para que lo escuchara. Desde entonces, sin disimular su interés, hacía alarde de sus habilidades donde John estuviera, intentando llamar su atención, estrategia que surtió efecto pues después de ignorarlo unas cuantas veces decidió aceptarlo en el grupo. Como dato curioso Bramwell revela que para celebrar "esa noche Paul perdió su virginidad". Al poco tiempo George, quien había tenido su propia agrupación llamada Rebels, se les unió. El autor agrega que por ello John siempre se sentiría el líder del grupo.En 1961 Brian Epstein, que para entonces era un empresario cuya familia era propietaria de una tienda de discos en Liverpool, conoció al grupo, que ya había cambiado el nombre a The Beatles y que solía tocar en una especie de sótano conocido como Cavern Club. En el libro aparece como un personaje inseguro, inexperto en la materia, pero fundamental en el despegue de la banda pues, si bien no logró un trato con el sello Decca (que pasó a la historia por rechazar a los que pasarían a la historia como los 'Fabulosos Cuatro'), en 1962 consiguió firmar un contrato con Parlophone, sello subsidiario de EMI. Fue entonces (octubre de 1962) cuando Ringo Starr se integró al equipo. De Epstein cuenta que tenía problemas de drogas y que lo atormentaba su homosexualidad. "Además siempre estaba aterrorizado de que uno de los jóvenes que 'alquilaba' lo delatara. En aquel entonces la sodomía era ilegal y se castigaba con una larga sentencia en prisión". Por si fuera poco Bramwell asegura que Epstein estaba perdidamente enamorado de John y que incluso se llegó a decir que habían tenido una relación más allá de lo profesional. Según el autor los rumores se debieron a que John aceptó pasar unas vacaciones con él en España, provocando una depresión en su esposa Cynthia. "John dijo que finalmente había decidido tener relaciones sexuales con Epstein para quitárselo de encima. Los que lo conocimos no pensamos que sus palabras fueran ciertas. Si se hubiera dicho lo mismo de George, tal vez lo habríamos creído porque él sí tenía muchos amigos homosexuales". La Beatlemanía empezó en 1963 y para Bramwell el mejor indicio de ello fue la avalancha de mujeres enloquecidas por los artistas. Aprovechándose de ello Neil Aspinall, el road mánager, y Mal Evans, del equipo de seguridad, tenían por costumbre seleccionar a varias 'candidatas', que primero tenían que recibir su visto bueno. "De buena gana muchas adolescentes hacían lo que tuvieran que hacer con ellos con tal de llegar a Paul, John, George o Ringo (...). Los Beatles las llamaban 'putillas' y eran todas aquellas dispuestas a bajarse las pantaletas por ellos". Según Bramwell una de las mujeres que recibió este calificativo fue Yoko Ono, a quien describe como una acosadora. Gran parte del libro está dedicado a dejarla mal parada, quizá porque el autor reitera la teoría de que ella fue la mayor responsable del fin de la agrupación. Yoko estaba buscando respaldo del cuarteto para presentar su show, que consistía en que los asistentes le cortaran la ropa, pedazo por pedazo con tijeras, hasta dejarla desnuda, y por eso invitó a John a verlo. "Ella necesitaba un pez gordo y ya había tratado de acercarse a otros hombres ricos como Paul y Brian, quienes consideraban ridículo su trabajo". Según el autor el mismo John aseguró que era "una loca perdida que no lo dejaba en paz". Yoko solía presentarse en las oficinas de Apple buscando a John y si él se negaba ella era capaz de esperarlo sentada durante horas. A veces se iba pero se escondía detrás de algún carro para agarrarlo apenas lo viera y entregarle su más reciente poema o la invitación de un evento que deseaba que él patrocinara. Incluso, una tarde de fuerte lluvia llegó hasta la casa del beatle y fingió necesitar un teléfono para llamar a un taxi, por lo cual la inocente suegra de John la dejó pasar. A propósito dejaría su anillo en el baño para volver. Su esposa Cynthia estaba atormentada por lo que John trataría de mejorar la relación con un viaje a la India, el cual terminó en desastre. Tal vez porque había bebido de más le confesó la larga lista de amantes, que incluía no sólo modelos, prostitutas y fanáticas sino también a amigas de la propia Cynthia. Ahora Yoko tenía el camino libre. "El esposo de Yoko, Tony Cox, quien tenía un historial criminal, apoyaba activamente el romance de su esposa y el artista, como un acto de supervivencia. Cuando hacían el amor en su apartamento, Cox se iba con Kyoko, su hija con Yoko, a esperar donde su vecino. En el momento que empezó a sentirse débil se le ocurrió diseñar un acuerdo, un documento en el que constaba que si Yoko enganchaba a John, iban a dividirse el dinero que resultara de la situación".Bramwell relata que, como por arte de magia, un día John llegó a grabar asegurando que no podía vivir sin ella. "Sus amigos llegamos a pensar que lo había hechizado o que había utilizado una poderosa droga". Precisamente la adicción de John por la heroína comenzó con Yoko. Desde entonces ella se convirtió en su sombra y se encargó de hacer caso omiso de la consigna del grupo: "Nada de novias ni esposas al trabajo". La situación se hizo insostenible cuando empezó a hacer sugerencias musicales y exigir como si fuera ama y señora. A Paul se le agotó la paciencia. George, quien se sentía poco importante en el grupo, empezó a explorar sus habilidades con otros artistas. Ringo comenzó a dedicarle más tiempo a su pasión por la actuación. Y luego John diría que Yoko le había dado la fuerza para acabar con su matrimonio con los Beatles. En abril de 1970 la agrupación se disolvió. Pero su fama sin precedentes ha permanecido intacta. La fama que una vez hizo que John pronunciara la frase, muy en su estilo, en la que quería expresar lo desorientado que andaba el mundo y que tomada fuera de contexto provocó todo un escándalo mundial: "Somos más populares que Jesucristo".

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