Según los últimos reportes del Dane, Colombia enfrenta una caída sostenida en la matrícula escolar. Detrás de este fenómeno hay una tendencia que crece en silencio: cada vez más familias en Colombia están decidiendo retirar a sus hijos del sistema tradicional y asumir su educación desde el hogar.
El homeschooling –o educación en casa– lleva décadas practicándose en el país, pero solo ahora empieza a ganar visibilidad. Según la Red Colombiana de Educación en Familia, cerca de 8.000 estudiantes se educaban bajo esta modalidad en 2020, aunque estimaciones externas actuales hablan de hasta 30.000, una diferencia que refleja, ante todo, la ausencia de un registro oficial.
Omar Garzón, investigador del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, lo identificó como uno de los factores detrás de la caída de matrícula en las primeras etapas escolares. “El fenómeno del homeschooling tiene gran fuerza y es una de las razones por las que cae la matrícula, pero no es la única”.
Ahora bien, las razones que llevan a una familia a tomar esa decisión son diversas. Rosa Julia Guzmán, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana, explicó que “algunos padres toman esta opción como respuesta a cierto desencanto con la escuela formal, relacionado especialmente con la poca pertinencia de los aprendizajes que allí se consiguen; otros desean preservar sus creencias religiosas o su cultura, y hay quienes emprenden este camino por razones económicas”.
A estas motivaciones se suma la búsqueda de entornos emocionalmente más seguros, en contextos donde el bullying y la ansiedad escolar se han convertido en causas frecuentes de deserción. Daniel Rivero, rector del Colegio Monterrosales –una de las instituciones con mayor número de estudiantes en esta modalidad en el país, que pasó de 10.000 a 12.000 alumnos en 2025– aseguró que “el problema no es que las familias estén huyendo de la educación, están huyendo de la rigidez”.
En 2025 la Unesco publicó el informe 'La educación en el hogar desde la perspectiva de los derechos humanos’, en el que reconoce que la flexibilidad educativa puede ser una respuesta legítima cuando la escuela tradicional deja de ser un entorno que brinda tranquilidad e identifica la “escolarización imposible” (contextos marcados por violencia, currículos inflexibles o falta de apoyos especializados) como una de las causas más frecuentes detrás de esta práctica. La conclusión del documento apunta a que, si bien es cierto que el homeschooling puede proporcionar una educación de calidad, no necesariamente la garantiza y el crecimiento que registra exige regulación.
El debate, sin embargo, no se reduce a sus riesgos. Desde la Universidad de La Sabana advirtieron que permite atender los estilos y ritmos de aprendizaje de cada niño, responde a sus intereses particulares y elimina la necesidad de adaptación escolar institucional. No obstante, sus limitaciones son igualmente relevantes. Desde la Unesco llaman la atención sobre dos: la falta de exposición a perspectivas diversas y los posibles efectos sobre la cohesión social.
En Colombia, el homeschooling no cuenta con un marco normativo claro, por eso la Unesco hace un llamado a cerrar ese vacío y propone como herramientas el registro obligatorio, las inspecciones y la evaluación del rendimiento de los estudiantes. Todos estos mecanismos buscan proteger tanto el derecho individual a una educación flexible como el interés colectivo de garantizar calidad y bienestar para todos los menores que hoy aprenden fuera del aula.