La innovación no puede ser un tema de moda. Desafortunadamente muchos creen que el simple hecho de decidir innovar ya empezará a dar resultados por sí mismo. Aquí la pregunta fundamental es: ¿Qué tanto estamos dispuestos a arriesgar? Hablo de riesgo, porque innovar no es un ejercicio de mejora continua en el que se busca identificar pequeños cambios que generen algunos ahorros o que eliminen reprocesos casi insignificantes; innovar es un camino que implica transformación, pero si no se está dispuesto a asumir la sacudida del bote que esto puede conllevar, es mejor no perder el tiempo tratando de ingresar en esta ola. Si no se está preparado, lo que necesariamente tendremos que preguntarnos es cuál es la vigencia del negocio si se siguen haciendo las cosas exactamente de la misma manera como se vienen haciendo. No permita que la parálisis por análisis ciegue la visión de futuro de la compañía, pues si se espera a estar 100% preparados para buscar la disrupción del negocio, esta nunca llegará. Innovar es como tener un hijo, nunca se está lo suficientemente listo para sumirse en esa aventura, aun cuando se tenga ya gran parte del camino trazado, entonces o uno se sube al bus o no lo hace. Todo es cuestión de actitud y de tolerancia a la ambigüedad. Le puede interesar: Educando para el pasado Lo claro es que, en este camino, hay dos tipos de acercamiento: uno proactivo y uno reactivo. Usted decide cuál le funciona mejor. ¿Quiere usted empezar a innovar cuando ya tenga el agua por el cuello?, o ¿desea iniciar un camino de exploración de la innovación que le permita adelantarse a su competencia y a las tendencias que suceden en e mundo? Hoy en día innovar no es una opción, es una cuestión de supervivencia, que tarde o temprano le pasará la factura. Tener miedo es bueno, pues es una señal de que se tiene que hacer algo. Por eso, cuando decida embarcarse en el camino de la innovación, comience por definir cuánto riesgo es tolerable para la organización; tenga claras las consecuencias de los riesgos, lo que se está poniendo sobre la mesa y la cantidad de dinero que se destinará a este camino exploratorio. Recuerde que las personas solo estarán dispuestas a jugarse el pellejo cuando consideran que la organización es seria frente a estas iniciativas y que sus ideas serán escuchadas, pues solicitar ideas solo por el espíritu de contar con un entorno donde fluya la creatividad solo genera frustración y resistencia al cambio, cuando no se ve acompañada de acción y resultados concretos. Le sugerimos: El humo de la innovación Para evitar que lo anterior suceda, tenga claridad sobre cuál es el proceso de identificación de oportunidades y su posterior implementación, además de la forma en que serán evaluados y reconocidos dichos esfuerzos. Escuchar las ideas no puede ser una estrategia de pan y circo, esta tiene que tener resultados tangibles, pero también, debe estar acompañada del desarrollo de una mentalidad de adaptabilidad, colaboración y experimentación libre de consecuencia. Si va a pedir que se haga deje hacer, sino, mejor siga haciendo las cosas como lo ha venido haciendo.