Vatel nació en París en 1631 en el seno de una familia humilde. A sus 15 años y negándose a seguir los pasos de su padre, este hombre de singular destino decidió entrar como aprendiz en la casa de un repostero local. Allí trabajó por cerca de seis años. A sus 22, el ícono de la cultura culinaria francesa, contó con la suerte –o la desgracia– de ser contratado por el marqués Nicolás Bouquet quien, luego de darse cuenta del enorme talento de Vatel, lo nombró organizador de eventos y maestro de ceremonias oficial. Junto con el marqués Fouquet, la fama de los eventos organizados por Vatel pasó a ser legendaria. Los banquetes ofrecidos creaban conmoción y generaban los mejores comentarios dentro de los círculos sociales más distinguidos de Francia. Pocos años después, el marqués Fouquet fue encarcelado por cuestiones legales. Vatel, sin empleo, fue rápidamente contratado por Luis II de Borbón-Condé, quien lo trasladó a su palacio llamado Chantilly, a las afueras de París. Luis II era un hombre que vivía en la opulencia. Sin embargo, luego de algunas malas inversiones, su situación económica empezó a empeorar hasta que terminó próximo a la bancarrota. Para Luis II sólo quedaba una alternativa: ofrecer en su palacio una celebración nunca antes vista, invitando a toda la Corte de Versalles y así ganar el apoyo del rey Luis XIV para solventar sus líos económicos. La ardua tarea de organizar tan magno evento fue encargada al pobre Vatel. Se trataba de más de 2.000 invitados que se quedarían durante tres días, en los cuales había que entretenerlos con diferentes espectáculos y actividades, y ofrecerles cinco platos diarios, cada uno de ellos con el máximo esplendor. El gran Vatel tomó las riendas del proyecto tan sólo algunas semanas antes de que se llevara a cabo. Era tal su esmero y su obsesión que dejó de dormir y dedicaba todas las horas del día a la planeación de cada detalle. Todo aquello resultó demasiado para él y de ahí en adelante sobrevino el ocaso para este célebre cocinero. La muerte de François Vatel está documentada gracias a la carta escrita por la marquesa de Sévigné a su hija, fechada el sábado 26 de abril de 1671. En ella se menciona que durante la primera noche de la fiesta de los tres días, a algunos invitados les faltó el plato principal. Vatel, completamente ofendido y ofuscado, sintió que había perdido su honor. Esa misma madrugada, tras darse cuenta de que aún no llegaban los proveedores con el pescado, este organizador de banquetes perdió el poco control que le quedaba. Subió a su cuarto y se suicido clavándose una espada en su pecho. Triste final para un joven y complaciente servidor.