Los reyes de Países Bajos, Guillermo Alejandro y Máxima, fueron memorables en su reciente visita a los Estados Unidos. El objetivo era claro: estrechar lazos con la administración de Donald Trump. Sin embargo, más allá de los acuerdos bilaterales, la verdadera protagonista fue la reina Máxima, quien con un despliegue de seguridad y color, se adueñó de todos los flashes.

La monarca, nacida en Argentina, llegó a suelo estadounidense comunicando desde el primer momento su intención estética a través de una paleta de colores sólidos.

Para su primera estación eligió un vestido verde oliva diseñado por Claes Iversen, complementado con un broche de perlas. Esta pieza ya la había utilizado durante la sucesión al trono del Gran Ducado de Luxemburgo en octubre de 2025, pero en esta ocasión la lució para atender la invitación del gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, y su esposa Lori.

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El itinerario se basó en la historia de Filadelfia, cuna de la nación, y estuvieron en el monumento Independence Hall, el lugar en donde se firmó la Declaración de Independencia en 1776 y se redactó la Constitución de los Estado Unidos en 1787.

También conocieron la emblemática Campana de la Libertad, un símbolo de la democracia y la igualdad de derechos, porque se tiene la creencia que sonó para convocar a los ciudadanos de Filadelfia a la primera lectura pública de la Declaración de Independencia y durante el siglo XIX fue un símbolo que se adoptó para el abolicionismo.

Los reyes de Países Bajos aceptaron la generosa invitación del gobernador Josh Shapiro y tuvieron una tarde inolvidable visitando los monumentos más icónicos de Filadelfia. Foto: Getty Images

Por su importancia para la democracia, este sitio fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Unesco en 1979. Todo este recorrido fue en el marco de la celebración de los 250 años de la independencia de Estados Unidos.

Al siguiente día los monarcas se dirigieron a Washington, en donde fueron recibidos por Donald Trump junto a su esposa Melania. En esta oportunidad la reina lució un vestido naranja, el color más representativo de su país, que terminó opacando el traje blanco con bordado negro de Melania Trump.

Los grandes protagonistas de esta visita fueron los vestidos de la reina Máxima que resaltaron su distinción y belleza, sin la necesidad de diseños llamativos. Foto: Getty Images

En la cena oficial en la Casa Blanca también participó el primer ministro neerlandés, Rob Jetten. Su presencia es significativa, ya que Jetten es un defensor de la diversidad y se sabe que mantiene una relación sólida con los monarcas, impulsada por el histórico apoyo de Máxima a los derechos de la comunidad LGBT.

Como gesto final de respeto y reciprocidad, la pareja real se hospedó en la Casa Blanca. Esto devuelve la cortesía del año pasado cuando Donald Trump, durante su visita a la OTAN, se alojó en el palacio Huis ten Bosch en La Haya, la primera vez que la familia real invitaba a un presidente estadounidense a pernoctar en su residencia oficial.