La ocasión fue simultáneamente alegre y emotiva, con una combinación de rancheras de José Gabriel y de ojos aguados de sus invitados. Para la ocasión, tanto el embajador como su esposa Diana van Meerbeke se vistieron de charros para recibir a sus invitados, miembros destacados de la sociedad capitalina, de la comunidad colombiana, del cuerpo diplomático, de la Cancillería y algunos gobernadores estatales. Ortiz aseguró a SEMANA: “Me queda un recuerdo muy grato de mis casi cinco años como embajador, fue una época muy buena de mi vida”. Tan positivo fue su paso por ese país, que se quedará viviendo con su familia, pero ya no como embajador de Colombia, sino de varias empresas nacionales en México.