Son las 2 de la tarde de un sábado cualquiera y decenas de jóvenes de entre 12 y 20 años invaden una de las calles aledañas al parque de Lourdes en Bogotá. La mayoría usa ropa negra y fucsia, cinturones con taches, camisas pegadas al cuerpo, pantalones ceñidos, mechones de pelo planchado que les tapan los ojos, tatuajes y piercings. Aunque la gente del barrio ya está acostumbrada a verlos frente al teatro La Mama, en donde suelen asistir a conciertos de rock, no deja de mirarlos con desconfianza. Se trata de los Emos (la palabra viene de 'Emocional'), una de las tribus urbanas con más acogida dentro de los adolescentes, pero, a su vez, la más incomprendida.Prueba de ello es que el martes pasado un estudiante bogotano de 15 años fue apuñalado a la salida del colegio por unos muchachos que desde hacía tiempo lo molestaban por peinarse como Emo. Le decían que era una gallina y ya lo habían amenazado en varias ocasiones. La herida no fue mortal, pero sí un indicador de lo peligroso que es ser Emo por estos días.Mauricio*, un estudiante de 14 años, dice que "casi todos los días salgo a la calle y tremendas madreadas que me pegan los raperos, los punkos, los calvos y hasta la gente normal". Julieth Guzmán, una Emo de 21 años, asegura que "ahorita estoy muerta del susto porque me llegó un mensaje a MySpace diciendo que iba a haber una limpieza de Emos en Bogotá por estos días. Nos quieren pegar una levantada tenaz".Tiene razones para estar preocupada porque al tiempo que miles de jóvenes escogen ser Emo, otros miles les declaran su antipatía. De nada les ha servido declararse pacíficos. Los ataques contra esta corriente son cada vez más evidentes. En Bogotá, por ejemplo, solían reunirse al frente del centro comercial Atlantis, pero les tocó trasladarse porque las agresiones y las peleas eran constantes. No ocurre sólo en Colombia. El mes pasado, en la ciudad mexicana de Querétaro, se organizó una jornada anti-Emo a través de la red. Al grito de "muerte a los Emos", cientos de jóvenes entre punkeros, metaleros y skinheads se congregaron en la plaza de armas para golpearlos. Tres muchachos habrían sido linchados de no ser por la intervención de las autoridades. Días después, en Ciudad de México, estuvo a punto de presentarse una situación similar, pero la Policía finalmente pudo controlarla.En Internet hay grupos antiEmo de todo el planeta que usan un lenguaje incendiario en el que llaman a la erradicación de esta cultura juvenil. Tan sólo en Facebook, por tomar un ejemplo, se encuentran grupos como 'Anti-Emo Federation', 'Anti-Emo army' y 'Anti-Emo Invasion'. También están los criollos Anti-Emo Colombia o 'A mí de niño me dieron juete y por eso no soy Emo', éste último con más de 17.000 miembros.Odio visceral Desde afuera se escucha la estridencia de las guitarras eléctricas y los gritos desgarrados. La Mama es un hervidero al ritmo del metal, el punk y el hardcore, combinados con letras suaves que parecen más propias del pop y hablan de los problemas típicos de los adolescentes. En el público se abren círculos de gente en donde parece que va a empezar una pelea. Combatientes espontáneos se lanzan al centro y empiezan a dar patadas y puños al aire como si pelearan contra sí mismos. No se tocan, pues se trata del mosh, una simulación de combate que hace las veces de baile en este tipo de conciertos.Los roqueros de siempre, los de crestas o cabellos hasta la cintura, no se ven por ninguna parte. Se nota que muchos de los asistentes apenas acaban de dejar la niñez o están en proceso de hacerlo, lo que es una de las razones por las cuales las demás tribus urbanas odian a los Emo. Los ven como muchachitos disfrazados que no tienen ninguna filosofía y que se roban sus símbolos. Además, se han ganado el estigma de ser vistos como niños bien (la mayoría son de clase media y alta) que viven deprimidos y se cortan la piel para llamar la atención. Ese puede ser el caso de Sofía Acosta*, quien sube las mangas de su saco y muestra con timidez las cicatrices en los brazos que le han quedado después de las muchas cortadas que se ha hecho con un bisturí. La tristeza le empezó con la separación de sus padres, cuando tenía 12 años, y se manifestó primero con la bulimia. Hoy tiene 14 y ya no vomita, pero en cambio se hace esas cortadas cuando está triste. "Cuando me corto no pienso en nada. Simplemente cuando veo las cicatrices, me acuerdo de por qué me las hice y pienso que fue tenaz pero que salí y ya estoy bien", dice.  Pero recientemente los Emos empezaron a negar que fueran personas tristes e incluso rechazan a quienes se cortan. "Al comienzo ellos subrayaban mucho en su discurso el tema de la tristeza, pero últimamente lo hacen menos, como si hubieran entendido que era algo que no debían hacer. Cuando uno habla con ellos se da cuenta de que son personas alegres, común y corriente", explica Fabián Sanabria, antropólogo investigador de las culturas juveniles.También están cansados de que les digan que todos son homosexuales y bisexuales, aunque no esconden que dentro del movimiento hay muchas personas que sí lo son. Estefanía es una Emo de 19 años que estudia diseño industrial. Ella piensa que estas preferencias no son exclusivas de los Emos y que quienes los persiguen por ello en el fondo están inseguros de su propia sexualidad.Sanabria da una de las razones por las cuales cree que los Emos les caen mal a tantos. "Las demás culturas juveniles muestran virilidad y exigen que sus miembros no se vean débiles. Detestan a los Emos porque les parece que tienen una forma arribista de expresar sus sentimientos, que si uno está deprimido no lo debe decir. Pero la belleza de los Emos justamente es que muestran su fragilidad", asegura.Cuando alguien le pregunta a un Emo por qué cree que son tan aborrecidos, encuentra una respuesta unánime: la envidia. Leonardo Valenzuela es el cantante de Dformes, tal vez la banda del país a que más se asocia con los Emos. Aunque no se considera uno de ellos, piensa que quienes los odian lo hacen en parte porque "en los grupos de Emos siempre hay muchas viejas. Los Emos levantan (conquistan) más niñas que cualquiera. Además son chinos de 14 años que tienen bandas que son las que más mueven la industria en este momento y eso le da rabia a un 'man' que lleva toda la vida tocando".Los Emos piensan que lo suyo, más que una moda pasajera, es un estilo de vida, y por eso exigen respeto y piden que los dejen en paz. Les reclaman a las demás culturas juveniles el hecho de que hablen de libertad de expresión mientras los atacan por su forma de ser. El concierto llega a su final y los que están en grupos salen felices a la calle. Los más solitarios llevan la cabeza agachada, tal vez no por la tristeza que se les atribuye, sino por el miedo a ser atacados en la próxima esquina. * Nombres cambiados.