Cumpliendo el cronograma y tras un esfuerzo institucional enorme, nuestros mejores académicos e investigadores entregaron un mapa de ruta para transformar el activo más preciado de la patria: la educación de los ciudadanos.  El texto de 293 páginas es poesía pura, enamora e ilusiona desde la primera página. Las conclusiones de la Misión de Sabios construyen un puente conceptual hacia una sociedad del conocimiento, para una Colombia que se eduque y pacifique por la vía de las letras, las artes, el diálogo y la justicia social. Pero a ciencia cierta, ¿qué tanto servirá esta misión para mejorar nuestros estándares educativos, científicos y tecnológicos? Tengo el pálpito que solo una pequeña porción de las 65 recomendaciones que entregó la Misión serán adoptadas. Las elegidas serán aquellas que fortalezcan el centralismo político, mantengan el statu quo y no desafíen los poderes locales. Por ejemplo, convertir el desmantelado Colciencias en un Ministerio de Ciencia y Tecnología, es una decisión políticamente atractiva, que da puestos y que solo requiere de meros trámites en Bogotá, por eso la reacción fue rápida y ya se firmó el decreto presidencial (en plenas protestas).  Por otro lado, están las recomendaciones importantes pero inviables políticamente. Así es la recomendación 27 que dice: “Se desarrollará una política nacional de datos abiertos que favorezca la democratización del conocimiento, la transparencia y el empoderamiento ciudadano y regional”. Esa iniciativa existe hace años, incluso ya es ley de la república, pero se burlan de ella impunemente tanto ministros como presidentes. Por ejemplo, en temas de seguridad, hay un oscurantismo planificado, desde el Gobierno anterior se decidió ocultar las estadísticas oficiales de manera que ningún académico, periodista, analista o incluso sabio puede revisarlas.  La misión de sabios responde muy bien la pregunta ¿a dónde queremos ir? Pero sin entender del todo el ¿por qué estamos donde estamos? Queda entonces una brecha cuántica entre el inconformismo del presente y el futuro soñado de nuestro sistema educativo. Las recomendaciones de la Misión son necesarias, pero insuficientes para superar las condiciones medievales de la educación que reciben millones de colombianos.  Hoy y aquí, el problema no es solo del modelo educativo, la motivación profesoral, la falta de protección ambiental o la necesidad de buscar financiación para iniciativas científicas. Los problemas de la educación y las ciencias también son derivados de la corrupción, el clientelismo, la violencia y la negligencia, condiciones bien incrustadas en las entidades nacionales y territoriales.   La palabra corrupción aparece por primera vez en el texto de los sabios en la página 164 y por segunda vez en la 167 en dos párrafos que no dicen mucho, después desaparece y no se incluye el asunto de la corrupción en las conclusiones. ¿Es posible hablar de cambios estructurales en la educación/ciencia/tecnología sin hablar de corrupción? No. La palabra clientelismo, que es el cáncer de la calidad educativa con los nombramientos a dedo de profesores, directivas y la firma de contratos, no aparece ni una vez. Tampoco encontré una referencia sobre “fraude”, ni “detrimento”, ni “delito”, ni “crimen organizado”, ni “condenas” o “desfalco”.  En el extenso texto de los sabios se habla insistentemente de las amenazas al medio ambiente pero paradójicamente no se refiere ni una sola vez al asesinato y las amenazas de los profesores y directivas escolares en las zonas de conflicto, no hay ni siquiera un mensaje solidario a los familiares de quienes por la educación han entregado su vida. La última sorpresa por ausencia en el texto, es que no reconoce que existe un sindicato que se llama Fecode y que estos llevan años oponiéndose y con mucho éxito a cualquier reforma seria orientada a la calidad de la educación, ni lo nombra.    A la Misión de Sabios le faltó pragmatismo y le sobró ingenuidad. ***  Recorderis: Hace dos años a Colciencias le quitaron 1,2 billones de pesos dizque para hacer vías terciarias que eran urgentes para la paz, ni la Misión de Sabios ni nadie ha pedido cuentas de cómo se usó esa plata en pleno año electoral.