ÓboloNi solo, ni huérfano, ni desamparado,puedo sentirme.No puedo decir que algo me faltao me sume en la derrota.Tampoco llamar a la tristezapara que haga los oficios de la casa.Ni puedo alegar razonesporque el mundo no es como lo creo.No, no puedo, con tanta queja,convertirme en el ciegoque palpa y maldicela moneda de oro que se le entrega.Lugar comúnSi les dijeranque todo aquello es amor,lo negarían.Viven un hechizo y no se dan cuenta.Pero él se desespera si no la ve,y ella acude en su buscasi no lo encuentra.Sentados en el bar,podrían pasar la vida entera.Dos que no sabenque son uno,y que para reunirlosse movió de su sitioel universo mismo.Y hablan y hablan(de todo y nada en apariencia),sin saberque es del amor que hablan.El donNingún lugar mejorque la ciudadpara pensar en ciervosy bosques,para hacer del momentouna pura ensoñación,la vida que queremosy no existe,o existe en otra parte.Venados, osos, perros,montes y lagos,y en el camino que trazael candilde una luna de hielo,un hombrecon la pieza de cazaa cuestas.Por un instantesoy aquélque, primitivo,se libra al destinode un mundo naciente y áureo.Y pacta acuerdoscon la ruda Leyque le ofrece por sueñola vida.La vida salvaje y bella,donde copular, cazar, pescar,cambiar con el tiempo nómade,es suficiente,y donde no cabeilusión distintaa la labor de cada día,y el sueño es el simpledescanso,el dios que vela tus fatigas.Y vivir, el don.