Los peces de agua dulce primaron en la investigación científica de Javier Maldonado. Sin importar cuan escurridizos eran los ejemplares que estudiaría, el ecólogo con corazón de biólogo siempre fue paciente y supo aguardar el momento indicado para encontrarlos en medio de la corriente. Actualizar la lista de los peces que nadaban por los ríos colombianos fue la gran apuesta durante sus cuarenta y dos años de vida. En 2008 ya había hecho un consolidado sobre estas especies, pero en 2017, Maldonado decidió revisar con lupa esta base de datos para depurar y añadir los ejemplares que habían sido omitidos en su momento, dijo Guido Herrera, uno de los siete profesionales que lo apoyó en esta labor. Ese año el equipo entregó el Catálogo de Piezas de Agua Dulce de Colombia donde quedaron registradas 1.494 especies esparcidas en cada región hidrográfica. Amazonas contaba con 706, Orinoco, 663; Caribe, 223; Magdalena y Cauca, 220 y Pacífico, 130. En contexto: Investigador fallecido en el río Vaupés había hecho el listado de peces más grande de la Amazonia Entender la clasificación taxonómica de un pez o diferenciarlos por los nombres complicados de sus familias, es una tarea casi imposible para quien no pertenece al mundo de la ictiología. Sin embargo, Javier hacía que cualquier persona se acercara a esta rama de la zoología para comprender el valor de estos animales.

Foto: Este pez tiene un cuerpo robusto que es atravesado por una línea lateral amarillenta con algunas escamas plateadas. Parque Jaime Duque /Twitter. La Guapucha es una especie endémica del altiplano cundiboyacense y una de las primeras en ser descubierta por Alexander Von humboldt a su llegada al país. Y a pesar de que no pertenece a sus descubrimientos, la Grundulus bogotensis, como es conocida científicamente, se convirtió, quizás, en el espécimen más apreciado por Javier. “La Guapucha era un eje sentimental para él”, comenta David Mayorga, editor web de Pesquisa Javeriana. De niño, Javier veía cómo este pececito, que no supera los ocho centímetros de longitud, abundaba en los raudales de su natal Ubaté. Incluso, le contó a David sobre la oferta gastronómica que encabezaba la Guapucha en los años ochenta, cuando las aguas eran menos contaminadas. “Las asaban y las vendían en paquetes con maíz tostado. Era un plato muy típico de la laguna de Fúquene”, le mencionó en alguna oportunidad. Casi cuatro décadas después, el écologo obtuvo la aprobación de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad Javeriana para iniciar dos investigaciones sobre esta especie en 2016 y así explicar por qué la Guapucha se volvió prácticamente inconsumible.

Foto: Una de las preocupaciones de Javier era que la población de estos peces disminuyera tanto que pasaran a ser un dibujo en los libros de biología. Cortesía Pesquisa Javeriana. “Se había hecho estudios para indagar sobre aspectos básicos de la biología de la especie, de qué se alimenta, cómo es su reproducción, pero aún existen vacíos importantes de conocimiento que estamos intentando llenar”, explicó Javier en el artículo donde se recopilaron los resultados del estudio. El docente javeriano recolectaba, diseccionaba y disecaba las muestras obtenidas para mirar qué transformaciones a nivel genético habían sufrido las Guapuchas a través de los años. Los residuos de la industria lechera y los metales pesados que eran -y siguen siendo-  arrojados al río Bogotá han causado gran daño a esta especie, concluyó el informe.

Foto: El bagre subterráneo proviene de dos especies antiguas que habitaban en la Orinoquia y Amazonia colombiana cuando los afluentes se conectaban. Cortesía Pesquisa Javeriana. El humor también tenía cabida en los hallazgos del científico. La aparición de este bagre con forma de gusano -que servía de alimento para las gallinas de una finca del piedemonte llanero- despertó la creatividad de Javier al momento de nombrarlo. —¿Se llamaría Phreatorius yopalensis, por Yopal? —le preguntaron a Maldonado-. —“Podría ser también Phreatorius gallinensis”—respondió. Uno de los investigadores del Laboratorio de Ictiología de la Javeriana, que acompañaba a Javier en un recorrido por la cuenca del Orinoco, se percató de la presencia de un inusual visitante en un balde de agua. Al escudriñar en las profundidades de un aljibe, donde los campesinos habían recolectado el líquido, el ictiólogo se dio cuenta de que no eran gusanos sino peces subterráneos con ojos imperceptibles, que se valen de sus bigotes para orientarse. Pero al tener una gran similitud con las lombrices de tierra, los pobladores los consideraban bocadillos para las gallinas.

Foto: Las características de este pez varían según la edad y el sexo. Jorge Enrique García Melo /Pesquisa Javeriana Entre 2014 y 2018 Javier realizó un total de ocho expediciones donde Parques Nacionales, Amazon Fish, Amazon Conservation Team y el Instituto SINCHI se convirtieron en aliados colaborativos de su trabajo. Durante la expedición por el área de transición en la región Andina, Orinoquia y Amazonia (2016), Javier y su equipo hallaron este pez, de figura aplanada, en la cuna del zapateo colombiano y por eso lo nombraron bajo el baile representativo de la zona: Chaetostoma joropo. Puede leer: Universidad Javeriana realizó vigilia para conmemorar a Javier Maldonado Aunque los ojos brillantes de este animal resaltan en el centro de su cabeza, lo cierto es que este pez en particular difiere de todas las especies conocidas en la cuenca del río Orinoco. Según el portal PlanetCatFish el género Chaetostoma no suele tener manchas oscuras en el cuerpo o en las aletas. Solo en las especies provenientes de otros países se conocían estas características y Javier tuvo el privilegio de demostrar que en Colombia también existían.

Foto: Los resultados de la investigación donde se halló este ejemplar están consignados en The Field Museum of Natural History. Alexander Urbano /Pesquisa Javeriana Este translúcido pez fue otro de los descubrimientos que hizo el ictiólogo mientras surcaba los ríos del Bajo Caguán, en el departamento del Caquetá, el año pasado. Esta pequeña sardina al ser una especie inédita dentro de su género recibió el nombre de Hemigrammus sp. nov. Y de acuerdo a la experiencia de Guido Herrera, estudiante y posterior compañero de Javier, esa denominación indica que no tiene una descripción formal, tarea que deberán realizar otros investigadores para culminar el trabajo que Javier inició.