Hablar de pobreza, empleo y bienestar en Colombia no puede ser un ejercicio frío de cifras ni de cuadros estadísticos. Detrás de cada indicador hay una familia, una madre, un padre, un joven buscando su primera oportunidad, un adulto mayor que espera mejores condiciones y una comunidad que quiere vivir con dignidad.

Por eso, desde Caldas queremos compartirle al país una noticia que nos anima, pero que también nos compromete: en 2025 logramos reducir la pobreza multidimensional al 7,9 % frente al 9,2 % registrado en 2024. Eso significa que 13.599 personas salieron de esa condición en el último año. No es una cifra menor. Es la demostración de que cuando la política pública se ejecuta con responsabilidad, los resultados empiezan a sentirse en la vida real de la gente. Aun así, ese 7.9 % nos sigue doliendo e incentivando a trabajar día a día para reducirlo.

A este avance social se suma otro dato relevante. Según el más reciente informe de mercado laboral por departamentos del Dane, Caldas registró una tasa de desempleo de 9,1 %, la más baja para el departamento desde 2015, y se ubicó como el octavo departamento con menor desempleo entre los 23 territorios medidos en el país. Además, el número de personas ocupadas pasó de 444 mil a 468 mil, lo que significa que hay más caldenses trabajando y generando ingresos para sus familias.

Pero estos resultados no aparecen de la nada. Se construyen todos los días, con decisiones concretas y con presencia institucional en los territorios.

La pobreza no se reduce solo con subsidios ni con discursos. Se reduce, por ejemplo, cuando una familia recibe una vivienda digna y deja de sufrir cada invierno. En Caldas ya hemos construido en estos dos años de gobierno 547 viviendas del Plan Departamental de Desarrollo y tenemos 220 más en ejecución y en proceso de contratación; la meta es llegar a 800 soluciones de vivienda durante el cuatrienio, pero estaremos por encima de este número. Cada casa entregada no es solo una obra física: es estabilidad, salud, tranquilidad y una oportunidad para que una familia empiece una nueva etapa.

También se reduce la pobreza cuando los niños permanecen en la escuela. Por eso, el Plan de Alimentación Escolar es mucho más que un programa de comida. Es una estrategia social para garantizar permanencia educativa, aliviar la carga de muchas familias y proteger el futuro de nuestros niños, especialmente en las zonas donde ese alimento puede ser el más importante del día. Este plan, que en principio debe ser financiado del todo por el Gobierno nacional, ha necesitado de la adición de importantes recursos de la gobernación para que funcione todos los días del calendario escolar y de forma óptima.

La pobreza se enfrenta, además, con infraestructura. Unos metros de placa huella pueden cambiar la vida de una vereda, un acueducto mejora la salud de una comunidad, un alcantarillado dignifica un barrio, una escuela intervenida cambia positivamente las condiciones de aprendizaje, un escenario deportivo aleja a los jóvenes de los riesgos y les abre espacios de convivencia, un centro vida fortalecido protege a nuestros adultos mayores.

Hoy tenemos más de 80 obras en ejecución en distintos frentes y todas apuntan a lo mismo: cerrar brechas, generar bienestar y mover la economía local. Porque una obra pública bien ejecutada no solo aporta a la calidad de vida, también genera empleo, compra materiales, activa proveedores, moviliza transporte, dinamiza el comercio y crea oportunidades para trabajadores de cada municipio.

A esto se suman los esfuerzos para fortalecer a los microempresarios, mejorar infraestructura hospitalaria, educativa y deportiva, acompañar proyectos productivos y llevar inversión social a los municipios. Cuando se interviene una vía terciaria, no solo se facilita el paso de los vehículos: se abre la posibilidad de que un campesino saque sus productos, de que una familia llegue más rápido a un centro de salud o de que un niño pueda ir a estudiar en mejores condiciones.

No decimos esto para cantar victoria, sería irresponsable hacerlo. En Caldas, como en muchas regiones de Colombia, todavía hay brechas profundas, especialmente en la ruralidad. Todavía hay familias que necesitan vivienda, vías, servicios públicos, conectividad, educación de calidad, atención en salud y oportunidades productivas. Pero, precisamente por eso, estos resultados importan porque muestran que sí es posible avanzar cuando el Estado llega con obras, programas y decisiones concretas.

Falta mucho, por supuesto, pero vamos por el camino correcto. Y desde esta tierra cafetera, enclavada en el corazón del país, queremos decir con humildad y con convicción: en Caldas los hechos hablan.