Después de dos días de discusiones intensas, el XXI Curso Interamericano de Elecciones y Democracia dejó una radiografía preocupante pero necesaria sobre el estado de la institucionalidad democrática en América Latina. El encuentro, realizado el 24 y el 25 de noviembre en el Hotel Grand Hyatt, en Bogotá, reunió a 140 participantes de 17 países y a expertos nacionales e internacionales en materia electoral, quienes coincidieron en que la región enfrenta “retos persistentes y nuevos desafíos” que exigen mayor articulación y firmeza institucional.

Hernán Penagos, registrador nacional, abrió el curso con una advertencia: “La democracia no pasa por su mejor momento”. Recordó que en Colombia se han realizado cerca de veinte elecciones en un año, un ciclo sin precedentes que exige instituciones sólidas y mensajes unificados. Alertó además sobre el deterioro del contexto regional, marcado por intentos de modificar constituciones para ampliar poderes: “Ese constitucionalismo abusivo está generando falta de garantías electorales”. También señaló que la seguridad será un factor crítico en 2026: “Vamos a asistir a un proceso electoral con circunstancias de orden público que hay que atender con juicio”.

José Thompson, director del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, contextualizó el panorama latinoamericano con un mensaje que resonó entre los asistentes: “Si la Carta Democrática Interamericana se votara hoy, no habría consenso para aprobarla”. Según Thompson, la expansión de discursos de odio y la manipulación informativa ha debilitado los pilares democráticos: “La verdad es ahora una mercancía en disputa”. Y recordó que la región enfrenta fisuras que, si no se atienden, pueden convertirse en crisis profundas que afecten la confianza ciudadana.

Uno de los momentos más esperados fue el panel sobre garantías para la integridad electoral en 2026, en el que participó el registrador Penagos junto con Gregorio Eljach, procurador general, y Carlos Hernán Rodríguez, contralor general. Eljach advirtió sobre la proliferación de candidaturas sin identidad programática, un fenómeno que calificó como “una debilidad del sistema político colombiano. No por más partidos vamos a tener mejor democracia”. Además, insistió en que la falta de coherencia afecta la confianza ciudadana: “El exceso de apasionamiento irracional nos está matando”.

Rodríguez, por su parte, centró la discusión en el manejo de los recursos públicos. Reveló que la Contraloría detectó un aumento significativo de la contratación en la última semana antes del cierre de la Ley de Garantías: “Hay que encender las alarmas”. Asimismo, subrayó la necesidad de un acuerdo nacional para respetar los resultados del próximo ciclo electoral: “El primer desafío ya se superó: sí habrá elecciones. Ahora necesitamos que todos acepten sus resultados”. También llamó a la prudencia en el lenguaje político para evitar tensiones innecesarias.

Los riesgos

Los panelistas coincidieron en que la desinformación es hoy el mayor adversario de la democracia. Penagos lo sintetizó con un ejemplo estremecedor: “La confianza se tarda años en ganar y segundos en destruir”. Recordó el caso de una funcionaria en Gamarra, Cesar, asesinada por una noticia falsa, una señal de que la manipulación digital puede escalar rápidamente a la violencia. Eljach añadió que casos recientes que involucran posibles infiltraciones de grupos ilegales deben ser investigados con celeridad para evitar que un “manto de duda afecte la transparencia electoral”.

El curso también dejó reflexiones profundas sobre el papel de la ciudadanía y, en particular, de los jóvenes. Penagos destacó la movilización reciente de más de un millón y medio de jóvenes en los consejos de juventud, señalando que la participación temprana fortalece los valores democráticos. Rodríguez fue directo: abstenerse es “permitir que otros decidan el futuro del país”. Eljach insistió en que votar, incluso en blanco, es un acto de responsabilidad cívica: “Los jóvenes tienen hoy una inteligencia electoral que no debemos subestimar”.

Más allá de las alertas, la conclusión general del encuentro fue de oportunidad. América Latina enfrenta riesgos evidentes, desde la manipulación constitucional hasta la erosión de la confianza y el avance de la desinformación, pero también cuenta con instituciones que resisten y con una ciudadanía que, cuando se convoca, responde. El reto, coincidieron los expertos, es sostener esa energía cívica y fortalecer las capacidades institucionales: reglas claras, presupuestos soberanos, controles efectivos y un discurso público que no renuncie a la verdad.

El XXI Curso Interamericano de Elecciones y Democracia dejó claro que la defensa de la democracia no es una tarea exclusiva del Estado ni de los organismos electorales, sino una responsabilidad compartida. Como resumió Thompson, “sin elecciones no hay democracia, pero la democracia es mucho más que elecciones”. En tiempos de incertidumbre, el mensaje final fue simple y contundente: la democracia se protege participando, informándose y exigiendo integridad a quienes aspiran a gobernar. Los asistentes coincidieron en que la cooperación internacional es clave para enfrentar riesgos comunes, un reto que ningún país puede asumir solo.