En Buenaventura la democracia no se da por sentada. Se construye. En medio de desafíos históricos, desigualdad y una relación distante con la política, una nueva generación decidió dar un paso al frente para cuidar cada voto y hacerse escuchar.
SEMANA se adentró en este territorio del Pacífico colombiano para registrar una historia distinta: la de jóvenes que dejaron de ser espectadores para convertirse en protagonistas del proceso electoral. En Buenaventura, donde por años muchos sintieron que la política no los representaba, hoy son ellos quienes buscan transformarla desde adentro.
Lejos de los estereotipos que reducen a la juventud a la cultura o la música, el especial muestra liderazgo, organización y compromiso. Jóvenes como Johaner Delgado y Jhorman Pinillos asumieron el rol de testigos electorales, una tarea clave para garantizar la transparencia de la jornada. Su misión es clara: vigilar que cada voto sea respetado y que los resultados reflejen la voluntad ciudadana.
Para ejercer esta función deben estar acreditados por el Consejo Nacional Electoral, entidad que además ha fortalecido herramientas tecnológicas para facilitar la participación y el control electoral desde los territorios. En este contexto, la tecnología y la organización juvenil se convierten en aliados para blindar la democracia.
El especial no solo retrata una jornada electoral, sino un cambio de mentalidad. Para estos jóvenes participar no es solo votar: es incidir, proponer y disputar los espacios de decisión. Es también una forma de romper con la idea de que la política pertenece a otros.
En Buenaventura demuestran que la democracia también se defiende desde la juventud. Y cuando los jóvenes dan un paso al frente, no solo cuidan las urnas, también empiezan a transformar el país desde sus territorios.