La Procuraduría General lanzó la nueva etapa de la estrategia Paz Electoral, con la que busca reforzar la vigilancia frente a la participación indebida en política de funcionarios públicos y prevenir posibles irregularidades durante la campaña presidencial.
Pero más allá de la vigilancia disciplinaria, el mensaje del procurador general terminó teniendo un fuerte componente político e institucional: evitar que Colombia llegue a las elecciones convencida de que “todo está arreglado” o de que las instituciones ya no sirven.
El procurador Gregorio Eljach habló sobre el desgaste en la confianza ciudadana, defendió la legitimidad de las elecciones legislativas de marzo, alertó sobre los riesgos de violencia en regiones como Cauca y Catatumbo y pidió no convertir las sospechas en acusaciones sin pruebas. También insistió en que el país necesita recuperar cierta esperanza democrática en medio de la polarización.
Se lanza Paz Electoral 2.0 después de una primera etapa que estuvo enfocada en las elecciones legislativas. ¿Qué les dejó ese primer ejercicio y qué cambiará para las presidenciales?
Gregorio Eljach (G.E.): Nos dejó una experiencia importante porque la gente pudo ver que sí era posible sacar adelante unas elecciones tranquilas. No hubo fraude, nadie se robó las elecciones y los colombianos pudieron salir a votar libremente. Eso hoy parece sencillo decirlo, pero no lo es, porque estamos viviendo una época donde todo el mundo duda de todo y fácilmente se instala la idea de que las instituciones no funcionan.
Y hubo otro dato muy importante: derrotamos la abstención. Por primera vez fueron más los colombianos que salieron a votar que los que decidieron no hacerlo. Eso manda un mensaje poderoso sobre la democracia y sobre la necesidad de seguir defendiendo las instituciones.
Ahora entramos en otro escenario porque las elecciones presidenciales son mucho más sensibles, generan más tensión, más polarización y mucho más apasionamiento político. Por eso esta nueva etapa de Paz Electoral está concentrada especialmente en evitar que funcionarios públicos utilicen el poder del Estado para intervenir en política o para favorecer campañas.
Un servidor público no puede usar recursos públicos, contratos, amenazas o presiones para torcer la voluntad de los ciudadanos. No puede intimidar funcionarios ni decirles por quién votar. Cualquier forma de presión contra la libertad del elector está prohibida y tendrá consecuencias.
¿En qué consiste esta nueva fase de Paz Electoral?
G.E: Durante la primera parte de Paz Electoral, promovimos la realización de unas elecciones transparentes, seguras y conscientes, y buscamos que se respetaran los resultados de las urnas el pasado 8 de marzo; fue un éxito absoluto. No hubo fraude, fueron seguras y nadie las puso en duda.
Esta segunda parte está dirigida a evitar la indebida participación en política de los servidores públicos. Es una estrategia comunicacional con alto sentido pedagógico. Queremos que los funcionarios no crucen la línea de la indebida participación en política, porque aunque vamos a enfocarnos en la prevención, si incurren en las faltas, tendrán consecuencias.
Usted ha insistido mucho en las regiones más apartadas del país. Parece fácil hacer monitoreo en las grandes capitales, pero, ¿qué tan difícil es controlar lo que ocurre en la Colombia profunda?
G.E.: Muy difícil. Hay territorios donde ni siquiera existe una comunicación estable por celular. Son regiones históricamente abandonadas y con enormes dificultades institucionales. Pero precisamente por eso el trabajo tiene que ser más preventivo y pedagógico.
Nosotros queremos que los funcionarios entiendan claramente qué pueden hacer y qué no en medio del proceso electoral. Vamos a llevar este mensaje a alcaldes, gobernadores, personeros y servidores públicos en todo el país para evitar que se crucen líneas que la ley prohíbe.
En la primera etapa de Paz Electoral insistieron mucho en devolverle confianza a la gente frente a las elecciones. ¿Qué quieren transmitir ahora?
G.E.: Que las instituciones hay que defenderlas. Eso es lo único que le da estabilidad a una democracia. Claro, la gente tiene derecho a desconfiar, a preguntar, a exigir garantías y transparencia, pero otra cosa muy distinta es señalar delitos sin pruebas o instalar la idea de que todo está perdido antes de votar.
La invitación es a que los colombianos voten libremente, por quien quieran, incluso en blanco si así lo desean, pero que no se dejen presionar ni intimidar. Y también necesitamos que las denuncias se hagan con responsabilidad.
A veces nos mandan una foto o un video diciendo que alguien está participando en política, pero necesitamos saber quiénes son esas personas, qué cargo tienen, qué fue exactamente lo que pasó. Nosotros tenemos que respetar el debido proceso, la presunción de inocencia y todas las garantías constitucionales. No podemos actuar simplemente por rumores o señalamientos generales.
Hoy pareciera existir una sensación generalizada de que las elecciones ya están arregladas o de que puede haber fraude. ¿Qué mensaje le manda a esos colombianos?
G.E.: Lo primero es que no podemos caer en el pesimismo ni en la idea de que aquí ya no hay nada que hacer. Colombia no puede entrar a unas elecciones pensando que todo está perdido porque eso termina debilitando todavía más las instituciones.
En marzo nadie se robó las elecciones. Hubo observación, vigilancia y acompañamiento. Todo el mundo tiene derecho a cuestionar y a vigilar, pero no podemos convertir sospechas en verdades absolutas ni acusar sin pruebas.
Hay mucha tensión política, mucho apasionamiento y mucha sensibilidad. Y eso puede llevar a comportamientos equivocados, a violencia, ataques entre campañas o intentos de deslegitimar el proceso electoral. Tenemos que aprender a vivir las elecciones con tranquilidad y respetar que el otro vote distinto. Una democracia sin legitimidad es una democracia muy débil.
¿Qué tanto le preocupa el orden público para las presidenciales?
G.E: Muchísimo. Hay regiones particularmente sensibles como el Catatumbo, Arauca, el Cauca, algunas zonas del Chocó y partes de Antioquia donde evidentemente existen riesgos. Pero también creemos que las autoridades tienen experiencia y capacidad para actuar preventivamente.
En las elecciones presidenciales el ambiente se pone mucho más intenso y emocional. Por eso necesitamos reforzar los mecanismos de prevención y garantizar presencia institucional en todo el territorio para evitar que actores violentos interfieran en el proceso electoral.
Usted habló mucho de esperanza durante el lanzamiento de Paz Electoral 2.0. ¿Cuál es el mensaje final que quiere dejarle a los colombianos?
G.E.: La desconfianza tiene explicaciones reales. La gente se cansó de que la engañen, de que le prometan cosas que no cumplen o de sentir que muchas veces la política no responde a sus problemas. Eso genera frustración y distancia frente a las instituciones. Pero también creo que Colombia quiere reaccionar y salir de la indiferencia. El pueblo colombiano quiere escoger libremente al candidato que le dé la gana y hacerlo limpiamente.
Nosotros llevamos más de 200 años construyendo instituciones y no podemos dejar que se destruyan por discursos de odio, falsas alarmas o intentos de sembrar caos. Si la gente participa y vota, las instituciones se fortalecen. Si dejamos avanzar la idea de que nada sirve y que todo está roto, terminamos abriéndole la puerta al desorden, al caos y a más violencia.