Vivimos tiempos en los que una herramienta puede escribir por nosotros, un algoritmo puede decidir qué vemos, y un dato puede volverse viral antes de ser cierto. En esta nueva realidad, donde la tecnología amplifica todo —también nuestras contradicciones— vale la pena preguntarse: ¿Qué es más poderoso hoy: tener poder o saber influir?
Por años, creímos que el poder estaba en el cargo, en el número de seguidores, en la capacidad de decidir sobre otros. Pero la influencia, sutil y constante, ha demostrado ser igual —o incluso más— determinante. Porque mientras el poder impone, la influencia transforma. Y transformar, hoy, es el verdadero desafío.
Las redes sociales y la inteligencia artificial han redefinido nuestras dinámicas de autoridad. Ya no lidera quien más sabe, sino quien más logra ser escuchado. Ya no influye quien tiene la razón, sino quien captura la atención. Y en ese ruido, muchas veces dejamos de pensar para simplemente reaccionar.
Frente a ese escenario, necesitamos algo más que técnicas de persuasión o habilidades de liderazgo. Necesitamos conciencia. Criterio. Creatividad. Porque influir sin propósito es manipular y tener poder sin conciencia, es dominar.
Pensadores como Howard Gardner y Antonio Damasio lo han dicho con claridad: “liderar bien no es solo dirigir. Es movilizar desde el ejemplo, desde la emoción y desde la ética”. No se trata de elegir entre poder o influencia, sino de entender que uno sin el otro pierde dirección.
El poder, solo, se desgasta. La influencia, sola, puede diluirse. Pero cuando se combinan con propósito, pueden construir lo que más nos falta hoy: pensamiento crítico, acción con sentido y liderazgo verdaderamente humano.
Porque en un mundo que premia lo viral y lo inmediato, el verdadero poder está en quien logra que otros piensen por sí mismos. En quien influye para despertar, no para imponer. En quien lidera sin necesidad de gritar. Quizá, entonces, no se trata de decidir entre poder o influencia. Sino de preguntarnos: ¿Desde dónde queremos ejercerlos? ¿Desde el ego o desde el compromiso con algo más grande que uno mismo.
Paula Amado Kattah, gerente de Proyección y Crecimiento de la Universidad EAN.