Soy abogada dedicada a asesorar empresas en dificultades, y mi día a día suele transcurrir entre balances, flujos de caja y estrategias de rescate financiero. La experiencia me ha enseñado una verdad fundamental que a menudo ignoramos en el mundo corporativo: la crisis empresarial es, ante todo, una crisis emocional.

Recientemente, mi propia empresa AC Sorar, enfrentó su prueba más dura. No fue un cambio en el mercado ni un desafío regulatorio, sino la partida de mi hermana y socia. Su ausencia me recordó que, detrás de cada NIT, hay historias de vida, afectos y dolores que ninguna hoja de cálculo puede tabular.

En el entorno empresarial colombiano existe un estigma profundo frente a las crisis y el ‘fracaso’. Muchos líderes prefieren hundirse en silencio antes que admitir que las cosas no van bien. Sentimos vergüenza de confesar que tenemos miedo o que el estrés nos sobrepasa. Pero es precisamente en esos momentos de vulnerabilidad donde como abogada y empresaria puedo asegurar que existen mecanismos legales para atravesar la tormenta de la mejor manera.

Se escuchan aún muchos tabúes sobre los procesos de insolvencia, como si tener deudas fuera pecado, o como si acudir a estos procesos significara una muerte anunciada.

Para un líder que ha construido su reputación sobre el valor de su palabra, un proceso de insolvencia no es solo un trámite legal, es un punto de dolor extremo. Es especialmente devastador para quien siempre tuvo un hábito de pago impecable y hoy ve cómo esa identidad se desmorona ante la realidad financiera.

Esa pregunta punzante —¿me declaro en insolvencia o no?— puede rondar la mente de un empresario durante meses o incluso años. Es un dilema que le roba el sueño y que a menudo se vive en la soledad del silencio para no angustiar a la familia o al equipo de trabajo, manifestándose finalmente en enfermedades físicas producto de un estrés crónico. El miedo a defraudar la confianza de los acreedores y la vergüenza de admitir la fragilidad se convierten en prisiones emocionales.

Es aquí donde la investigación de Morgan Housel nos ofrece una perspectiva transformadora. Él sostiene que “los mayores cambios y las innovaciones más importantes no suceden cuando alguien está feliz”, sino que suelen germinar durante y después de hechos terribles. Según Housel, el progreso real ocurre precisamente cuando los líderes están “asustados, perplejos y preocupados”, y cuando las consecuencias de no actuar de inmediato se vuelven “demasiado dolorosas de soportar”.

Reconocer que la crisis empresarial es intrínsecamente emocional es lo que nos permite aplicar con humanidad los mecanismos legales disponibles para rescatar lo que con tanto esfuerzo se ha construido.

Como abogada y asesora de empresas, entiendo que este dolor no es un destino, sino un catalizador. Al enfrentar la crisis en lugar de ocultarla por vergüenza, abrimos la puerta a una evolución necesaria donde, a pesar de la incertidumbre, la convicción es una sola: “todo siempre será mejor”.

Morgan Housel desarrolla extensamente en sus obras (como La Psicología del Dinero), el término específico “Margen de seguridad”, como aquella brecha entre lo que creemos que va a pasar y lo que puede pasar realmente; es ese “colchón” que nos va a sostener si caemos muy duro.

Es así como contar con una asesoría adecuada y oportuna, funciona como un “margen de seguridad” no solo jurídico y financiero, sino emocional. Este margen permite que el empresario, a pesar de estar “asustado y preocupado”, tenga el espacio suficiente para reflexionar, revisar y transformarse en lugar de ser paralizado por la vergüenza o el pánico.

A mis colegas empresarios que hoy sienten el peso de la incertidumbre les digo hoy con experiencia y firmeza: no permitan que la vergüenza los paralice, admitir la crisis no es una señal de derrota, sino el primer paso hacia la transformación.

Es por esto que los procesos de insolvencia y rescate empresarial no son sólo trámites legales; son mecanismos para navegar momentos cargados de tristeza y estrés; a veces, la mejor estrategia financiera es secundaria frente a una decisión que le devuelva la paz mental al empresario.

Invito a mis lectores a ver la “vergüenza” de la crisis no como un final, sino como el estado de alerta necesario para descubrirse, cambiar, y mejorar.

El margen de seguridad es lo que todos los empresarios intentamos construir para evitar la insolvencia, pero cuando esta llega, la asesoría legal, financiera y emocional se convierte en ese nuevo margen que permite que el corazón de la empresa siga latiendo a pesar de la crisis.

Catalina Hernández Prada, directora Legal de AC Sorar SAS - Estrategias Legales y Financieras