El sistema de salud colombiano vive un momento decisivo. La presión financiera, las reformas en discusión y un paciente cada vez más informado y exigente están obligando al país a replantear la manera en que entiende, organiza y entrega la atención. No se trata solo de ajustar costos o depurar procesos; se trata de elevar el estándar, integrar la tecnología y asumir que la excelencia debe ser un principio innegociable. En este contexto, la industria de dispositivos y tecnologías médicas cumple un papel fundamental: ser un aliado que acompaña, impulsa y transforma.
Siempre he creído que la tecnología no es un gasto, sino un habilitador de excelencia. En un entorno complejo, donde los recursos son limitados y las necesidades clínicas aumentan, la innovación se convierte en una herramienta estratégica. La tecnología de precisión permite cirugías más seguras, menos complicaciones y mejores resultados clínicos. Implementarla no solo beneficia al paciente; también mejora la eficiencia institucional, fortalece la toma de decisiones y evita pérdidas operativas. La evidencia global demuestra que los sistemas de salud que invierten en tecnología reducen tiempos quirúrgicos, optimizan camas y evitan reprocesos costosos. En Colombia, ese salto es urgente.
También estoy convencida de que la calidad no se negocia. Los desafíos financieros no pueden convertirse en una excusa para sacrificar estándares. La calidad es el corazón de cualquier sistema sostenible, y mantenerla exige un compromiso compartido entre EPS, IPS, el sector público y las empresas del ecosistema de salud. La excelencia clínica no solo aumenta la seguridad del paciente; también fortalece la sostenibilidad financiera, reduce complicaciones, acorta los tiempos de recuperación y permite que los recursos se utilicen de manera responsable. La calidad salva vidas, pero también salva sistemas.
Al mismo tiempo, la integración tecnológica es un motor de equidad. La fragmentación actual del sistema y las brechas en digitalización abren oportunidades para avanzar hacia modelos más integrales. La tecnología bien aplicada—desde la navegación robótica y el monitoreo intraoperatorio hasta la automatización y la interoperabilidad—democratiza el acceso, estandariza procesos y reduce la variabilidad. Países como Brasil y México ya demostraron que la inversión estratégica y la colaboración multisectorial pueden convertir la innovación en un instrumento de equidad. Colombia tiene el talento, el conocimiento y la visión para hacerlo realidad.
A estos pilares se suman dos emociones que hoy atraviesan al sistema: incertidumbre y esperanza. Incertidumbre por los cambios, por la presión presupuestal y por la necesidad de tomar decisiones rápidas. Pero también esperanza, porque nunca el país había tenido una oportunidad tan clara para transformar el futuro de la salud. La tecnología no reemplaza al humano; lo potencia. El profesional se vuelve más preciso y el paciente, más seguro.
Por eso, la tecnología y la calidad no son negociables. No se sacrifican; se integran para hacernos más eficientes, más responsables y, sobre todo, más humanos al enfrentar las patologías que cambian la vida de las personas. Ese es el camino para construir un sistema de salud sostenible, competitivo y de clase mundial, donde la innovación con propósito transforme vidas y fortalezca a las instituciones que cuidan de ellas.
Viviana Lemus, directora general de Colombia Globus Medical