Hugo Chávez tenía afán por ocupar el Palacio de Miraflores. Cuando fue elegido presidente, el 6 de diciembre de 1998, ya le había pedido de manera pública y privada al entonces mandatario, Rafael Caldera, que le entregara el poder al día siguiente de las elecciones. Por supuesto, Caldera se negó y sólo lo hizo dos meses más tarde, el día fijado por la Constitución. Diez años después, Chávez no tiene ningún apuro en dejar el poder. Según dejó claro en los últimos días, “es muy temprano para la retirada” y se autopostuló desde ya candidato a las elecciones de 2012. El ex militar golpista ordenó a sus seguidores perseguir la reelección indefinida que ya había sido rechazada en las urnas en el referendo constitucional de diciembre de 2007. La suma de carisma y excesos verbales de Chávez lo han convertido en un personaje mundial. La lista de insultos es larga. Ha llamado “cachorro del imperio” al mexicano Vicente Fox y “Vito Corleone” al presidente Álvaro Uribe. El rey Juan Carlos de Borbón se hizo célebre por mandarlo a callar. Pero es al presidente estadounidense George W. Bush a quien ha convertido en su ‘pera de boxeo’ verbal. Lo ha llamado “Mister Danger”, “borracho” y, en su salida más famosa frente a las Naciones Unidas, “el diablo”. El venezolano ha sido un presidente viajero. Según cuentas de la oposición, si se suman todas sus giras, Chávez ha pasado cerca de 500 días fuera de su país. Ha buscado aliarse con cualquier gobierno que comparta su retórica antiimperialista, como Cuba, Irán, Rusia y Bielorrusia, entre otros. También ha tratado de exportar la revolución bolivariana en el continente. Su ambiciosa (y costosa) política exterior lo ha llevado a apoyar candidatos en diferentes lugares. Varios de sus aliados políticos han resultado elegidos, como el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa o el nicaragüense Daniel Ortega. Otros han sido derrotados, como el peruano Ollanta Humala. Pero es en su país donde se vive el legado de Chávez. La llegada del autoproclamado socialista del siglo XXI ha transformado profundamente a Venezuela. Hasta sus críticos admiten que su gobierno le dio relevancia a la cuestión social. “Chávez, sin saber bien qué hacer con el problema, sin embargo lo sacó de debajo de la mesa nacional y lo colocó encima de ella. Hoy el discurso político, económico, general del país tiene como aspecto central la cuestión social y la lucha contra la pobreza”, dijo a Semana.com Teodoro Petkoff, dirigente opositor y director del diario Tal Cual. “Ahora, que en la práctica Chávez, más allá de programas sociales financiados por ingresos petroleros extraordinarios, no haya podido hacer nada de tipo estructural para combatir la pobreza es otro aspecto”. El gobierno de la boina roja ha polarizado a la sociedad venezolana, y el enfrentamiento ha alcanzado niveles intolerables. “La discriminación política ha sido una característica definitoria de la presidencia de Chávez”, asegura el informe de Human Rights Watch que le costó la expulsión de territorio venezolano a su director para las Américas, José Miguel Vivanco, en septiembre. “Otra (...) ha sido el desprecio manifiesto del principio de separación de poderes consagrado en la constitución de 1999”, dice en otro pasaje el documento, que lista una variedad de actos discriminatorios que van desde el despido de opositores políticos de la empresas del estado hasta los ataques contra los medios de comunicación. De entrada, el título es demoledor: “Una década de Chávez, intolerancia política y oportunidades perdidas para el progreso de los derechos humanos en Venezuela”. Con su ofensiva de los últimos días contra los opositores elegidos alcaldes y gobernadores, Chávez le da la razón. En la Venezuela Bolivariana ha ocurrido de todo. El proyecto de Chávez comenzó con una nueva Constitución. Los primeros años fueron turbulentos e incluyeron la fugaz intentona golpista de 2002, la huelga general convocada por la oposición a finales de ese mismo año, que duró 63 días, y el referendo revocatorio de 2004 que, finalmente, ratificó a Chávez. Después vinieron años de bonanza gracias a los elevados precios del petróleo, que por largos periodos superaron los 100 dólares por barril (aunque en los últimos meses han caído en picada ). La demostración más contundente del chavismo llegó en las elecciones presidenciales de 2006, donde logró más de 7 millones de votos, el 63 por ciento de los electores. Chávez prácticamente nunca ha dejado de estar en campaña. Los venezolanos han ido a las urnas en una docena de ocasiones, y todas han terminado convertidas en un plebiscito sobre el líder de la revolución bolivariana. Los medios venezolanos incluso hablaban del “efecto portaviones” para ilustrar el arrastre electoral que generaba hacía sus candidatos. Pero en los últimos dos años algo cambió. Los planes de Chávez para “profundizar” la revolución bolivariana han encontrado obstáculos. El presidente venezolano dejó de ser invencible en un ‘round’ definitivo, el referendo de 2007 sobre la reforma constitucional que proponía, entre otras, la reelección indefinida. Muchos consideran que el punto de quiebre se puede encontrar en el impopular cierre del canal Rctv, que desencadenó las protestas estudiantiles que, a su vez, fueron definitivas en el resultado del referendo. Chávez no podía acusar a los lideres universitarios de “golpistas”, pues eran apenas unos adolescentes cuando trataron de sacarlo del poder. En últimas, los estudiantes le dieron frescura a la campaña por el ‘No’ y la invistieron de legitimidad. “En la oposición se ha producido un cambio copernicano”, explica Petkoff. “A partir de enero de 2006, comenzó a ser dirigida por fuerzas emergentes que elaboraron una estrategia democrática para hacerle frente a un régimen autoritario, autocrático y militarista”. Aunque perdieron esas presidenciales, llegaron con una candidatura unitaria, la de Manuel Rosales, en ese entonces gobernador del Zulia y hoy recién elegido alcalde de Maracaibo, y superaron el abstencionismo del pasado. Fue entonces cuando comenzó el lento proceso de la reconstrucción de los partidos políticos que se habían visto arrasados por el chavismo. Y en las últimas elecciones de alcaldes y gobernadores, el pasado 23 de noviembre, la tendencia pareció confirmarse. Aunque el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) ganó 17 de las 22 gobernaciones, la oposición se impuso en los grandes centros urbanos, incluida Caracas. También ganó en Petare, una de las barriadas pobres más grandes de América Latina, con lo que acabó con la idea de que Chávez siempre gana entre los pobres. A la oposición se han sumado los desertores del chavismo. Muchas personalidades se han desprendido del proceso a lo largo de los años. Desde el primer mentor político de Chávez, Luis Miquilena, hasta el militar que lo devolvió al poder después del golpe de 2002, el ex ministro de defensa Raúl Baduel, pasando por Marisabel Rodríguez, la segunda esposa de Chávez, y partidos políticos como Podemos. “Yo siento que estamos asistiendo a un proceso de la sociedad venezolana que podría llamarse ‘educando a Chávez’. Es decir, el militar, que es lo que es Chávez, fundamentalmente un militar, que se está encontrando con la democracia venezolana que de alguna manera está queriendo ponerle trancos, limites, fronteras, a lo que él tiene como sueño”, opina Alberto Barrera, coautor de la biografía Chávez sin uniforme. Pero Chávez no da respiro a sus adversarios. A juzgar por su discurso, no percibe cambio alguno en la oposición. La sigue calificando de “golpista”, “fascista” y “pitiyanqui”. Hace poco, develó un nuevo plan de magnicidio en su contra, el número 28 que ha denunciado. Y quiere lista para febrero, de nuevo, una enmienda que permita le reelección indefinida, que tendría que ser ratificada en las urnas. A diez años del primero, Oposición y oficialismo se preparan para un nuevo duelo.