La celebración de los 100 años del nacimiento de Jorge Luis Borges dejó de lado una faceta oscura de la historia del escritor argentino: su admiración por el dictador Augusto Pinochet. La semana pasada, en Santiago, varios intelectuales chilenos recordaron que esa fue la causa real para que el autor de Funes el memorioso jamás ganara el Premio Nobel de Literatura. Durante toda su vida Borges navegó contra la corriente y el 22 de septiembre de 1976 no fue una excepción. Ese día aceptó el homenaje del hombre más rechazado por la intelectualidad del mundo, el general Augusto Pinochet. Ese día también perdió el Premio Nobel y el Nobel se quedó sin él.El escritor chileno Volodia Teitelboim, amigo del escritor desde 1945, dijo a SEMANA que: "Borges era un hombre que se jactaba, se vanagloriaba, de no leer los diarios, o sea era un hombre bastante al margen de la sociedad y de la historia, era ignorante de lo que sucedía en la sociedad. El se había refugiado en su biblioteca de Babel y ahí tejía su red fantástica".Eran las 10 de la mañana cuando Borges cruzó la puerta del cuartel general de Pinochet. Según las crónicas de la época, lucía contento y rejuvenecido a sus 77 años y lo acompañaba su secretaria María Kodama, de sólo 33. No era raro que se sintiera contento, admiraba al general Pinochet; él mismo provenía de una estirpe militar que había combatido en las guerras de la Independencia, pero además se había declarado públicamente partidario del golpe de Estado militar en Argentina que concluiría con 30.000 desaparecidos, sin contar los jóvenes que murieron en la aventura de Las Malvinas."Yo soy una persona tímida pero él (Pinochet) se encargó de que mi timidez desapareciera. El es una excelente persona, su cordialidad, su bondad... Estoy muy satisfecho del hecho de que aquí, también en mi patria y en Uruguay, se esté salvando la libertad y el orden, sobre todo en un continente anarquizado", dijo a la prensa chilena el día 22 de septiembre de 1976 Jorge Luis Borges. Estas declaraciones las hacía en los mismos momentos en que los cables internacionales señalaban a Pinochet como sospechoso del atentado terrorista en Sheridan Circle, dónde habían muerto horrorosamente destrozados Ronnie Moffit y Orlando Letelier, el día anterior.Pero el peor espectáculo y lo que le cerró definitivamente la posibilidad de obtener el Premio Nobel fue el discurso que le dedicó a Pinochet en su más borgiano lenguaje: "Lugones predicó la patria fuerte cuando habló de la hora de la espada. Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita. Y lo digo sabiendo muy claramente, muy precisamente, lo que digo. Pues mi país está emergiendo de la ciénaga, creo con felicidad. Creo que merecemos salir de la ciénaga en que estuvimos. Ya estamos saliendo, por obra de las espadas".Fue este discurso el que le quitó el Premio Nobel de Literatura, así lo acredita Teitelboim, el único protagonista vivo que queda: "Yo conversé sobre el tema de Borges con Artur Lundkvist, poeta, ensayista y miembro de la Academia Sueca, que falleció en 1991. El me dijo en 1979: 'Quiero decirle que nosotros en la Academia Sueca nunca le daremos el premio Nobel a Borges, y la razón principal, aunque no la única, es por haber recibido una condecoración y el elogio hecho al tirano de Pinochet. Quiero decirle que el pueblo sueco jamás aceptaría un premio a un hombre que para ellos es un monstruo".A pesar de que las declaraciones y la historia de Borges muestran una clara y definida opción política, para algunos de sus seguidores el besamanos al dictador fue un error. Según Teitelboim lo que condenó a Borges fue también su soberbia. "Cuando yo dije a La Nación de Buenos Aires que la soberbia de Borges le había quitado en Premio Nobel, María Kodama afirmó lo mismo diciendo: 'A él le aconsejaron desde Europa que no viajara a Chile pero él contestó: A mí nadie me dice lo que debo hacer". Han pasado 23 años del encuentro entre el escritor y el dictador. Hoy Borges cumpliría 100 años de vida y quizás trataría de olvidar quién impidió que lograra el máximo galardón que la humanidad entrega a los escritores. También este mes Pinochet cumplió 84 años en su cárcel dorada en Londres y es seguro que entre sus libros de héroes y villanos no hay ni uno de Borges.