Las historias de segregación, exterminio, violencia y sangre han dejado heridas tan profundas que los planes de reparación muchas veces se quedan cortos. Evanston es una pequeña urbe de Illinois, Estados Unidos, y la primera ciudad en aprobar pagos para reparar a sus residentes afroamericanos por discriminación y esclavitud. Los beneficiarios recibirán hasta 25.000 dólares para reformar sus viviendas, si comprueban que descienden de afroamericanos que vivieron en esa localidad entre 1919 y 1969, o que sufrieron discriminación por las políticas de vivienda de la metrópoli.
En aquella época, la población negra de Evanston sufrió una severa segregación, tras ser conducida a un sitio especial del que se le impedía salir y adquirir una mejor vivienda. Con la reparación luego de décadas de atroz maltrato, se espera que Evanston sea la primera ficha que desencadene un efecto dominó en el resto de la nación.
Es bien conocido el amargo recuerdo de la esclavitud en Estados Unidos. En 1619 desembarcaron los primeros africanos esclavos en este país, quienes sufrieron un trato inhumano al trabajar forzosamente en las plantaciones de algodón y tabaco de los estados sureños. No disfrutaban de ningún derecho civil y podían ser traspasados o vendidos, como si de cualquier propiedad se tratara. Casi 200 años después, Abraham Lincoln aprobó la Proclamación de Emancipación, y convirtió a Estados Unidos en la primera nación que abolió la esclavitud. Aunque en más de una oportunidad la declaración ha quedado en el papel y Estados Unidos aún sufre un problema sistemático que ha ocultado durante décadas.
Después de la época de la esclavitud, los afroamericanos iniciaron el proceso de transición para formar parte activa de la sociedad. Pero se estrellaron con la segregación, que hoy se traduce en desigualdades en materia de ingresos, vivienda y salud. Los expertos han calculado que el valor del trabajo esclavo en Estados Unidos va desde los miles de millones hasta los billones de dólares. Darrick Hamilton, director ejecutivo del Instituto Kirwan para el Estudio de la Raza y de la Etnicidad de la Universidad de Ohio, señaló en un artículo de la BBC que el racismo en la sociedad estadounidense “es evidente en la brecha racial de la riqueza. Los tratamos sin dignidad y los deshumanizamos en los espacios públicos”.
Aunque la ciudad de Evanston haya sido la primera en tratar de subsanar los daños, muchos no ven esta decisión con buenos ojos. Según los expertos, estos pagos podrían aumentar la brecha que existe actualmente, y consideran que un pago metálico no atacaría de raíz el problema y solo sería un gesto simbólico. Bayard Rustin, activista por los derechos civiles y amigo cercano a Martin Luther King Jr., dijo en su momento que “es insultante para los negros ofrecerles reparaciones por el sufrimiento de las generaciones pasadas, como si el balance de un pasado irreparable pudiera arreglarse con un pago”.
Cicely Fleming, mujer negra y concejal de Evanston, fue la única que votó contra la medida, sentenciando que lo propuesto solo es una “reparación de nombre; no hay autonomía para la comunidad perjudicada. En lugar de pagos en efectivo, que no respetan la autodeterminación de los negros ni les permiten decidir qué es lo mejor para ellos, este programa de vivienda es restrictivo y solo permite una participación limitada”. También condenó la propuesta por considerarla un simple plan de vivienda, más que una reparación, ya que –argumenta– limita a los beneficiarios a utilizar el dinero de cierta manera, lo que sugiere una incapacidad de la población negra para administrar la compensación recibida.
Evanston dio un paso al frente, pero el daño ha sido tal que cualquier acto parece insignificante. Más aún cuando la esclavitud, la segregación y el racismo son el pan de cada día en Estados Unidos. Cualquier compensación quedará en los libros de historia si no se erradica el problema racial de una vez por todas.