Alemania nunca había estado, como ahora, a punto de ser gobernada por una mujer. Ni por alguien proveniente de la antigua República Democrática. Esas condiciones se dan en una sola persona: Angela Merkel, de 51 años, líder del partido democristiano, quien se perfila como la segura ganadora de las elecciones en Alemania del próximo domingo 18 de septiembre. Todos los sondeos le dan más de 9 puntos de diferencia sobre su más inmediato competidor, el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, y las dudas de los expertos no se centran en quién va a ganar las elecciones, sino con qué partido o grupos políticos gobernará Merkel. Hija de un párroco, Merkel vivió gran parte de su infancia y juventud en Alemania Oriental, donde se doctoró en física y trabajó en la Academia de Ciencias. Pero desde muy joven mostró un talento innato para la política y su carrera se disparó poco antes de la caída del muro de Berlín. Fue la portavoz del último gobierno de la República Democrática Alemana (RDA), diputada del Congreso de Alemania reunificada en 1990, desempeñó los ministerios de Mujer y Juventud y de Medio Ambiente en tiempos del legendario Helmut Kohl, su mentor político, y en 1998 se convirtió en la primera mujer en presidir uno de los dos grandes partidos alemanes, la Democracia Cristiana (CDU). En su candidatura, Merkel cuenta con el apoyo del partido Social Cristiano (CSU), que conforma una coalición con el CDU desde finales de los 90, y el Partido Liberal (FDP). "Todos los sondeos confirman el liderazgo para la cancillería de la señora Merkel, porque la mayoría de los alemanes opina que la coalición del partido socialdemócrata de Schröder y los Verdes ha gobernado muy mal el país. Esas mayorías están decepcionadas con Schröder y, si bien manifiestan ciertas dudas con Merkel, creen que ella lo puede hacer mejor", dijo a SEMANA el politólogo Manfred Güllner, director del instituto de sondeos Forsa de Berlín.En efecto, Schröder ha sufrido un fuerte desgaste por las impopulares reformas sociales al estado de bienestar, y la crisis se acentuó con sus fracasos electorales en las regiones donde su partido Social Demócrata (SPD) había dominado tradicionalmente. Esta situación lo llevó a convocar elecciones anticipadas el 18 de septiembre, para tratar de conseguir un espaldarazo de los votantes. Pero la jugada no le ha salido como esperaba porque Merkel ha liderado las encuestas desde cuando comenzó la campaña hace pocos meses. Por su parte, Merkel ha sido criticada por apoyar veladamente a Estados Unidos en la guerra de Irak (aunque no lo defendió públicamente), por dar su negativa al ingreso de Turquía a la Unión Europea y por querer implantar una política 'neoconservadora', según denuncias de los partidos de izquierda y ecologistas. Algunos sectores la tildan de ser "demasiado pronorteamericana", pero ha conseguido aglutinar a todos los partidos y facciones descontentos con Schröder. En el único debate televisivo entre los dos candidatos, celebrado el 7 de septiembre, Merkel fue capaz de resumir ante el canciller esta decepción generalizada: "Usted tuvo su oportunidad y la desaprovechó porque fracasó ante su partido, ante usted mismo y ante su percepción de la realidad". Merkel perdió el debate, pero consiguió consolidar su imagen ante los votantes indecisos o que la conocían poco, gracias a su firmeza, experiencia y cierta frialdad que le han lecho ganarse del mote de la 'dama de hierro alemana', en referencia a Margaret Thatcher, quien también tenía formación científica y con quien es comparada recurrentemente.Gerd Langguth, profesor de la Universidad de Bonn y autor de la última biografía de Merkel, asegura que la racionalidad caracteriza el estilo político y la concepción social de esta 'dama de hierro'. "Su abierta oposición al socialismo y su imagen positiva de Estados Unidos se debe a que sufrió en carne propia el absolutismo y el aislamiento tras el muro de Berlín, pero es una política 'moderna' que se aplica a la solución de problemas bajo los criterios de la eficiencia. Por eso su credo político-económico se fundamenta en la economía de mercado impulsada por la eficacia", indicó Langguth a SEMANA.Los socialdemócratas de Schröder y los Verdes han hecho campaña por separado, como si no formaran parte de la coalición, lo cual ha permitido abrir una brecha mayor a favor de Merkel. Los analistas creen que los Verdes quieren desmarcarse del mal gobierno de Schröder y por eso se han lanzado solos. Pero el resultado final del proceso eleccionario podría resultar en un sorprendente Frente Nacional a la alemana. En el mejor de los casos, los conservadores de Merkel conseguirán el 42 por ciento de los votos, lo que sería insuficiente para gobernar con mayoría absoluta en el Parlamento, incluso si se alían con los liberales del FDP, que sólo tienen el 6 por ciento en las encuestas. Por ello, algunos expertos prevén la posibilidad de que los dos más grandes partidos, el CDU y el SPD, pacten tras las elecciones una 'Gran Coalición' para gobernar el país, bajo la dirección de Merkel. Incluso algunos ministros actuales socialdemócratas se han pronunciado a favor de esta alianza, pero Merkel y Schröder han desmentido de momento esta probabilidad.Porque, a la larga, la contienda entre Merkel y Schröder en el fondo es más por las personalidades que por sus programas, pues ambos están destinados a hacer lo mismo. El politólogo Gero Neugebauer, de la Universidad Libre de Berlín, explicó a SEMANA que "una gran coalición con los democristianos les vendría muy bien tanto a ambos partidos como a Alemania, porque las reformas sociales profundas que deberá realizar el próximo gobierno son tan impopulares, urgentes y absolutamente necesarias para garantizar el futuro del país, que requieren del apoyo cerrado de toda la clase política", enfatizó.