SEMANA: Este libro analiza los grandes desafíos que enfrenta el mundo en esta década. ¿Cómo describirlos

Moisés Naím: Inciertos, internacionales, inéditos. Estamos viviendo una etapa en la que sabemos que están pasando cosas grandes para bien y para mal que no tienen precedentes. El cambio climático, la crisis de la salud mental, la inteligencia artificial. Lo que no sabemos es cómo vamos a quedar todos de cara a esos acontecimientos. En la Europa de los años treinta, José Ortega y Gasset vio venir los vientos de guerra y escribió: “No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa: no saber lo que nos pasa”. Es la sensación vital que asedia al hombre en periodos de crisis históricas como el de ahora.

SEMANA: Las guerras parecen cosa del pasado. Pero este libro muestra que hoy las vemos, en directo, por las redes sociales...

M.N.: Nadie había pensado hasta 2021 que las guerras fueran una amenaza en este siglo y menos entre superpotencias con armas nucleares. Pero el 2 de febrero de 2022 todo cambió: Putin invade a Ucrania. Él pensaba que sería cuestión de días y que Ucrania colapsaría con su invasión. Lo increíble es que en 2008, en la declaración que dejó la cumbre de la Otan, había un párrafo que dejaba claro que Europa quedaba expuesta a su peor guerra en ocho décadas. Putin detestó desde siempre a la Otan, sobre todo el artículo que dice que el ataque a uno de los países miembros es un ataque a todos. ¿Qué pasó? Con esta guerra se fortaleció lo que tanto detestaba y Europa de repente descubre que tenía en su suelo una potencia con superpoderes que desconocía.

SEMANA: Justo la invasión completa dos años en febrero. ¿Qué ha dejado hasta ahora?

M.N.: La conversación sigue siendo si los ucranianos tienen las armas que necesitan para seguir enfrentando a Rusia. Este va a pasar a ser uno más de los llamados ‘conflictos congelados’. Enfrentamientos entre países en los que nadie gana y se quedan trancados.

SEMANA: En ese escenario, ¿qué pasa si gana Donald Trump?

M.N.: Él ya lo ha dicho: lo resuelve en 24 horas. Y sabemos lo que significa: llama a Putin, le dice qué parte del territorio quiere y deja a los ucranianos en sus manos. Hay en el Congreso de Estados Unidos un grupo republicano que se opone a que se siga suministrando material bélico a Ucrania. SEMANA: Usted ha sido un atento observador de Colombia. ¿Cómo analiza el Gobierno Petro?M.N.: Está enredado en sus propios autogoles. Todo muestra que no tiene la capacidad institucional ni política para sacar adelante la agenda que prometió. Podría llegar al final de su mandato hablando mucho y logrando poco. Preocupa su populismo, degrada la democracia, que no es lo que sucede cuando votamos, sino lo que acontece entre dos elecciones y con los otros poderes, que están siendo menoscabados. Y con nombramientos de incompetentes para los cargos. El de Petro no es un equipo de Gobierno digno de admiración.

SEMANA: ¿Cómo ve su papel de mediador de la democracia en Venezuela?

M.N.: La crisis de Venezuela no se va a aliviar sin países amigos que ayuden. Y Colombia es uno de ellos. Lo que uno esperaría es que el papel de Petro sea el de un estadista continental, no el de un político que solo busque aumentar su popularidad.

SEMANA: Resulta curioso que terminara en ese rol cuando no se ha pronunciado sobre el veto a María Corina Machado...

M.N.: Y tampoco sobre la tortura, porque Maduro ha transformado al Gobierno de Venezuela en un órgano de tortura. Y uno esperaría que Petro, que se ha presentado como un luchador por la justicia, le hubiera exigido a Maduro que pare las torturas.

SEMANA: Preocupa la sentencia de Maduro de quedarse en el poder “a las buenas o a las malas”. ¿Cómo lee esa amenaza?

M.N.: Maduro no se puede dar el lujo de no ser presidente de Venezuela. Hacer unas elecciones, que gane María Corina, ponerle la banda presidencial y marcharse. Necesita tener fuerzas armadas como guardia pretoriana, tener organismos del Estado que le garanticen el ingreso de esos inmensos montos que han desaparecido. Y no tiene ningún país que le pueda garantizar seguridad si deja el poder. Para él es de vida o muerte dejar la presidencia. Lo único que funcionaría es una coalición internacional que les dé a él, su familia y sus cómplices protección si abandona Venezuela.

SEMANA: ¿Maduro salió fortalecido con el retorno de Álex Saab?

M.N.: Y de paso Estados Unidos quedó muy mal. Jugó con un canje de prisioneros. Uno de ellos, Fat Leonard. Un corrupto que operaba en Asia y se volvió una pieza fundamental en este caso, aunque irrelevante para la Marina de Estados Unidos, que era sobornada por él para obtener contratos.