Los jueces de Estados Unidos están sentenciando al escarnio público por delitos menores. Es el regreso a penas de la colonia pero ahora como un mea culpa. Los conductores borrachos han tenido que usar placas especiales, los pequeños ladrones han tenido que poner confesiones en el periódico y los maridos han tenido que advertir en letreros (o de viva voz) que le han pegado a su esposa. Sus defensores sostienen que el sistema responde a un público frustrado por la incapacidad del sistema judicial, pero preocupado por la expansión del sistema carcelario. Pero, por supuesto, el asunto tiene muchos enemigos.