La historia del Auditorio 7-27, nuevo espacio para conciertos inaugurado en los últimos días de febrero, viene precedida por una serie de realidades incómodas para la movida musical bogotana. Problemas relacionados con el Plan de Ordenamiento Territorial obligaron al espacio que manejaban con anterioridad, el Auditorio Lumiere, a cerrar sus puertas en 2018. Dicho episodio abrió un debate alrededor de lo contradictorio del hecho de que Bogotá fuese nombrada por la Unesco el año anterior como “ciudad creativa de la música” mientras los espacios en vivo siguen cerrando por el POT o las dificultades de pagar un arriendo por encima de las posibilidades de los agentes culturales. La ciudad adolece de una infraestructura que le permita a los movimientos musicales emergentes desplegarse y adquirir el rodaje necesario. Ubicado en el centro de la ciudad y decidido a cambiar esa situación, 7-27 se inauguró el pasado 29 de febrero con el evento ‘Death Metal Demolition!’, donde se presentaron exponentes nacionales del género como Under Threath, Soul Disease, Full Metal Injection y, como banda sorpresa, los colombo-estadounidenses No Raza. En el futuro próximo vienen las presentaciones de Crazy Town el 24 de abril y, al día siguiente, de Barón Rojo. Will Rubio, promotor de conciertos y uno de los socios responsables tanto de Lumiere, en su momento, como ahora de 7-27, ARCADIA habló con él sobre esta realidad, las personas involucradas en el proyecto y las expectativas que tienen al afrontar esta nueva etapa. ¿Cómo surge la idea de 7-27? ¿Cómo se gestó esta especie de refundación? Nosotros nos enteramos del cierre de Lumiere unos 8 meses antes. Sabíamos que eso iba a pasar, nos dijeron que podía ocurrir en cierta cantidad de tiempo y, de un momento a otro, nos dijeron "en 3 meses se tienen que ir". Tratamos de alargarlo y el máximo tiempo que pudimos permanecer fueron 4 meses. Desde que nos avisaron del cierre nos pusimos a buscar un nuevo espacio, buscamos bastante y no lo logramos en un año y medio, hasta finales del año pasado. Iniciamos conversaciones con la gente que manejaba el Downtown 7-27 y llegamos a un acuerdo con ellos. Nosotros manejamos el espacio y desde ese momento nos hicimos cargo de él. Durante ese año y medio de búsqueda, ¿cuál fue la mayor dificultad para encontrar el espacio adecuado? Básicamente, no hay espacios, no hay buenas zonas y no tienen los permisos de uso de suelos o de hacer conciertos en vivo que se requieren. Es demasiado difícil. Llegaron a un acuerdo con los dueños del espacio. ¿Cuál fue el siguiente paso? Juntar un grupo de socios estratégicos. Estamos trabajando 4 socios, todos con experiencia administrando sitios. Dos estábamos en Lumiere, y, de hecho, Javier Bulla tuvo tres espacios antes de Lumiere, todos ellos llamados Auditorio 4Cuartos. Está también Andrés Arce, actual propietario de Ace Of Spades y está Felipe Guerra, quien manejó el Teatro Metropol durante muchos años. “Creemos en una TV incluyente que muestre las cosas como son”, Edwin Salcedo Usted hizo el anuncio en su perfil de Facebook y publicó unas fotos del espacio. ¿Fue necesario hacer remodelaciones a profundidad? Realmente no tuvimos que hacer obra civil. Haremos unas adecuaciones muy pequeñas, el espacio lleva bastante tiempo vacío y nos entregaron el lugar prácticamente listo para usarlo. Una de las características que diferenciaba a Lumiere del resto era la diversidad de eventos. ¿La idea con 7-27 es seguir esa línea? Tal cual. Es el poder hacer cualquier evento que cualquier persona tenga en mente. Para nosotros no hay una idea estúpida, lo que queremos es que la gente haga eventos. Los que estamos en la sociedad de 7-27 somos todos promotores, durante muchos años hicimos muchos eventos y ya sabemos como es esto: se gana, se pierde, se empata o lo que sea, pero se responde con las cosas. Hay mucha gente que critica los eventos por todo: el espacio donde se hacen, las bandas teloneras, el sonido, la logística, el precio de la cerveza... Lo que buscamos es que no solo experimenten hacer el evento, sino que se arriesguen. Muchas veces les da miedo porque dicen "eso puede ser una inversión muy grande y voy a perder plata". Hay mucha gente que hace muchos conciertos de metal o de salsa, pero hay muchos públicos identificados que ni siquiera tienen un espacio o un evento al año para que sus fans puedan asistir. Y eso queremos incentivar en la gente: que pueda hacer lo que se le ocurra. Si quiere hacer una fiesta de K-Pop, la puede hacer. Si quiere hacer una fiesta de carranga, lo puede hacer.

Poster del evento de apertura de 7-27, ‘Death Metal Demolition‘. Incluyó la participación de los colombo-estadounidenses No Raza como invitados sorpresa. Foto: Auditorio 7-27. Una de las fallas en materia de conciertos en Colombia, a pesar de su repunte en los últimos 15 años, es la falta de conciertos de nicho y de escenarios para que estos se presenten. ¿Cómo ven ustedes esa situación? El espectro es gigante. Todos los días decimos que "todo está inventado" pero realmente siguen apareciendo nuevas cosas y no están los espacios o las condiciones para poder presenciarlas. La carencia de espacios es fundamental en ese mismo punto. Hay espacios que abren sus puertas a algún tipo de música, como Armando, por ejemplo, que puso de moda la música indie y algunas otras cositas por los lados; y lo que ocurría con estos sitios hace un par de años es que se pasaba de un espacio de 150 personas, que era el que apostaba por tendencias concretas, a un espacio de 2.000 personas (tipo Auditorio Mayor o Royal Center), pero no existen los espacios para los intermedios. Entonces los mismos promotores se asustan de tener un evento en un espacio tan grande y piensan "bueno, voy a tener un evento de 400 personas. ¿Donde lo hago?" y la respuesta es que no hay sitios. Actualmente, como 7-27, ¿Tienen inconvenientes relacionados con el POT o los permisos para realizar eventos en ese lugar? Hasta el momento no. Estamos operando con todos los permisos del caso, y realmente esperamos no tener ningún lío de estos en el futuro. De hecho hace poco nos contactaron del Ministerio de Cultura, quieren ayudar con distintas cosas del espacio, y creo que esos son los factores que debemos aprovechar porque el pensamiento en Bogotá está cambiando. Hay mucha gente que quiere ayudar. ‘Push The Button’: adaptarse o morir ¿Han considerado en un futuro expandirse y abrir un espacio de este estilo en otras ciudades del país? Me encantaría hacerlo en Medellín. Unos amigos acaban de abrir un auditorio allá, no conozco los detalles pero, igual que nosotros, tomaron un sitio que ya existía. En este caso a lo que era Sala Bombay le hicieron algunos arreglos básicos. Empezaron a operar al mismo tiempo que nosotros. No tengo mucho conocimiento de la escena en Cali..  No sería una mala idea considerarlo... Probablemente muchos talentos no se han explotado por la misma falta de espacios o recursos. En Tunja hay un montón de potencial de artistas, Velo de Oza es una banda que me parece increíble. Hace poco hablé con ellos y me dijeron que se van de gira por Europa en mayo otra vez, ya es como la tercera. Tocan en las ferias del departamento, pero siento que en general les falta apoyo para hacer algo más a nivel local. Los menciono a ellos, pero no son el único caso. Lo que hace 5 años promovió Lumiere en materia de bandas emergentes, como fue el caso de Alcolirykoz, ¿lo harán con la nueva generación? Esa es la idea. Y la idea es no castrar ningún género. Hay puristas que dicen que el trap es una porquería, y nosotros le damos la bienvenida a cualquier género. Al que no le guste ir a un concierto de trap pues no va, pero igual la casa está abierta para esa probabilidad. ¿Qué se viene en el futuro para 7-27? En este momento tenemos en el horizonte Crazy Town y Barón Rojo. Hay cosas de las que todavía no podemos hablar, pero todos los socios tenemos nuestros shows. Nos han propuesto de todo. Metal, hip hop, ska... realmente siento que va a pasar lo que pasaba en Lumiere: absolutamente de todo. Hoy podemos ver una banda de black metal, mañana rap, pasado mañana reggaeton... esto es un espacio para la gente que quiere disfrutar de lo que le gusta. Las distopías del virus: 10 películas para esperar el brote