En Colombia se suele decir que la historia se repite una y otra vez, que uno puede leer un periódico de hace cinco años y parece del día anterior. En parte es cierto. Suele ser cierto. Pero en 2007 hubo una serie de sucesos relacionados con el intercambio humanitario que, al mirarlos en la perspectiva de un balance de final de año, hacen de este un año particular. Una cadena de sucesos logró que el país cambiara en 180 grados su percepción del drama de los secuestrados.Desde cuando Álvaro Uribe Vélez llegó al poder en 2002, la opinión pública estuvo de acuerdo con las tesis guerreristas, y poco o nada se interesó en la suerte de los secuestrados. Pero cuando el profesor Gustavo Moncayo, padre del soldado Pablo Emilio Moncayo, secuestrado por las Farc en 1998, comenzó en Sandoná, Nariño, una marcha para llamar la atención sobre la suerte de su hijo, las cosas comenzaron a cambiar. El asesinato de los 11 diputados del Valle y las manifestaciones de repudio contra las Farc del 9 de julio; el intercambio verbal del presidente Uribe con el profesor Moncayo en la plaza de Bolívar, la inesperada aparición de la senadora Piedad Córdoba y los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Nicolas Sarkozy, de Francia; los desgarradores videos de algunos de los secuestrados de las Farc, entre ellos Íngrid Betancourt... Como consecuencia de esta serie de sucesos, palabras que parecían anatemas en la patria uribista comenzaron a rodar de boca en boca y se volvieron pan de cada día: mediación, intercambio humanitario, negociación.Un año que termina en puntos suspensivos... Buenas noticias en el campo de la economía y los negocios. La popularidad del presidente Uribe se mantiene intacta. Pero el desenlace del acuerdo humanitario es muy confuso. Los procesos de justicia, paz, reparación y verdad con los comandantes paramilitares avanzan a paso muy lento. Y el escándalo de la para-política parece no haber afectado el mapa electoral del país, salvo en casos muy puntuales y esperanzadores, como la alcaldía de Cartagena y la gobernación de Atlántico.Un año parecido a muchos otros, pero que pasará a la historia por las imágenes de un maestro campesino y caminante que clama por la libertad de su hijo y la mirada desgarrada de Íngrid Betancourt, encadenada en lo profundo de la selva.