Con cada día que pasa crece la preocupación por la movilidad y la seguridad vial del país. El más alarmante síntoma es el caos vial que suelen propiciar los más de 3.200.000 motociclistas que ruedan por las calles y que podrían ser cuatro millones en solo tres años, una cifra que ya supera el número de automóviles en 30.000 vehículos, según datos de las ensambladoras. Esa velocidad promete mantenerse, sobre todo por las facilidades de crédito y los bajos costos de las motos, algunas de las cuales se entregan hoy con cuotas iniciales de 80.000 pesos y mensualidades de 120.000 pesos, menos de lo que debe invertir una persona en pasajes de bus. Las autoridades de tránsito se cogen la cabeza. Quizá la queja más reiterada contra los motociclistas es la manera zigzagueante en que manejan, aprovechando el espacio entre autos que están obligados a respetar. Pero esa no es su única agresión. También, por ejemplo, usan abusivamente andenes, ciclovías y puentes peatonales, entre otros. Esa manera tan suya de ir por las vías, por supuesto también sumada a las agresiones de los conductores de automóviles y de transporte público, cobra la vida de 2.000 motociclistas al año. A comienzo de 2010, Andrés Uriel Gallego, entonces ministro del Transporte, presentó un proyecto de ley para intentar meterlos en cintura. Entre las normas propuestas se contemplaba prohibir los ocupantes menores de 10 años y mujeres embarazadas, restringir la compañía de parrilleros a ciertos horarios y días de la semana, extender el cobro de impuestos para motos de bajo cilindraje y derogar la excepción al pago de peajes, eso entre otras cosas. Pero la reacción acelerada y en cadena de miles de motociclistas que bloquearon avenidas y calles en varias ciudades obligó al gobierno a desistir del proyecto y dejarlo estacionado, sin el combustible necesario en el Congreso, donde pocos parlamentarios parecían dispuestos a querer ganarse el encono de tantos votantes. No es para menos. Según el estudio social y demográfico de usuarios de motos en Colombia, realizado por el Comité de Ensambladoras de Motocicletas Japonesas (Auteco-Kawasaki,Fanalca-Honda, Incolmotos-Yamaha y Suzuki Motor de Colombia) unos cinco millones de personas usan la moto como medio de transporte y 1.317.300 dependen de ella para trabajar. Los motociclistas, por su parte, advierten que ellos no son los causantes exclusivos del caos vial que azota a las ciudades y que amenaza con infartarlas definitivamente. El negocio de la venta de motos es tan lucrativo en Colombia que a pesar de la crisis económica mundial que afectó a sectores como el automotor, en el país se mantuvo con el medidor de las revoluciones en alto. Hay unos 120 proveedores de partes, 1.046 distribuidores, 8.300 talleres, 3.000 almacenes de repuestos y ocho ensambladoras, que en conjunto emplean a más de 66.000 trabajadores, 4.000 más de los que ocupaba en 2005. Es imposible, entonces, tratar de solucionar el caos que ayudan a producir las motos sacándolas de circulación. Pero urge tomar medidas, y las autoridades, en un tema tan crucial para la movilidad, no pueden seguir viajando de parrilleras, desentendidas, a la espera de que otros manejen el tema y decidan la ruta.