Elda Neyis Mosquera, alias Karina o el monstruo de la guerra, ha intentado a través de la moda y la literatura rehacer la vida que le quitó el conflicto armado; sin embargo, su pasado oscuro como integrante de la extinta guerrilla de las Farc hoy le sigue pasando factura.
El 6 de mayo de este año, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia dejó en firme la condena que pesa en su contra y de otros ochos excompañeros de la antigua guerrilla: Danis Daniel Sierra Martínez, Nelson Antonio Patiño Cuartas, Marcos Fidel Giraldo Torres, Pedro Luis Pino Valderrama, Virgilio de Jesús Guzmán, Fabio Nelson Aguirre Aguirre, Jesús Alberto Giraldo Hernández y Edison de Jesús Rúa Cataño.
Los mencionados, según la Fiscalía, para la época de los hechos eran parte del Bloque José María Córdoba, Noroccidental, Iván Ríos y Efraín Guzmán de las Farc EP, pero Karina o el monstruo de la guerra se desempeñaba como jefe del frente 47 de las Farc-EP.
La Corte Suprema confirmó que la condena contra ella y sus excompañeros se dio “por 3.358 conductas delictivas perpetradas en Antioquia, Córdoba, Chocó, Quindío, Caldas y Risaralda. Quedó en firme la condena alternativa por su responsabilidad en seis patrones de criminalidad: desaparición forzada, homicidio, reclutamiento ilícito, violencia basada en género, secuestro y desplazamiento forzado”.
La Sala de Casación Penal también modificó el reconocimiento de varias víctimas y los montos de indemnización que deberán recibir por este caso; además, le ordenó a la Defensoría del Pueblo que capacite a sus funcionarios en este tipo de procesos dentro del incidente de reparación integral.
En este proceso, los ex-Farc fueron acusados de reclutar ilegalmente un “sinnúmero” de personas, buscar recursos económicos para financiar la organización ilegal y participar en desapariciones forzadas, homidicios, violencia basada en género, secuestros y desplazamientos forzados.
La decisión también recordó que en fallos de la justicia en el pasado, ese bloque de la guerrilla también participó en la creación de escuelas de entrenamiento militar de formación “farianas” como parte de la política de la organización armada ilegal para impartir instrucciones a sus integrantes.
Ese mismo frente también habría tenido participación en las operaciones criminales que adelantaba esa extinta guerrilla en el Pacífico y el Atlántico, a través de municipios en Antioquia y Chocó, por el potencial bananero, ganadero y el objetivo de expadir el modelo ideológico de esa estructura.