Sin replanteamiento político la crisis ministerial toca apenas las carteras menos relevantes, con lo cual el presidente Andrés Pastrana inicia su segundo año sin oxígeno político.os cambios de gabinete son importantes por dos razones. La primera, porque permiten a los presidentes recibir oxígeno en momentos de crisis. La segunda, porque les ofrecen la posibilidad de fortalecer la base con la cual gobiernan.El presidente Andrés Pastrana no logró ninguno de esos objetivos. Hoy se encuentra en la misma situación que antes de la anunciada crisis de gabinete. La sensación de fragilidad del gobierno es la misma que existía antes del relevo de ministros. Y la percepción de aislamiento es aún más grave.Al gobierno le sucedió esta vez lo mismo que hace un par de meses con la reforma del Estado. Durante meses, desde que recibió las facultades extraordinarias, se habló de la reestructuración del Estado como mecanismo para reducir el gasto fiscal. Finalmente lo que salió fue un paquete de decretos que no llevaba ni un solo ministerio a la guillotina oficial. A posteriori el gobierno dio las explicaciones del caso. Según ellos, las medidas tomadas le hacían frente al tema de manera suficiente sin requerir una "masacre social".Con el gabinete pasó algo parecido. Los cambios resultaron decepcionantes. La mejor demostración de que el relevo ministerial hizo más daño que bien fueron los titulares de los diarios capitalinos. Los dos fueron al grano. El Tiempo tituló "Gabinete, sin viraje", mientras que El Espectador, editorializó aún más: "Gabinete sigue pastranizado".El gabinete que pudo ser y no fueDos ejes fundamentales del gabinete estaban en juego: los ministerios de Hacienda e Interior. Con el reemplazo del Ministro del Interior el Presidente habría logrado dos resultados estratégicos. Por una parte, fortalecer una coalición que no encuentra en Néstor Humberto Martínez un ministro representativo y aumentar la influencia del gobierno sobre el Parlamento. Por otra, airear el proceso de paz al nombrar a alguien con un perfil más apropiado, con lo cual disminuía la presión sobre Víctor G. y traía un nuevo interlocutor de las Farc a la mesa.A su vez, al cambiar al Ministro de Hacienda podría haber nombrado a alguien con mayor credibilidad en los escenarios internacionales, más comprometido con medidas de ajuste profundo y sin agenda presidencial.Y, en general, el Presidente podría haber convocado a otros sectores, despastranizando su gabinete con miembros de sectores liberales no serpistas, de movimientos independientes, con sindicalistas y empresarios, y aun con conservadores que no se sienten bien tratados por un gobierno dirigido por un copartidario suyo. Pero el Presidente decidió mantener el grueso de su gabinete intacto y aceptar la renuncia de los titulares de Trabajo, Desarrollo, Transporte, Agricultura y Cultura. Gina Magnolia Riaño, Jaime Alberto Cabal, Gustavo Canal y Rodrigo Villalba Bustillo son los nuevos titulares al frente de estas cuatro carteras. Canal y Cabal tienen credenciales suficientes para ser muy buenos ministros. El nombramiento de Juan Luis Mejía, en el Ministerio de Cultura, ha sido muy bien recibido en el sector. Y la cartera de Justicia, que estaba vacante, fue ocupada por Rómulo González, quien fuera colaborador de Andrés Pastrana en la Alcaldía. Por último, el ministro de Transporte, Mauricio Cárdenas, pasó a Planeación, con lo cual Pastrana hizo, en pequeño, lo que habría podido hacer en grande, es decir, oxigenó el ministerio, nombró un excelente director del DNP y logró lo único verdaderamente trascendental al llevar a Jaime Ruiz como hombre fuerte de Palacio.Es posible que lo que ha ganado el Presidente en lealtad por parte de sus colaboradores le asegure un gabinete sin disidencias. Las sesiones del Consejo de Ministros serán, en consecuencia, tranquilas. Pero la oportunidad de utilizar la crisis para ampliar la convocatoria antes de iniciar el segundo año de gobierno se perdió. Y eso equivale, en lenguaje de pilotos, a tomar la riesgosa decisión de seguir adelante la carrera sin entrar a la zona de pits por gasolina.