Por años, Colombia ha estado rezagada en infraestructura, con necesidad de inversiones billonarias para ponerse al día. Hace unos años se hablaba de más de 60.000 millones de dólares, una cifra tan grande que no la tendrían los bancos locales, por lo cual la inversión extranjera, mediante concesiones, sería algo indispensable.
En ese contexto, el expresidente César Gaviria lanzó fuertes críticas a los anuncios hechos por la actual administración, que –a su juicio– han sonado “dañinos y contradictorios”, al tiempo que algunas de las decisiones tomadas ya generan incertidumbre en el sector, avivando el riesgo de que se estanque la adjudicación de contratos para hacer obras. La mayor preocupación del exmandatario está en el sistema de concesiones, que es el que ha permitido que Colombia avance en la modernización de su infraestructura.
Medidas como la del congelamiento de los peajes, pese al compromiso expresado por el Gobierno de hacer transferencias fiscales para compensar las pérdidas por la no actualización de las tarifas, han creado desconcierto entre los inversionistas, que ahora no ven seguridad jurídica en los contratos.
Al decir de Gaviria, después de siete meses de gobierno, solo se conocen “decisiones y propuestas –en particular las del Plan de Desarrollo– que tienen poco peso”, mientras que las relacionadas con adjudicación de nuevos contratos y ejecución de los actuales “son insustanciales y confusas”.
Es mucho lo que en infraestructura necesita hacer el país. Se requieren cientos de kilómetros de doble calzada, con puentes y túneles, sin descuidar la expansión y constante mantenimiento de la red de vías secundarias y terciarias. Los aeropuertos deben ser ampliados y los puertos marítimos y fluviales, modernizados. Eso, sin contar con las grandes inversiones que demanda la infraestructura social, para hacer cárceles y estadios, lo que se logra de manera más eficiente con el modelo de asociaciones público-privadas. Pero, hasta ahora, “no se ha firmado ningún contrato APP”, advirtió el exmandatario.
Para Gaviria, si bien en tres décadas se han dado grandes pasos, la infraestructura de Colombia sigue siendo insuficiente. Es el caso, por ejemplo, del transporte de pasajeros y de carga, que no está acorde con las necesidades de un país en desarrollo.
Desde la Constitución de 1991, en la que se estableció que los servicios públicos, entre ellos los de transporte, podían ser prestados por los particulares, han seguido otras normas impulsoras del desarrollo de la infraestructura. Otra ley de ese mismo año estableció el sistema de concesiones y en 1993 se expidió la Ley del Transporte, que permitió a los concesionarios construir, operar y mantener carreteras y aeropuertos.Pasadas dos décadas, en 2013, el país tomó otras dos grandes decisiones mediante la llamada Ley de Infraestructura y la ley de las APP, tras las cuales, fue posible la construcción de las vías 4G y 5G (de cuarta y quinta generación).
No obstante, para Gaviria, esos avances no pueden ser motivo de complacencia, pues falta mucho por hacer. “En materia de carreteras, por ejemplo, todavía no existen las dobles calzadas que conecten en forma continua las principales ciudades con los puertos del Pacífico y el Atlántico. Las dobles calzadas tampoco llegan a las fronteras con Venezuela y Ecuador. No se ha logrado aún la tan anhelada conexión Llanos Orientales y el Pacífico, que potencializaría el desarrollo agrícola masivo en esta región, que podría más que doblar la tierra disponible para la agricultura”, recordó el expresidente. Eso, sin contar con la necesidad de modernizar el transporte aéreo, pues “buena parte de los principales aeropuertos, a pesar de expansiones recientes, ya se quedaron pequeños, frente al rápido crecimiento de la demanda y el dinamismo de las aerolíneas de bajo costo”.
La gran preocupación del exmandatario es que “el Plan de Desarrollo no refleja prioridades concretas en materia de infraestructura”, mientras que “el presidente de la república sí ha hecho promesas preocupantes”. Por ejemplo, como candidato, Petro habló de un tren eléctrico y elevado que conectaría a Buenaventura con Barranquilla a través de la selva del Pacífico y la región del Darién. Pero luego “algún asesor anunció que otro tren eléctrico conectaría a Tumaco con Puerto Carreño, después de subir y bajar por tres cordilleras”. El llamado final de Gaviria es a dar claridad y establecer prioridades, para enfrentar tantas necesidades urgentes, en medio de una gran escasez de recursos para financiarlas.