“Dure casi todos los días llorando en mi cama, acostado, o leyendo algún libro, pero sin poner atención a otras cosas”, cuenta Julián David, un niño de 13 años, dueño de Justin, un pequeño perro de un año se perdió el pasado 25 de septiembre a las afueras del Parque Salitre Mágico. Según lo que cuenta la familia, él se soltó de su correa persiguiendo palomas, pero en un momento lo perdieron de vista a pesar de que lo persiguieron.
Justin, no solo era el perro de la familia desde enero de este año, sino que había llegado a la vida de Julián por una recomendación médica al sufrir de problemas de ansiedad, lo cual con la presencia de su mascota, mejoró mucho hasta que se perdió hace más de dos meses cuando se escapó de los brazos de sus dueños que quedaron llenos de tristeza, angustia y sumidos en la desesperanza.
Ahí fue inició el viacrucis para la familia Rivera Murcia, quienes residen en la localidad de Kennedy, en Bogotá. Pusieron anuncios en las redes sociales, empapelaron con carteles varios barrios de la ciudad, hicieron averiguaciones, lo buscaron por muchas zonas y pagaron incluso a una agencia de búsqueda de animales que tampoco tuvieron resultados. Habían perdido toda esperanza.
Sus dueños le pusieron Justin porque vieron el nombre en internet y les gustó, poco se imaginaban la cantidad de noches vacías esperando a que su perro volviera. Llegaron a pensar que ya el perro no estaba en Bogotá o que si lo iban a encontrar, posiblemente no iba a estar vivo, lo cual era el mayor miedo para la familia. Fue unos días después que apareció la publicación en la que lo habían encontrado en el barrio Rosales, a más de un mes que se perdiera.
Uno de los momentos más traumáticos para el menor fue cuando se dirigía junto a su familia al CAI de Rosales, donde supuestamente la persona que tenía el perro les iba a entregar al canino, pero fue algo que nunca ocurrió ante la negativa de la mujer. “Desgarrador, se me vino el llanto encima, tenía los ojos aguados y tuve que ir a sentarme en una para que no vieran llorar en la calle”, contó Julián.
Con ese episodio, fue que inició una pesadilla para la familia Rivera Murcia, ya que se negaban devolverles a su perro porque supuestamente no eran los dueños del perro y Justin mostraba algunas heridas y falta de alimentación, algo normal teniendo en cuenta que la mascota llevaba más de un mes fuera de su casa.
Julián David estuvo pendiente del caso, asistió a uno de los plantones que ocurrieron en el barrio Rosales, pero quiso estar alejado de las redes sociales. Eso sí, aclara que cuando supieron que Justin estaba bien, fue una gran alegría, pero duró poco por la actitud de la familia que tenía al perro. “Felices en parte, porque estaba bien, está vivo, no está sufriendo, no está en la calle, no está aguantando frío, ni hambre. Pero cuando nos encontramos con la actitud de esta señora que no lo quería devolver, reacia, no nos dejaba ni siquiera una videollamada para saber qué era él”, cuenta el menor.
Ya fue hasta que, finalmente, la persona que tenía al perro decidió llamar a Paola para coordinar la entrega del perro, diciéndole a la dueña que estaba desesperada de los comentarios en redes, de los plantones, de las notas en prensa y que quería terminar todo el caso de una vez con mediación de las autoridades, lo cual volvió a despertar la esperanza de Julián y su familia.
Un final feliz
La cita de entrega era en la Casa de Justicia de Los Mártires este miércoles que pasó a las 3 p. m. Desde horas antes, llegaron las personas que tenían a Justin, mientras que la familia Rivera Murcia llegó media hora antes de la audiencia que duró casi tres horas y que dio con una conciliación entre las partes y unos acuerdos de no volverse a agredirse en redes sociales ni hablar de lo que fue todo el proceso con autoridades.
Sobre las casi 6 de la tarde, salieron de la instalación Paola y su esposo junto a Justin. Entre lágrimas, la dueña del perro contó que apenas su mascota los vio, se lanzó sobre ellos para abrazarlos y besarlos. No había duda de que eran los propietarios del canino. Para Julián, mientras tanto, no sabía nada, sus papás querían sorprenderlo y darle la vuelta de Justin como el mejor regalo de día de las velitas.
“Me dijeron que iban a recoger una decoración de navidad”, contó Julián que en medio de la zozobra y la ansiedad esperaba cualquier noticia de su perro. “Cuando sobre las 8 de la noche, los vi a ellos entrar con Justin, se me aguaron los ojos, lo abracé, lo besé y lloré encima de él, lo abracé como nunca había abrazado a nadie. Fue el mejor día de velitas de todos”, dijo el menor, quien relató que pasaron casi toda la noche en vilo jugando con su perro al estar llenos de dicha y felicidad por tener su familia completa.
Para Julián, fue como si Justin nunca se hubiera ido de su casa y han sido los mejores días después de su regreso después de una ausencia tan larga. Paola Murcia, también contó acerca de cómo es ahora la vida para ellos con la vuelta de su mascota. “Ahora hay mucha felicidad, es el bebé, el que da alegría junto a mi hijo. Es como un milagro volverlo a tener, porque a pesar de todo lo que pasó, le dieron techo y comida”.
Ahora, la familia Rivera Murcia tiene planes para Justin más allá de sus salidas al parque y a los centros comerciales que Paola cuenta que le fascinan a su mascota. Esperan ir a inicios de año a Facatativá, que fue donde nació el canino hace un año cuando era propiedad de un familiar de los dueños y fue hasta allá donde fueron a recogerlo y conocerlo por primera vez en enero.
Así mismo, planean ir a Tolima y a Cali, ya que al inquieto Justin, también le encantan los climas cálidos, pero eso sí, ahora con placa, chip y la correa bien ajustada, ya es una lección aprendida para su familia.