El municipio de Fusagasugá estuvo en alerta roja por ocupación de camas UCI y alto contagio en el mes de enero. A esto se suma ahora un nuevo problema: este jueves el municipio hizo un llamado porque ve cómo se limita cada día más el espacio para enterrar a los fallecidos por covid-19.
La situación se da porque en Fusagasugá fallecen pacientes convalecientes de covid que han sido remitidos de municipios cercanos, ya que el hospital es uno de los únicos en la zona que están en capacidad para atender la emergencia.
Aunque en el municipio se construyeron 50 bóvedas más que esperan no tener que utilizar, se suma el hecho de tener un horno crematorio que no puede ser usado. Esto ha obligado a enterrar a los pacientes que perdieron la lucha contra la covid-19. Aunque es un proceso permitido, se presume que en el futuro esto traerá complicaciones a la hora de las exhumaciones.
“Estos cadáveres de covid no tienen ningún tratamiento y por eso ya hemos tenido experiencias difíciles sobre todo en Girardot, donde prácticamente el cadáver ha explotado y viene el tema de los lixiviados, que son los líquidos corporales que empiezan en algún momento a salir por algún lado de la bóveda; esto es altamente preocupante, entonces ¿qué sucederá cuando haya que exhumar el cadáver dentro de cuatro años como manda la ley? Sabemos que la descomposición será muy difícil que se haya producido”, destaca el padre Víctor Sanabria, párroco de Fusagasugá.
El padre espera que para esa época, y teniendo en cuenta que hubo varios lugares del país en donde no se tuvieron las posibilidades para cremar los cuerpos, el Gobierno nacional regule y dé lineamientos para la exhumación de los mismos. “Me imagino que el Ministerio de Salud deberá dar alguna normativa en este efecto, pero para nosotros es muy preocupante. Algunos dicen que el virus terminaría ahí, pero pensamos que sobre este tema realmente todo el mundo está aprendiendo y solo dentro de 4 años, cuando se empiecen a exhumar los cuerpos, se darán cuenta las autoridades de salud de lo que realmente pueda suceder”, aseveró el párroco de Fusagasugá.
Las autoridades de Fusagasugá les han hecho también un llamado a los ciudadanos para que asistan a la exhumación de los familiares que ya cumplen 4 años ocupando espacio en el cementerio. Muchos no asisten. Y aunque otros cumplen con ese llamado, la pandemia ha traído cambios incluso en estas prácticas, ya que las familias no pueden ver los restos de su ser querido: tan solo están presentes en la exhumación y luego de nuevo a la hora de sepultar los restos en el osario.
Todo este panorama de duda y preocupación se originó tras la negativa de poder utilizar el horno crematorio que tiene ya 12 años de construido, debido a que el uso del suelo donde está ubicado el cementerio no permite la activación del mismo. El sector esta denominado como residencial, lo que significa que la puesta en funcionamiento traería altos niveles de contaminación. En 2012, la construcción del horno crematorio estuvo alrededor de los 300 millones.
“Trasladar el horno, a pesar de que ha habido solicitud de otros alcaldes de la región, sería para nosotros muy costoso. En el desmonte del horno muchos equipos se podrían perder por la manera como están ensamblados con otros materiales. Pero si definitivamente vemos que no es viable, con dolor tendríamos que tomar la decisión o de trasladarlo a otro lugar o de desistir”, dijo el padre Víctor Sanabria.
Mientras que en el cementerio la soledad y la desolación reinan, en el Hospital de Fusagasugá trabajan para no permitirle la entrada a la soledad, que se ha convertido en otro síntoma de la pandemia. En el centro médico lo importante es no dejar que los pacientes pierdan el ánimo, es por eso que dedican parte del día a festejar las fechas especiales de los pacientes de covid-19 que no están en intubación.
“Tratamos de que todas las fechas especiales las sigan celebrando, ya sea el aniversario de esposos, el cumpleaños del hijo, el cumpleaños de la persona que está hospitalizada... Mantener ese contacto, siempre y cuando la familia lo autorice: pedimos el consentimiento informado y cuando ellos lo dan hacemos la celebración del cumpleaños. Lo hacemos por videollamada, cantamos el “Happy Birthday” con la familia e internamente el equipo de especialistas, médicos, terapistas, enfermería se centran alrededor del paciente y le celebran su cumpleaños”, dice Andrés González, gerente del Hospital de Fusagasugá.
Después de haber estado con el 100 % de ocupación, hoy el hospital está en el 80 %. Aunque esperan con ansias la vacuna, no se cansan de decirle a la gente en el municipio que lo importante es el autocuidado: de no seguirlo como debe ser, no será posible desocupar las camas UCI por covid en el país y siempre se seguirán necesitando más.