El ascenso en la carrera militar es uno de los días más esperados por los integrantes del cuerpo de defensa de un país, pero el cabo Giovanny Sáenz Rojas tuvo que celebrar con su familia en la distancia, a través de una videollamada que lo conectó con su esposa Yeimi Katherine Jerez, quien, en su ausencia, cuida de los dos hijos de la pareja: Laura Isabel, de 4 años, y el pequeño Ian Daniel, de apenas 10 meses.

Pasar del grado de cabo segundo a cabo primero es todo un acontecimiento, pero a él lo cogió en Providencia, adonde fue enviado hace 3 meses como parte del cuerpo militar que hace frente a la misión de reconstrucción de la isla que fue devastada por el huracán Iota.

El cabo primero del Ejército, Giovanny Sáenz Rojas, en misión en Providencia. Foto: Ejército Nacional

Pese a las arduas jornadas que adelantan en Providencia, donde se han removido ya más de 100 toneladas de escombros, podría decirse que el cabo Sáenz está en una misión sencilla en comparación con las que ha tenido que adelantar en el tiempo que lleva en las fuerzas militares.

Casi una década

Completa 9 años al servicio del Ejército. Se desempeña como técnico antiexplosivos, considerada como una de las tareas militares más peligrosas del mundo, en la que se pone en juego la vida en todo momento, identificando y desactivando artefactos explosivos.

Sáenz ha estado en misiones en el Meta, Arauca y Cesar, pero la adrenalina que supone la carrera militar, lo seduce, y, además, tiene un motivo más: rendir homenaje a la memoria de su hermano, quien murió hace 3 años, tras haber logrado llegar a cabo primero, el mismo grado que ahora el conquista.

Suboficiales del Ejército Nacional Foto: Ejército Nacional

En otras circunstancias distintas a las de una pandemia, la familia hubiera estado a su lado, recibiendo con él los honores, pero en medio de esta situación, las cosas cambiaron para todos.

El brigadier general Ómar Esteban Sepúlveda, comandante de ingenieros del Ejército, fue el encargado de imponer las insignias a los 7 suboficiales que ascendieron. Inclusive, personalmente se contactó con la familia de los hombres que estuvieron en la sencilla ceremonia de cambio de presillas.

Para los militares, ese es el reconocimiento a su trabajo y sacrificio, por lo que los motiva a continuar en la dura labor. Por esa razón, la institución realiza emotivas ceremonias en donde a los soldados, vestidos de gala o con sus impecables uniformes de servicio, reciben de manos de un superior las insignias. En esta ocasión, en medio de una misión, todo fue más sencillo.

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Un hombre humilde

De origen humilde, Giovanny Sáenz Rojas es oriundo de la vereda El Cerro, en el municipio de Chiquisa, departamento de Boyacá. De allí salió a buscar su camino y lo encontró en la milicia. Una vez en ese cuerpo que se encarga de la seguridad nacional, todo se vale.

Un día puede estar en la selva, enfrentando a los grupos ilegales; después puede estar en la misión de reconstruir viviendas y limpiar manglares y playas como lo hace hoy, alejado de su familia.

Los hijos van creciendo y los suboficiales los acompañan, muchas veces, a través de las pantallas de los celulares. A su hijo Ian Daniel, por ejemplo, lo dejó cuando tenía 7 meses, pues, desde el 3 de enero está en la misión que le encomendaron en la isla de Providencia.

Por eso, este domingo fue para Sáenz un día glorioso y, aunque lejos de su familia, a través de una videollamada, compartió con ellos el ascenso que, más allá del aumento de sueldo, es una llama que lo impulsa a seguir en la batalla, cumpliendo misiones de diversa índole, para continuar subiendo escalones en la carrera militar.