EL PASADO 28 DE ABRIL Carlos Castaño, comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), envió una carta a los medios de comunicación. A ella iban anexas otras dos misivas. Una de ellas dirigida a los demás comandantes de las Autodefensas, encabezados por Ramón Isaza, y una segunda dirigida simultáneamente al presidente Andrés Pastrana y al embajador de Estados Unidos, Curtis Kamman. En la primera Castaño dice a los demás comandantes: "Pongo mi cargo a disposición de ustede, para que determinen mi permanencia o relevo de él; mientras demuestro la infame calumnia de la que estoy siendo objeto ".En la segunda carta dirigida a Pastrana y Kamman, Castaño afirma que "me dirijo a ustedes a propósito de un artículo publicado en la revista SEMANA del 26 de abril, en el cual se menciona una información que, firmada por el señor Barry Zuloff, funcionario de la DEA, me relaciona con la actividad del narcotráfico". Y agrega: "Durante toda mi vida he sido un acérrimo enemigo del narcotráfico y su poder corruptor. La autoridad moral demiconducta, ajena a esta actividad delictiva, me ha permitido controlar, depurar, denunciar públicamente y exigir castigo para cualquier miembro de las Autodefensas o de las comunidades sobre las cuales tenemos ascendencia, cuando se han descubierto involucrados en actividad relacionadas con narcotráfico".Mas adelante Castaño afirma "Sí llegasen a tener alguna prueba seria, solicito quelo digan públicamente. Si así fuese, estaría dispuesto a renunciara la jefatura de las AUC". Y solicita "que no se le dé ningún tipo de tratamiento político o concesiones jurídicas, durante el proceso de paz, a quienes siendo miembros de las Autodefensas, se les comprueben cargos por narcotráfico" .No obstante lo anterior, fue el cierre de la misiva lo que logró titulares en los principales periódicos del país la semana pasada. Castaño dijo: "Estoy dispuesto, si el gobierno de Estados Unidos garantiza que no seré detenido por mis delitos políticos derivados de mi lucha antisubversiva, a presentarme ante una autoridad competente de ese país para responder por esta aleve calumnia ". Y no era para menos. Uno de los hombres más buscados de Colombia estaba ofreciendo entregarse a las autoridades norteamericanas para ser juzgado en un tribunal de Estados Unidos por cualquier acusación en su contra por narcotráfico.Todo ello con la condición de no ser procesado por sus delitos asociados al paramilitarismo.Inmediatamente comenzaron las cábalas en Colombia sobre la posible reacción de Estados Unidos. Lo que hizo Castaño, de alguna manera, fue lo que coloquialmente se conoce como mandar la pelota al otro campo. ¿Estarán los norteamericanos dispuestos a aceptar la oferta? ¿Es jurídicamente posible lo que propone Castaño? ¿Qué sucederá si no hay respuesta? ¿Significaría eso que la DEA en realidad no tiene pruebas contundentes contra Castaño? ¿Sería esa una especie de 'absolución por omisión'? La respuesa a estos interrogantes ya empezó a aclararse. Un alto funcionario del Departamento de Estado le ha respondido a esta revista el desafío planteado por el jefe de las Autodefensas. El texto de la respuesta es el siguiente. "Carlos Castaño es un fugitivo de la justicia colombiana, como producto de sus actividades paramilitares. Si le interesa tanto limpiar su nombre, que se presente ante la justicia de su propio país".Con respecto a la indignación mostrada por Castaño por aparecer asociado al narcotráfico en un informe de la DEA el Departamento de Estado respondió: "Nos llama mucho la atención que el señor Castaño haya admitido públicamente en el pasado que una buena parte de los fondos de su organización, las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, viene de actividades del narcotráfico".A lo que se refiere el gobierno norteamericano es a una entrevista concedida por Castaño a la periodista María Cristina Caballero para la revista Cambio 16 en diciembre de 1997. En ella Castaño dijo: "Me reuní con 40 ó 45 grandes jerarcas de los cultivos de coca. Les dije que si me daban la mitad de lo que le pagaban a la guerrilla yo les respondía... Una manguala se combate con otra manguala. Las reacciones fueron muy variadas, pero finalmente aceptaron. Yo tengo que combatir al enemigo por el lado financiero y f nanciar mi organización". Al ser interrogado sobre cuánto le aportaban al mes los cocaleros Castaño respondió: "Noventa millones de pesos".¿QUE SIGNIFICA? La respuesta norteamericana, como casi todo lo que hacen los estadounidenses, hay que analizarla entre líneas. Por un lado, es evidente que las sindicaciones contra Castaño no son simplemente una acusación de la DEA sino que empiezan a tomar la forma de una política integrada de toda la administra ción, cuya punta de lanza es el Departamento de Estado. Eso parecería indicar que los gringos tienen más que simples indicios en contra de Castaño. El gobierno norteamericano, como lo demostró con el manejo de la crisis de Ernesto Samper, nunca muestra todas sus cartas en un comienzo, pero cuando empieza a usar un tono agresivo se sabe que por detrás hay, por lo general, una fundamentación sólida.Sin embargo, si Estados Unidos tuviera las pruebas que Castaño exige se hagan públicas, ¿por qué no aceptar la propuesta del jefe paramilitar de entregarse a sus autoridades? Para ello hay varias respuestas posibles. La primera es que jurídicamente, sería muy complicado para Estados Unidos juzgar a Castaño exclusivamente por temas de narcotrafico y no hacerlo por sus delitos contra los derechos humanos. Si bien puede no estar sindicado ante una corte norteamericana por dichos delitos si hay un tratado de extradición vigente con Colombia. Si Castaño se entregara a la justicia estadounidense la Fiscalia en Colombia no tendría opción distinta a solicitar su extradición al país. Si bien los norteamericanos podrían no extraditarlo, ya que hacerlo es facultativo del Presidente, no tendria ninguna presentación el que no lo hicieran.La segunda es que si bien los noteamericanos pueden tener pruebas contra Castaño por actividades de narcotrafico, como afirma la DEA, la judicialización de las mismas para convertirlas en orden de captura y posteriormente de extradición no se hace de la noche a la mañana. Esto explicaría porqué la respuesta gringa tiene un tono dilatorio, como queriendo no devolver el balón todavía.Por ahora lo único claro es que tanto Castaño como el Departamento de Estado parecen estar jugando más en la cancha de la opinión que en la de la justicia. Castaño parece empeñado en convencer a todo el mundo de su inocencia mientras que Estados Unidos parece estarlo en ponerla en duda. Solo el tiempo dirá cuál tiene la razón.