Una alerta desesperada, enviada por un hombre que logró escapar de los horrores de la secta judía Lev Tahor y que tiene a un familiar atrapado en sus redes en Antioquia, destapó lo que las autoridades temían: el desembarco silencioso de este grupo extremo en el corazón de Colombia. Su testimonio, contundente y desgarrador, permitió revelar que la secta estaba ejecutando su plan para afincarse en una zona rural del norte del país, moviéndose con absoluta reserva y buscando pasar inadvertida.
Fuentes consultadas por SEMANA confirmaron que fue este sobreviviente, cuyo sobrino sufrió abusos a manos de la organización, quien activó la alarma que llevó a funcionarios de Migración Colombia y del Gaula hasta un modesto hotel de Yarumal el pasado 23 de noviembre. Allí, en ese municipio de 45.000 habitantes ubicado a 120 kilómetros de Medellín, las autoridades frenaron lo que describen como una diáspora minuciosamente planeada. En el lugar, bajo total hermetismo, los miembros de Lev Tahor intentaron permanecer desde la última semana de octubre, cuando ingresaron al hotel ubicado en la salida hacia la costa caribe. Las condiciones del terreno, según dijeron las fuentes, eran similares a las que buscaron años atrás para instalarse en San Miguel Tlaixpan, un pueblo de Guatemala también de calles empinadas y rodeado de naturaleza.
Según pudo conocer SEMANA, el grupo viajó desde Nueva York con una estrategia para confundir a las autoridades. Una parte llegó a Cartagena desde el aeropuerto Tocumen, en Panamá, mientras que el otro grupo aterrizó en el José María Córdova, cerca de Medellín, después de hacer escala en Miami.
Lograron burlar los controles migratorios porque, según confirmó Migración Colombia, no existían en ese momento requerimientos judiciales contra los nueve adultos, ni notificaciones de Interpol sobre los menores que venían con ellos.
Sin embargo, días después, esas alertas aparecieron. La persona a la que las autoridades de Estados Unidos otorgaron la custodia de cinco de los menores para protegerlos de sus propios padres reportó su salida del país. Eso llevó a la emisión de una circular amarilla, que permite ubicar en más de 190 países a menores en riesgo o víctimas de trata.
A esto se sumó un informe enviado por una agencia estadounidense a Migración Colombia en el que advertía de la intención de la secta de buscar un territorio similar a San Miguel Tlaixpan para crear una nueva colonia. En el reporte se avisaba: “La organización Lev Tahor ha cometido crímenes contra menores en Guatemala y Estados Unidos. En 2021, sus líderes fueron condenados por secuestro y explotación sexual infantil. Creemos que podrían intentar establecer una nueva colonia en Colombia”.
El delator celebró la intervención de las autoridades colombianas. Ese mismo domingo, convencido de que los menores estaban a salvo, compró hamburguesas en un McDonald’s de Medellín para agradecer a los funcionarios que participaron en la operación. “Hasta comida sobró”, contó una fuente.
Incluso, miembros de la misma comunidad judía han seguido de cerca el proceso. Uno de ellos se ofreció como traductor de hebreo para asistir a las familias mientras se define su situación, una labor compleja por la falta de claridad en su estatus migratorio.
Aunque los Lev Tahor llegaron desde Nueva York, los menores tienen nacionalidades guatemaltecas y canadienses, a diferencia de los padres. Esto ha dificultado que el proceso migratorio avance con mayor rapidez, explicaron fuentes de la entidad.
A la incertidumbre se suma el hecho de que la secta es considerada extremista e ilegítima por varias comunidades judías. El rabino Boaz David Fariñas Eisenberg, de la Comunidad Judía Darkei Torah en Medellín, le explicó a SEMANA: “Ellos tienen ideas contrarias a los principios básicos que promueve el judaísmo. Es un grupo que no reconocemos. Si hubieran querido entrar a nuestra sinagoga, no pasan de la puerta”.
El rabino aseguró que solo se enteraron de su presencia en Colombia cuando estalló la noticia. Las prácticas radicales de Lev Tahor, que los han llevado a cometer delitos atroces en otros países, también contradicen normas internas de su religión. Su radicalismo es tal que solo comen alimentos cocinados por miembros del grupo. En Yarumal, vecinos notaron que compraban grandes cantidades de avena para alimentar a los niños. Tampoco oran de la misma manera que otras corrientes, ni aceptan tradiciones básicas, como el uso de la kipá para participar en el minyan.
Una semana después del hallazgo en Yarumal, las autoridades aún coordinan con el FBI y la Administration for Children and Families (ACF), de Estados Unidos, para expulsar a los nueve adultos y dejar a los menores bajo protección. Todo indica que su destino será ese país.
La secta fue creada por Shlomo Helbrans, nacido en 1962 en Jerusalén y fallecido en 2017 en Chiapas, México. Desde los años ochenta, sus seguidores han pasado por Estados Unidos, Canadá, México y Guatemala en grupos de hasta 300 personas. En Guatemala, varios de sus miembros han sido condenados por abuso sexual de menores, trata de personas y secuestro, delitos vinculados al rapto de niños para obligarlos a casarse dentro del grupo.
Por prácticas como esas, algunos los llaman “los talibanes del judaísmo”, aunque su origen está asociado al movimiento jasídico, explicó a SEMANA el rabino Boaz David. “Los grandes rabinos en Israel los consideraban ilegítimos. Están en contra de la ley del país y de nuestras propias leyes religiosas”, sostuvo.
Aunque parece inevitable su salida de Colombia, quedan interrogantes sin resolver sobre su llegada. ¿Quién los financia? ¿Quién los guía? ¿Quién los protege?.
Las respuestas están rodeadas del mismo hermetismo con el que se mueve la secta. En Medellín inicialmente fueron alojados en una gran sala, donde les pusieron colchonetas y cubrieron los espacios con blackouts para evitar que alguien pudiera ubicarlos.
Lo que sí es claro es que mantienen el rasgo que llevó al historiador Paul Johnson a describir a los judíos como “el pueblo con mayor tenacidad en la historia”, una frase que los Lev Tahor parecen querer reinterpretar extendiendo sus colonias por el mundo, esta vez intentando llegar a Colombia.