Joaquin Villalobos es quizás el hombre que más sabe de lucha insurgente en América Latina. Conoce la guerra por dentro porque como comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) diseñó la estrategia militar que le permitió a esta guerrilla tomarse la capital de El Salvador y presionar una salida negociada. También lideró la negociación con el gobierno que transformó a El Salvador. Hoy es un prestigioso analista de la Universidad de Oxford que dicta conferencias sobre resolución de conflictos y seguridad en todo el mundo.emanas antes de la guerra de Irak publicaciones de todo el mundo dieron espacio a artículos de fondo que presagiaron una catástrofe militar y humanitaria que nunca ocurrió. En Colombia, cuando se dio por terminada la zona de distensión, se habló de una 'guerra total' y de muchas otras cosas que tampoco ocurrieron. Posiblemente a los colombianos los sobresaltos del terrorismo y su agudo espíritu crítico les ha hecho difícil ver que desde hace un tiempo les vienen ganando la guerra a las Farc.A pesar de la intensidad de la violencia en Colombia, el desarrollo y la eficacia militar y política de las Farc están muy lejos de la que tuvieron otras guerrillas latinoamericanas. Tienen 40 años de existencia pero sólo hasta hace menos de 10 desafiaron en serio al Estado y sólo hasta hace poco menos de cinco éste decidió enfrentarlas en serio. Las Farc son viejas, pero el conflicto es en realidad nuevo. A pesar del no muy buen récord del Estado colombiano los últimos gobiernos, presionados por factores externos e internos, han avanzado en ganar legitimidad. Se aceptan errores, se está luchando contra la impunidad y se está aprendiendo a usar la fuerza dentro de la legalidad. En la historia de América Latina el Estado colombiano es el que más legitimidad nacional e internacional ha logrado en su lucha contra la insurgencia y las Farc, la guerrilla más ilegítima que haya conocido la región.Luego del potencial ofensivo mostrado por este grupo guerrillero entre los años 95 y 98 con los ataques a puestos militares, como las Delicias, Patascoy o Puerres, éstas sufrieron un severo debilitamiento militar. Las Fuerzas Armadas colombianas ganaron capacidad de reacción y las operaciones de la guerrilla disminuyeron drásticamente. Ahora las Farc causan pocas bajas militares, capturan pocos prisioneros, no requisan armamento, ya no son capaces de tomar posiciones, sufren constantes derrotas, tienen numerosas deserciones y sus secuestros se están reduciendo.La guerrilla perdió la iniciativa estratégica al no poder responder al dominio aéreo ni a la movilidad del Ejército. Pero tampoco ha logrado sustituir grandes operaciones por un combate eficaz, sostenido y numeroso de pequeñas unidades que causen daños militares importantes al Estado. En El Salvador, resultado de una situación similar, la guerrilla conservó la iniciativa estratégica y expandió su dominio y presencia territorial, combatiendo diariamente con pequeñas unidades que realizaban decenas de emboscadas y golpes de mano, mientras fuerzas comando atacaban grandes cuarteles en operaciones nocturnas que causaban centenares de bajas. El cambio de una modalidad a otra en El Salvador duró unos meses. En Colombia las Farc llevan cinco años sin poder retomar la iniciativa. No pudieron realizar una dispersión disciplinada de su fuerza porque eso exige un nivel político que los mandos medios de las Farc no tienen. Es evidente que tienen éxito en emboscadas o sabotajes, pero esa actividad es pobre si se considera el supuesto número de combatientes de la guerrilla y la cantidad de blancos disponibles en Colombia. La actividad militar de las Farc es esporádica, geográficamente desordenada, cualitativamente pobre y la droga les imposibilita seguir un verdadero plan estratégico. Sus hombres se dedican más a buscar dinero que a combatir militarmente. Las Farc, recogiendo la experiencia de Centroamérica, cambiaron de estrategia a comienzos de los 90. Este viraje y los recursos de la coca les permitieron ser más ofensivas, pero las obligó a comprometerse en una concepción de guerra que requiere gran capacidad política y que es para ganar o perder. Esto supone una noción de tiempo más dinámica y una moral basada en una idea de victoria y de final a corto plazo. Las Farc, sintiéndose fuertes un tiempo, abandonaron su vieja estrategia de sobrevivir y se volvieron vulnerables. Si combaten sufren derrotas y si no combaten sus hombres se autodesmovilizan, tal como ya está ocurriendo. Si fuera cierto que se han replegado durante el actual gobierno, en cuatro años tendrán menos hombres, menos territorio, menos moral y mayores desventajas. Es por ello que, incapaces de responder a la readecuación del Ejército, obligadas a mantener la imagen de victoria y de fuerza y necesitadas de recuperar la iniciativa, incorporaron un terrorismo puro y duro a sus planes. Los peligros del terrorismoAlgunos han confundido el terrorismo de las Farc con guerra urbana y consideran que este es un riesgo estratégico que puede cambiar la correlación de fuerzas y empantanar el conflicto. Sin embargo, en una guerra sin motivaciones religiosas, étnicas o nacionalistas que dividan a la población, el terrorismo es un suicidio. Ningún tipo de ideas justifica el terrorismo, pero las motivaciones ideológicas, políticas o las diferencias sociales son las que menos lo viabilizan. No hay en Colombia un odio que permita devaluar al extremo las víctimas civiles inocentes, sin importar sexo ni edad. La homogeneidad de la población cierra espacio y revierte el terrorismo. Es por ello que éste no ha sido común en las guerrillas latinoamericanas como sí lo sigue siendo en Asia, Africa y Europa. A excepción de Sendero Luminoso, de Perú, y ahora de las Farc en bastante mayor escala, el resto de guerrillas latinoamericanas no cayeron en el terrorismo, aunque pueda acusárseles de causar víctimas colaterales y de violaciones a los derechos humanos. No consideraron nunca el asesinato masivo e indiscriminado de civiles, aunque éstos fueran millonarios. Sin embargo las Farc, sólo en el atentado al club El Nogal, mataron a 36 civiles, hirieron a 160 y pudieron haber matado a más de 500. Desde el Movimiento 26 de Julio, de Cuba, que no realizaba secuestros, hasta llegar al subcomandante Marcos, de México, que habla de "la no violencia armada", los guerrilleros latinoamericanos buscaron siempre parecerse más a Robin Hood que a Osama Ben Laden. El terrorismo, mientras dure, provocará sobresaltos en Colombia pero jamás le dará una ventaja estratégica a las Farc. El terrorismo está provocando el desmantelamiento del aparato urbano de la guerrilla y le ha permitido al gobierno crear una unidad política y moral de combate en la sociedad. El apoyo a las autoridades tenderá a crecer por la necesidad de proteger la seguridad colectiva y combatir a un extraño poder que los amenaza a todos. Es el rechazo a las Farc lo que ha generado 80 por ciento de apoyo al Ejército y más de 70 por ciento al presidente Alvaro Uribe. La idea de una gran ofensiva guerrillera, tal como la que ocurrió sobre la capital de El Salvador en 1989, no es posible. Simple y llanamente porque las Farc no tienen suficiente control político de territorio en la periferia de las ciudades, tampoco un frente político y militar altamente activo dentro de éstas, no han mostrado capacidad de coordinación simultánea de su fuerza y no poseen una logística de guerra de gran escala. La ofensiva guerrillera en El Salvador implicó acercar 7.000 combatientes en secreto a los objetivos urbanos y comandar una idea de maniobra de fuerzas que actuaban de forma simultánea. El acercamiento fue posible porque existían decenas de miles de colaboradores en redes construidas por activistas políticos de la guerrilla. Si las Farc intentaran penetrar con su fuerza en las ciudades colombianas con seguridad sufrirían una derrota estratégica.Las Farc han sustituido la moral combativa por el dinero y la política por la droga, y esto es autodestructivo. El exceso de dinero en una guerrilla altera desfavorablemente la relación entre riesgos y beneficios porque conduce a evitar los riesgos y a sustituir los beneficios morales por los materiales, anulando el espíritu de sacrificio. Ello explica el terrorismo de las Farc y el uso reiterado y masivo que hacen de los cilindros de gas a pesar de que éstos matan sólo a civiles. No es economía de fuerza sino reducción de riesgos para sus hombres a costa de aumentar los de los civiles. La comodidad invade a toda la cadena de mando, desde los estratégicos hasta los operacionales, desestimulando cualquier sentido del heroísmo. Los 'hombres bomba', engañados o forzados a manejar automóviles cargados de dinamita, son indicadores de este fenómeno. No hay razones para que las Farc se preocupen por realizar un trabajo político serio si necesitan atender la producción de coca más importante del mundo. Cuestiones tan elementales para una guerrilla, como la propaganda armada, están ausentes en Colombia. La propaganda de las Farc sale de Europa vía Internet. El debilitamiento moral de la guerrilla se está acelerando y, en la medida en que las fuerzas gubernamentales golpean y aumentan los riesgos, las Farc pierden hombres sin combatir a través de las deserciones. No se puede descartar que puedan todavía realizar algunas operaciones militares importantes. Sin embargo la victoria en la guerra se mide por armamento capturado, prisioneros, deserciones, bajas contadas directamente, crecimiento de fuerzas, número de operaciones ofensivas y defensivas, apoyo de la población y terreno conquistado. Esos indicadores muestran claramente que las Farc están siendo derrotadas, cuando hace sólo 15 meses tenían un amplio territorio, reconocimiento internacional, imagen vencedora y beligerancia política. Con ello pasaron de lo sublime a lo ridículo. ¿Como podria terminar la guerra?Lo único que podría alterar la correlación de fuerzas en Colombia es que las Farc recibieran apoyo directo de un gobierno vecino, lo que supondría operaciones logísticas encubiertas de mayor escala y una retaguardia cercana. Esto no pondría en riesgo al gobierno, dada la debilidad de la guerrilla, pero aumentaría su capacidad de hacer daño. Por ahora es una guerrilla bien uniformada y con mucho dinero, pero armada sólo con fusilería y explosivos caseros. Su logística sólo puede provenir del mercado negro, lo cual no garantiza flujos regulares. Algunos consideran que la posesión de misiles antiaéreos podría darles ventaja, pero esto implica resolver la dificultad de obtenerlos en número suficiente, introducirlos a Colombia con el cuidado adecuado, capacitar personal para emplearlos y acertar en su empleo táctico. Superado todo lo anterior, si la utilización no fuera sostenida y eficaz, su efecto sería pasajero. Y los misiles antiaéreos no permiten ganarle terreno a un ejército que está creciendo en infantería.En conclusión, las Farc no pueden cambiar la correlación militar, ni superar su incapacidad política, ni salir del aislamiento internacional. Hay una tendencia creciente en gobiernos de Europa y Latinoamérica de declarar a las Farc como terroristas, y a ella se han incorporado incluso los gobiernos de izquierda de Lula en Brasil, Gutiérrez en Ecuador y Lagos en Chile. Esto es consecuencia de que el terrorismo y el narcotráfico han convertido a las Farc en una amenaza global. Posiblemente dejen de ser una amenaza militar en el mediano plazo, pero podrían sobrevivir más tiempo como violencia delincuencial ligada al narcotráfico. Teniendo en cuenta que una guerrilla es, en esencia, un aparato que necesita controlar territorio y población, el componente que más podría debilitar estratégicamente a las Farc sería que el Estado tomara control permanente del territorio. Es por ello que los soldados campesinos y las redes de informantes son la principal preocupación de la guerrilla. Los comandantes de las Farc pueden lidiar con incursiones temporales del Ejército, pero una organización de fuerzas de carácter territorial la dejan sin población y la mera subsistencia en territorio vacío es inocua.En el corto y mediano plazo es previsible que los golpes ofensivos de las fuerzas del gobierno sean cada vez más frecuentes a partir de la inteligencia que proporciona el dominio territorial y de la ventaja de poseer fuerzas móviles. Esto y la guerra de propaganda multiplicarán las deserciones. La guerrilla se verá cada vez más obligada a reaccionar política, militar y sicológicamente frente a lo que hace el gobierno, tal como ya está ocurriendo.Bajo esa condición de ventaja estratégica del Estado habrá con seguridad errores y hasta tragedias, como el asesinato de los secuestrados, y quizá nunca haya una batalla militar final sino una victoria diluida sin reconocimiento político. En Colombia las elecciones y el ejercicio de la crítica están por encima de la guerra. En el momento en que las Farc estén derrotadas quizá nadie aplaudirá al gobierno, la guerra podría sobrevivir después de muerta a conveniencia de la lucha electoral porque así es la democracia.Nada de esto es contradictorio con la posibilidad de una negociación, ya que ésta es siempre un resultado de la fuerza. No son caminos alternativos, sino complementarios con lenguajes diferentes. No importa que se diga terroristas y opresores un día y alzados en armas y gobierno al siguiente.En El Salvador la negociación fue posible luego de que la guerrilla combatió durante 12 días dentro de la capital, cuando el Ejército en su desesperación asesinó a seis sacerdotes jesuitas y en el momento en que misiles antiaéreos guerrilleros comenzaron a derribar continuamente cazabombarderos y helicópteros. Hasta entonces aceptó el gobierno salvadoreño la intervención de Naciones Unidas, una petición que la guerrilla venía exigiendo, y fue hasta entonces que se negoció, acordó y aprobó la reforma constitucional que separó para siempre al Ejército salvadoreño de la política, luego de reducirlo y depurar a todo su alto mando. Hay una simetría invertida en los casos. En El Salvador era la guerrilla la que pedía la participación de la ONU, el retorno de los refugiados, el acuerdo humanitario y la que hacía todas las propuestas de negociación. Exactamente todo lo que el gobierno colombiano intenta y la guerrilla rechaza. Las Farc, al desaprovechar la oportunidad de negociar con el gobierno anterior, no le dejaron al Estado más camino que forzar a una negociación mediante el uso pleno de los esfuerzos militares, policiales, políticos, jurídicos e internacionales que profundicen el aislamiento y debilitamiento de la guerrilla. Esa negociación quizá será fraccionada, gradual y local, dependiendo de cuánto tarde el mando de la guerrilla en comprender que no tienen otra alternativa. Las Farc justifican sus acciones como una lucha por los más pobres, sin embargo han generado un abrumador movimiento de opinión pública hacia la demanda de seguridad, desplazando el debate sobre una agenda social. Con ello se han convertido en un grupo reaccionario que perjudica fundamentalmente a las fuerzas políticas de izquierda, que desean priorizar las necesidades de los más pobres en la política colombiana. Paradójicamente la derrota de las Farc significaría así una ventaja para la izquierda. Cuando se descubrió una caleta de las Farc con 14 millones de dólares el problema principal no fueron los soldados que se quedaron con el dinero, sino la confirmación de la profunda descomposición moral de las Farc resultado del narcotráfico. La posesión de exorbitantes cantidades de dinero contrasta con que necesitan matar a muchos civiles para causar una baja militar, se niegan a liberar a soldados y policías, que son personas pobres, secuestran niños, obligan a inocentes a convertirse en hombres bomba y consideran que matar seres humanos de forma masiva e indiscriminada es un acto de guerra.No queda duda de que el gran error de la guerrilla colombiana no ha sido político, ni militar, de eso quizá se habrían salvado. El error fue romper con su propia ética, entrar en el narcotráfico y dejar que el dinero los esté llevando a perder la guerra, la ideología, la cabeza y el corazón. * Este artículo fue solicitado por SEMANA a Joaquín Villalobos y forma parte de un texto más extenso que será publicado próximamente por la revista Quorum bajo el título 'Las Farc están perdiendo la guerra, la ideología, la cabeza y el corazón'.