No fue buena la noche del lunes y la mañana del martes pasado para los huéspedes de uno de los pisos del hotel Charlestón Santa Teresa en Cartagena. Un hombre identificado como O.O.B. perturbó la tranquilidad de quienes permanecían en el establecimiento.

De acuerdo con algunas versiones conocidas por SEMANA, O.O.B. - primo del representante a la Cámara, Erazmo Zuleta Bechara y la aspirante al Congreso, Saray Robayo Bechara- ingresó al hotel junto con sus trillizos de seis años a hospedarse y argumentando razones de seguridad. Al parecer, según algunos testimonios obtenidos por la Defensoría del Pueblo de Bolívar, el hombre había tenido diferencias con una persona cercana y denunciaba a gritos que lo había amenazado de muerte.

En el cuarto permaneció encerrado junto con sus hijos y no permitió ni siquiera el ingreso de su madre y su exesposa y madre de los pequeños que, según algunas autoridades, gritaban y pedían que los sacaran del lugar.

José Hilario Bossio, defensor del Pueblo de Bolívar, fue alertado en la madrugada del martes sobre lo ocurrido y corrió hasta el lugar donde permanecía Lorena Blanco, administradora del hotel y el jefe de seguridad del establecimiento.

Desde el interior de la habitación, O.O.B. pedía a gritos la presencia de la ONU, mientras los huéspedes se preguntaban por lo ocurrido. Decía, por ejemplo, que estaba amenazado y requería con urgencia que lo sacaran del país y le brindarán seguridad porque estaba amenazado. O.O.B. se oía agresivo, alterado, incontrolable, describió a SEMANA un persona que estuvo en el lugar y quien pidió reserva de su identidad.

Desde las 7:30 a.m. la Defensoría hizo presencia, pero él insistía en la necesidad de hablar con Naciones Unidas. Culpaba a la Defensoría en caso de que le ocurriera algo, e incluso, envió un video al defensor regional donde decía que podían envenenarlo con la comida.

En la escena nadie parecía entender lo ocurrido. O.O.B. permanecía adentro, su familia afuera, mientras las horas parecían eternas. Sus hijos pedían repetidamente que los evacuaran del cuarto, pero él no lo permitía.

El tema no paró ahí. O.O.B. tomó el teléfono y llamó directamente al defensor Nacional del Pueblo, Carlos Camargo, y como si fuera su gran amigo le puso quejas y hasta la emprendió en su contra porque al otro lado del teléfono el jefe máximo de la defensoría no entendía lo que O.O.B., alterado, le denunciaba.

El defensor Camargo, según un audio que tiene en su poder SEMANA, es respetuoso y se muestra dispuesto a escucharlo. O.O.B. dice que tiene una emergencia de seguridad, habla de un atentado en su casa en Cartagena y se queja porque el defensor regional se niega ayudarlo y de paso llevarle la ONU hasta el hotel.

“Espérate”, le dijo Camargo, quien quería entender bien lo que estaba ocurriendo. “Espérate no Carlos, yo te estoy haciendo mi denuncia de manera formal y esta llamada está siendo grabada, por favor, necesito actuar ya, tengo a mis tres hijos, tengo una amenaza muy fuerte, sufrí un atentado muy fuerte anoche. Necesito acompañamiento de la ONU o no salgo del hotel o salgo a los medios ya”, respondió alterado O.O.B, dándole órdenes al defensor del pueblo.

La conversación se extiende por casi cuatro minutos, Camargo le explica que en Cartagena está su representante, el defensor de Bolívar, “y se pone a las órdenes tuyas”, pero O.O.B. no entiende y sigue con las exigencias y las órdenes para salir del cuarto del hotel.

“Lo va a hacer o no”, increpa nuevamente a Camargo, quien mantiene su calma y a juzgar por el contenido del audio telefónico, quiere entender en detalle lo que ha ocurrido. “La llamada está siendo grabada, Carlos Camargo, va a salir en los medios y en todas partes”, sentencia el descontrolado hombre a renglón seguido.

“Hágalo señor, denuncie”, le responde Camargo, ya molesto. “Haga usted su trabajo y mándame protección de inmediato acá. Te pido intervención de la ONU y derechos humanos ya aquí”, añadió el perturbado ciudadano.

El defensor José Hilario Bossio, quien permanecía en el lugar, agotó todas las instancias posibles para dialogar con O.O.B., pero no fue posible. Y ante las horas que llevaba al interior del cuarto, no tuvo otra alternativa que activar los protocolos y avisar a las demás autoridades. Sobre la 1:00 de la tarde, después de más de 12 horas de encierro, el hombre, aparentemente de 40 años, salió acompañado de la Policía y funcionarios de la Cruz Roja de Cartagena.

SEMANA intentó comunicarse con O.O.B. para conocer su versión, pero no respondió las llamadas repetitivas a su teléfono celular.