La victoria contundente de Samuel Moreno Rojas en Bogotá fue el hecho político más importante de la jornada electoral del domingo pasado. En primer lugar, por su magnitud: más de 900.000 votos, con 300.000 de ventaja sobre su inmediato seguidor, Enrique Peñalosa. Un triunfo casi inimaginable cuando Moreno empezó la campaña, a comienzos del año. Pasar de una candidatura improbable a un triunfo arrollador es un logro de enormes consecuencias políticas. El Polo Democrático Alternativo se consolida como una gran fuerza política. Repetir en la plaza más compleja en elecciones de alcaldía significa que su importancia no depende del carisma personal de Luis Eduardo Garzón. Que el electorado haya optado por la continuidad del Polo en el poder de la capital es un paso para dejar atrás la imagen de que la izquierda sólo servía para hacer oposición o para obtener simples victorias simbólicas. Para que el Polo aproveche su capital electoral, Samuel tendrá que hacer una buena Alcaldía. En comparación con su antecesor, parte con una posición más cómoda. El partido amarillo se convirtió en la primera fuerza política del Concejo de Bogotá. Y si algo diferenció a Moreno de Peñalosa y los demás rivales durante la campaña, fue precisamente la coherencia como colectividad. Mientras los demás candidatos promovían concejales de varios colores, camisetas y partidos, los del Polo hacían parte de una sola lista y su bancada promete funcionar como conjunto. Es muy significativo que el Polo se fortalezca como partido precisamente en Bogotá. Es decir, en el lugar donde los partidos tradicionales se empezaron a erosionar hace varios años. No es una coincidencia que el domingo pasado los partidos Liberal y Conservador hayan quedado en un lugar secundario, no sólo detrás del Polo, sino también de Cambio Radical y de La U. Contra lo que se habría imaginado hace unos pocos años, el Polo se está fortaleciendo como partido precisamente en la ciudad más fértil para los independientes y para los que no quieren militar en ningún partido.Samuel Moreno será el contrapeso por excelencia del presidente Álvaro Uribe. Sobre todo después de los niveles de polarización que se alcanzaron a producir durante la campaña, y por la participación de Uribe a favor de Peñalosa. El Presidente se la jugó en la última semana, con declaraciones tan audaces como polémicas, que nunca se habían visto en un país donde hay una tradición según la cual los altos funcionarios no participan en labores de proselitismo. La jugada de Uribe fue tardía e ineficaz. Su alta popularidad en Bogotá no se endosó a Peñalosa. Incluso fue contraproducente. Los movimientos del electorado en los últimos días fortalecieron al candidato del Polo. A diferencia de Medellín, donde el apoyo de la primera dama al nuevo alcalde, Alonso Salazar, fue clave para cambiar las tendencias iniciales que favorecían a Luis Pérez, el espaldarazo del primer mandatario a Peñalosa no funcionó. Y de paso, lo convirtió en coautor de una derrota que sin esas salidas de última hora se habría registrado solamente en la chequera política de Peñalosa.¿Quién es Samuel Moreno? ¿Cuál será el talante de su administración? El nuevo alcalde es más un populista al estilo de la tradición anapista que un militante típico de la izquierda tradicional. Lo cual se acerca a las tendencias de moda en América Latina y a las formas de hacer política que se han vuelto más rentables. Aunque Moreno se considera "más a la izquierda que la social democracia", en la campaña envió mensajes para tranquilizar a las elites bogotanas y para moverse al centro sobre su desacuerdo con la expropiación del Country Club y con su preferencia por la construcción de un metro moderno, en vez de un TransMilenio, en el sector norte de la carrera séptima. Aun así, desempolvar las banderas de su abuelo, como lo hizo en la campaña, fue toda una audacia. Pero lo hizo con una dosis de cautela y habilidad que le permitió despertar fervor rojista en los barrios del sur de Bogotá sin generar una polémica sobre los rasgos negativos de la dictadura del general. Ese no fue el único elemento arriesgado de la campaña samuelista. También enfrentó el dogma de que en Colombia no funciona la publicidad política negativa sobre los rivales, que se usa con gran eficacia mercadotécnica en otros países. Mientras el ex senador Moreno mantuvo sus conocidas formas amables y su sonrisa permanente frente a Peñalosa, su campaña pautó cuñas publicitarias contra los bolardos y los defectos de TransMilenio, que casi se convierten en símbolo de la administración Peñalosa de cuenta del martilleo permanente de la campaña samuelista. Más político que técnico y más carismático que experto, Moreno enfrentará desafíos difíciles en sus cuatro años de administración. No es claro que las fisuras que han salido a flote dentro del Polo, y que se agudizaron durante la consulta popular, se hayan sanado. Las relaciones entre el Alcalde saliente y su próximo sucesor, por ejemplo, se han caracterizado por los altibajos. Afuera del Polo, el tono pugnaz y las acusaciones de guerra sucia que proliferaron en la campaña también dejaron heridas, y las encuestas demuestran un alto grado de polarización entre ricos y pobres, en torno suyo. Las relaciones entre Moreno y el presidente Uribe necesitan toda una terapia para asegurar una cooperación armónica futura entre los gobiernos nacional y local. Y algunas promesas, como la del metro, no serán fáciles de cumplir.Samuel Moreno, un hombre amable, cálido y conciliador, tendrá que echar mano de sus cualidades para reconstruir lazos que se debilitaron durante la pugnaz campaña. Lo cual no le va a costar mucho trabajo: ese es su fuerte. La luna de miel está asegurada. Pero a la larga, su futuro y el del Polo dependerán de su gestión como Alcalde Mayor.