Este 9 de abril se celebra el último día de la Semana Santa y que guarda una especial importancia para el mundo católico, debido a que en este domingo se exalta la resurrección de Jesucristo, quien murió en la cruz por la salvación de la humanidad.

También conocido como Domingo de Pascua, con este día se marca el cierre del denominado “Triduo Pascual”, que es el periodo de tiempo en el que se conmemora la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios; el cual se efectuó durante los días Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo hasta la madrugada de este Domingo de Resurrección.

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Durante estas fechas, hay una tradición en torno a la alimentación, especialmente la relacionada con el consumo de carnes rojas. Esta restricción siempre suscita inquietudes entre los fieles católicos, debido a que muchos la asocian como una norma obligatoria y que no se debe quebrantarse, ya que no sólo se estaría irrespetado un precepto religioso, sino que podría suponer algún tipo de mal augurio para la persona que lo incumpla.

Las carnes rojas no comprenden ubicamente la de res (vaca), sino también la de ternera, cerdo, cordero, cabra, entre otras. foto: Thinkstock Foto: Thinkstock

Sin embargo, más que tratarse de un deber o imposición, la abstención frente al consumo de carnes rojas (res, cerdo, cordero, venado, pato, cabra, etc.), es un acto de penitencia al que se acoge todo católico para guardar luto por la muerte de Jesucristo. Es decir, durante la Semana Santa se priva al cuerpo de comer estos alimentos para entrar una reflexión íntima con Dios en torno a las acciones o actos realizados, acompañado de oración, obras de piedad y/o caridad.

En el Código de Derecho Canónico se indica que “todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia”, aclarando además que “son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma”. No obstante, en el caso del quinto día de la semana “debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo”.

Son varios los significados asociados al no consumo de carne en Semana Santa. Sin embargo, el común es que se debe a un acto de penitencia al que se acoge todo católico para guardar luto por la muerte de Jesucristo. Foto: Getty Images

Así las cosas, al tratarse la Semana Santa un periodo que gira en torno al arrepentimiento y el perdón, se plantean dos prácticas que no significan lo mismo, pero ambas preparan a nivel espiritual al ser humano. En el caso del ayuno, éste implica no comer entre horas y hacer una sola comida al día. Mientras que la abstinencia es renunciar a comer carne.

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“Ha de tenerse como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aún extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo el Domingo de Resurrección, con elevación y apertura de espíritu”, menciona el Concilio Vaticano II.

Lo que indican las anteriores palabras es que al restringirse el consumo de carne en Semana Santa, inclusive, desde que inicia la Cuaresma, se está honrando no sólo una directriz de la religión Católica; sino que además, se está asumiendo un rol de vivencia total frente a las consignas que indican el proceder del fiel para que éste se regocije, mediante este sacrificio, en torno a lo que hizo Jesucristo por la salvación del hombre.

La tradición católica indica que en Semana Santa el pan y el pescado son los dos alimentos que deben ser protagonistas en estas fechas en las que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Así las cosas, el no comer carnes rojas debe prolongarse hasta este Domingo de Resurrección, ya que se con la privación en el consumo de este alimento, se está frente a un acto de purificación espiritual, debido a que la carne suele asociarse con el pecado, y al no ingerirla en estas fechas especiales, se está haciendo también un renuncia a aquello que nos hace impuro. De allí, que para la Semana Santa y según lo consagran los textos bíblicos, se vuelque la alimentación en esta época al pescado y el pan, que además de simbolizar uno de los milagros de Jesucristo, son una representación de la multiplicación y fortalecimiento de la fe.