Aunque ya han pasado casi 17 años de ocurrida una masacre en Barrancabermeja, aun los habitantes de esta región santandereana recuerdan con dolor y asombro lo ocurrido.

Transcurrían los primeros minutos de la madrugada del día 6, del mes 6, del año 2006. Ese día, seis miembros de una misma familia fueron asesinados al interior de una vivienda.

En su momento, se llegó a especular que el hecho estaba relacionado con ritos satánicos, teniendo en cuenta la fecha de la masacre: 06-06-06.

Entres las víctimas, Pablo Armando Ardila Vergara, un estudiante de 17 años. Foto: Getty Images / Autor: D-Keine

De hecho, recientemente el tiktoker que se hace llamar El Bosco, revivió esta escalofriante historia, la cual llamó la ‘masacre del 666′.

En un breve video en Tiktok, el joven relató algunos detalles de ese fatídico día en que la muerte danzó en Barrancabermeja.

Asombrados, algunos de sus seguidores comentaron: “Nunca había escuchado esta historia y vivo en Barranca. Gracias por contar esto (…) Mi mamá era familiar de ellos (…) Al pasar por esa cuadra se siente un ambiente muy lúgubre, aunque después se dijo que el señor tenía esquizofrenia (…) ¿Será que asustan? (…) Le faltó contar que la mamá de Mauricio fue encontrada lavando la ropa llena de sangre…”.

Lo que ocurrió ese 06-06-06 en Barrancabermeja

Fueron seis los muertos. Todos acuchillados y de la misma familia. Semejante coincidencia numérica hizo propagar el rumor de que el hecho tenía su origen en un ritual satánico apropiado para ese martes lleno de cábalas. Sin embargo, con el paso de los días, esta hipótesis comenzó a disiparse

Para esa fecha, SEMANA reconstruyó el suceso. Poco después de las 12 de la noche, Javier Mauricio Durán Vergara, de 26 años, llegó al lugar con Pedro Antonio Páez Cuello, alias Chayane, de 35 años, y otro hombre identificado como El cura, de solo 17. Los tres arribaron ebrios al parque Camilo Torres Restrepo, en la zona residencial de Barrancabermeja.

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El cura llevaba el maletín negro en el que iban los cuchillos para perpetrar el homicidio. Eran las 12:25 minutos de la madrugada cuando Reynaldo Vergara Palencia, un pensionado de 55 años, vio a su sobrino Javier Mauricio llegar a la casa en la que ocupaba un cuarto. Alcanzó a intercambiar con él algunas palabras antes de ser acuchillado mortalmente en el rostro, el cuello y el abdomen.

Se trató de un caso de odio y codicia. Foto: Getty Images/iStockphoto

Los hombres entraron a la residencia y asesinaron a las otras víctimas. En el piso quedó Nayibe Vergara Palencia, una comerciante de 54 años, y sobre una cama, Jennifer, de 20. Cerca del comedor cayó Pablo Armando Ardila Vergara, estudiante de 17 años, en la sala, Óscar Darío Vergara Palencia, de 60 años, y sobre un sofá, Pedro Alberto Ardila Vergara, de 24.

El Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) informó en ese momento que los crímenes ocurrieron en menos de 10 minutos. Hacia las 12:40 varios vigilantes nocturnos comenzaron a sospechar que algo había ocurrido porque vieron a dos de los sindicados salir de la vivienda con una bolsa negra y dejar la puerta abierta de par en par. Cuando los celadores sonaron seis veces sus silbatos, nadie respondió. Entonces un vecino se atrevió a entrar y se encontró con el primer cadáver.

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Los vecinos llamaron de inmediato a la Policía, mientras Javier Mauricio seguía como si nada en el sector, tranquilo pero con su pulgar izquierdo cortado y sangrante. Menos de una hora después llegaron dos patrulleros de la Policía, que llamaron refuerzos para ingresar al inmueble. Cuando lo hicieron se encontraron con el dantesco espectáculo.

Los funcionarios del CTI encontraron en el cuarto de Durán Vergara documentos alusivos a la muerte, ritos, imágenes de calaveras, y rock heavy metal. Al amanecer, la calle era un hervidero. Todos especulaban y la mayoría relacionaba la masacre con los anuncios de los medios sobre la fecha. “Fue el diablo”, aseguraban. El rumor había nacido y ya era imposible pararlo.

La masacre ocurrió en el barrio Torcoroma. Foto: Getty Images/iStockphoto

Al principio las autoridades no se atrevían a afirmar que el hecho tuviera relación con sectas satánicas. La confusión aumentó cuando el entonces defensor regional del Pueblo, Jorge Gómez Lizarazo, precisó que el principal sospechoso vestía siempre de negro y podría estar vinculado a estos actos.

Esta tesis cambió cuando las autoridades detuvieron a Durán Vergara y a Páez Cuello. Con frialdad aceptaron que lo habían hecho por rencillas familiares. El primero declaró que de esa familia solo recibía “humillaciones” y “agresiones verbales”.

Chayane, por su parte, confesó que “los apuñalamos por la herencia de una casa” (avaluada en 40 millones de pesos) que entraría en juicio de sucesión después de la muerte del patriarca de la familia Vergara.

Vale destacar que en este caso solo hubo un sobreviviente. Se trata de Gladys Vergara, madre de Javier Mauricio Durán.