Algunos formaron parte del 2 por ciento: ese selecto grupo que creyó en Álvaro Uribe cuando en las encuestas perdía incluso con la categoría de "No sabe, no responde". Otros quedaron convertidos al uribismo con el paso de los días y se volvieron voceros y escuderos de primer orden del Presidente. A todos los une un profundo aprecio, admiración y respeto por el primer mandatario de los colombianos. Apoyaron sin titubeos la segunda candidatura de Uribe por la Presidencia en 2006. Están convencidos de que Álvaro Uribe cambió a Colombia para bien y que la historia lo reconocerá como uno de los líderes más grandes que haya dado el país. Defienden a capa y espada la seguridad democrática y la confianza inversionista, los dos pilares que Uribe teme se vayan para el piso si él no continúa en el poder más allá del 7 de agosto de 2010: la hecatombe de la cual advirtió el primer mandatario en noviembre de 2007. Estos hombres y mujeres - uribistas de pura cepa-, sin embargo, no comparten la angustia del Presidente sobre el porvenir de Colombia si Álvaro Uribe no está siempre sentado en el solio de Bolívar.Es más: les preocupa sobremanera que una segunda reelección pueda echar para el traste lo ganado estos ochos años y manchar irremediablemente el prestigio del Presidente y la reputación de su amigo. Por ello, en los últimos meses decidieron hacer pública su oposición a una nueva candidatura del Presidente, conscientes de que tal declaración podría afectar sus relaciones con el jefe de Estado.La lista de los uribistas no reeleccionistas es encabezada por Fabio Echeverri, ex alto consejero presidencial y quien dirigió las dos exitosas campañas de 2002 y 2006; el mismo que propuso que sólo había que cambiar "un articulito" para permitir la primera reelección. En múltiples ocasiones, Echeverri ha insistido sobre la inconveniencia para Colombia y para Uribe buscar quedarse más de ocho años. Las críticas más agudas y severas sobre el referendo han venido de él.En una entrevista al portal Noticias24 el mes pasado, ex ministro de Interior y Justicia Fernando Londoño Hoyos dijo que "el Presidente debería retirarse un tiempo y dedicarse a manejar el partido político para que sigan sus orientaciones". Manifestó su temor de que Uribe quede en el mismo costal de Hugo Chávez y Rafael Correa. Londoño, que hoy dirige la el programa La hora de la verdad en Radio Súper, fue un integrante tan clave del primer gabinete de Uribe que hasta le hicieron un ministerio a su medida. Con su política de garantizar la seguridad y darles incentivos y gabelas a los inversionistas, Uribe se ganó el amor de por vida del sector privado, cuyo representante más visible y ruidoso por su uribismo fue Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi. En foro tras foro, en Colombia y en el exterior, Villegas ha vendido las bondades del gobierno. A veces parece un embajador más. Pero a Villegas tampoco le gusta la segunda reelección; cree que es dañina para las instituciones y para el mismo mandatario. Desde su perspectiva, los inversionistas seguirán creyendo en Colombia incluso si Uribe es ex presidente.Es el mismo mensaje que ha transmitido Luis Alberto Moreno, presidente del BID y embajador de Colombia en la Casa Blanca en los primeros tres años de la era Uribe. Aunque Moreno no era de las entrañas del Presidente, muy pronto se ganó su confianza dados sus contactos en Washington, y hoy es una de las pocas personas que Uribe escucha con atención. En diciembre de 2008, manifestó sin equívocos su desacuerdo con que el mandatario colombiano prolongue su mandato. Hasta hace poco, los jerarcas de la Iglesia católica formaban parte de la legión uribista, debido a las férreas posiciones conservadoras del Presidente sobre el aborto, la necesidad de aplazar "el gustico" y su conducta fervorosa. El cardenal Pedro Rubiano no dudó en salir a favor de la primera reelección. Ahora, esa fe está resquebrajada. Su sucesor en la presidencia de la conferencia episcopal colombiana, el arzobispo Rubén Salazar, en una reciente ofensiva de medios, explicó en todos los idiomas posibles por qué la Iglesia considera una segunda reelección riesgosa para la democracia. Ante la consternación del gobierno, Rubiano respaldó al arzobispo Salazar. En medio del escándalo de la para-política, que ha salpicado a decenas de congresistas uribistas, las senadoras Gina Parody y Marta Lucía Ramírez eran las de mostrar a la opinión pública. Las que representaban el ala no contaminada del uribismo parlamentario. Parody, quien considera al Presidente su mentor político, fue el fenómeno electoral de 2002, gracias a su identificación absoluta con Uribe, y en 2006 encabezó la lista al Senado del partido de La U. Ramírez fue la primera ministra de Defensa del gobierno de la seguridad democrática, un prestigio que le ayudó a ser elegida al Senado. Aunque ambas aún profesan su respeto por el Presidente, se oponen de frente a reformar nuevamente la Constitución. Era tan estrecha la relación de Enrique Peñalosa con Uribe, que el Presidente se la jugó toda por el ex alcalde de Bogotá en su fallida campaña de octubre de 2007. Peñalosa cree en el abanico de precandidatos y que hay varias personas capaces de dirigir los destinos del país. Hoy, el ex ministro y columnista Ruddy Hommes es considerado un crítico del gobierno, pero no siempre era así: junto a Fabio Echeverri, era el consejero predilecto de Uribe en la primera campaña y en el primer gobierno. Su oposición a la nueva aventura reeleccionista es de peso; piensa que está en juego la institucionalidad.Igualmente llamativo es el silencio de otros uribistas de renombre. José Roberto Arango, amigo de Uribe de toda la vida, quien jugó un papel fundamental en la carrera política del Presidente y ex alto consejero presidencial, ha preferido mantenerse al margen. Noemí Sanín, quien fue la primera en decir que había que reelegir a Uribe, no ha mostrado el mismo entusiasmo con una segunda reelección. Juan Manuel Santos, quien lideró la exitosa campaña al Congreso del partido de La U en 2006 y quien como ministro de Defensa hoy simboliza muchos de los éxitos de la seguridad democrática, prefiere soñar que finalmente Uribe no se lanzará. Hasta ahora, el Presidente ha ignorado los consejos de tantos amigos y aliados. En la Casa de Nariño creen que son muchos más los uribistas reeleccionistas que los no reeleccionistas y que en el momento de la verdad, los segundos terminarán votando por Álvaro Uribe. Juanes, uribista de raca mandaca, opina lo contrario: "Un presidente que tenga un discurso conciliador y que genere esperanza y paz es mucho más agradable que otro que siga con esta cultura guerrerista".